La despedida del Negro Rada que invita a repensar cómo honramos a nuestros grandes
El contraste entre el adiós al Negro Rada en Montevideo y la despedida del Indio Solari en Argentina abre una reflexión sobre el respeto en las multitudes y lo que podemos aprender de otras culturas.
La despedida de Rubén “El Negro” Rada en Montevideo dejó una imagen que trasciende la música. El columnista Javier Genoud, desde General Roca, reflexiona sobre las diferencias entre ese adiós y el que Argentina le dio al Indio Solari, y plantea una pregunta incómoda: ¿cómo despedimos a nuestros grandes?
No se trata de comparar artistas ni de medir seguidores. Tampoco de desmerecer el amor con el que Argentina despidió al Indio Solari. Pero al ver las imágenes de la despedida de Rada en la capital uruguaya, Genoud encontró un contraste que lo llevó a pensar.
¿Qué vio en Montevideo?
Lo que más lo conmovió fue el orden y el respeto, la sobriedad y la puesta en escena, el cuidado del lugar y la convivencia entre lo institucional y lo popular. Y, al mismo tiempo, la música, el candombe y los tambores, la alegría; esa manera tan uruguaya de transformar el dolor en identidad.
“No hay menos emoción por haber más orden. Al contrario”, escribió. Y ahí aparece inevitablemente la comparación con la despedida del Indio Solari en Argentina.
La otra orilla
Del lado argentino, una multitud inmensa, genuina, apasionada, con una demostración extraordinaria de amor y pertenencia. Pero también una expresión mucho más desbordada, más caótica y, por momentos, menos cuidada desde lo escenográfico y lo institucional.
Genoud aclara que no dice que una sea correcta y la otra incorrecta. Son sociedades, culturas y artistas distintos. Pero las imágenes invitan a preguntarse algo más profundo: ¿cómo despedimos a nuestros grandes?
Porque el respeto no está solamente en la cantidad de gente que concurre, ni en el volumen de los cantos, ni en la magnitud de la convocatoria. También está en cómo se organiza una multitud, cómo se cuida un espacio, cómo se acompaña a una familia y cómo una sociedad consigue expresar un dolor colectivo sin perder la armonía.
“Hoy Montevideo me dejó esa sensación. Una multitud puede ser multitud sin dejar de ser respetuosa. Puede cantar sin gritar, sin agredir. Puede llorar sin destruir, celebrar la vida de quien se fue sin convertir la despedida en un desborde”, reflexionó.
Y cerró: “No lo digo con resentimiento ni con ánimo de criticar a nadie. Lo digo simplemente como argentino, mirando hacia el otro lado del Río de la Plata y pensando que, a veces, también podemos aprender de cómo otros pueblos hacen las cosas”.