La cuna define el futuro: cómo el origen social marca a los jóvenes argentinos
Un informe del ODSA-UCA revela que el 34,2% de los jóvenes del estrato más bajo no estudia ni trabaja, frente al 8,3% del estrato medio alto. ¿Qué otras brechas marca el estudio?
El 34,2% de los jóvenes del estrato más bajo no estudia ni trabaja, contra el 8,3% del estrato medio alto. La conclusión surge de un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA), que analizó las trayectorias de los jóvenes de 18 a 25 años y encontró brechas profundas en educación, empleo, familia y bienestar.
El estudio, titulado “Juventudes desiguales: entre la promesa y la exclusión”, se basa en datos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina del período 2021-2025. La investigación sostiene que la posición socioeconómica del hogar de origen acumula ventajas o desventajas que condicionan el paso a la vida adulta.
Educación: el 39,6% no terminó el secundario
En el conjunto de jóvenes de 18 a 25 años, el 39,6% no completó la educación secundaria obligatoria, mientras que el 32,4% asiste o completó estudios superiores. Pero la situación cambia drásticamente según el estrato social.
El informe señala que “mientras el 69% de los jóvenes del estrato medio alto inició o completó estudios superiores, el 64,7% del estrato muy bajo no terminó la escolaridad obligatoria”.
De esta manera, las diferencias educativas no solo reflejan trayectorias distintas durante la adolescencia, sino que también generan puntos de partida diferentes para acceder posteriormente al mercado laboral y alcanzar mayores niveles de autonomía.
Empleo: solo el 14,2% tiene un trabajo pleno
El mercado laboral presenta otra de las principales desigualdades identificadas por el estudio. Según el informe, solo el 14,2% de los jóvenes accede a un empleo pleno de derechos. A esto se suma un 22,5% que atraviesa situaciones de empleo irregular o desempleo reciente y un 10,7% que permanece desempleado durante más de seis meses.
La situación también varía de acuerdo con el nivel socioeconómico. El empleo regular alcanza al 38,9% de los jóvenes del estrato medio alto, pero cae al 19,7% en el estrato muy bajo. En sentido contrario, el empleo irregular combinado con desempleo reciente aumenta del 11,6% al 30,6% entre ambos extremos sociales. El desempleo de larga duración también crece, pasa del 5,2% al 14,9%.
En este punto, el documento plantea la distinción central de que “el problema juvenil no es solo acceder a un trabajo, sino lograr una inserción estable y protegida”.
Ni estudian ni trabajan: uno de cada cinco jóvenes
La combinación entre educación y empleo muestra otra de las brechas más marcadas. A nivel general, el 20,7% de los jóvenes no estudia ni trabaja. Al mismo tiempo, el 26,6% se dedica exclusivamente a estudiar, el 39,7% trabaja sin estudiar y apenas el 13% combina estudio y trabajo.
Sin embargo, el porcentaje de jóvenes que están fuera de ambas esferas se multiplica entre los sectores más vulnerables. El 34,2% de los jóvenes del estrato socioeconómico muy bajo no estudia ni trabaja, frente al 8,3% del estrato medio alto. El informe destaca que esta desvinculación es más de cuatro veces mayor en el extremo inferior de la estructura social.
La posibilidad de dedicarse exclusivamente a estudiar también presenta una brecha importante. Alcanza al 41,2% de los jóvenes del estrato medio alto, pero solamente al 15,6% de quienes pertenecen al estrato muy bajo. En paralelo, el trabajo irregular sin estudiar pasa del 4,9% al 26,8% entre ambos extremos.
El empleo de los padres también influye en las oportunidades
El informe también muestra que las condiciones laborales del jefe o jefa del hogar condicionan las posibilidades de los jóvenes. Entre los jóvenes que no son jefes de hogar, la posibilidad de dedicarse exclusivamente a estudiar alcanza al 39,8% cuando el jefe o jefa tiene un empleo pleno, pero desciende al 17,6% cuando atraviesa una situación de subempleo inestable o desempleo.
En sentido contrario, la proporción de jóvenes que no estudian ni trabajan aumenta del 13,3% al 30,5%. El documento plantea así que las oportunidades juveniles no dependen exclusivamente de los recursos individuales. La situación laboral del hogar puede ampliar o restringir las posibilidades de estudiar, trabajar o quedar desvinculado de ambas actividades.
Incluso entre los sectores de nivel socioeconómico bajo y muy bajo, un empleo pleno del jefe o jefa del hogar “no alcanza para eliminar la desventaja social”. Cuando esa persona tiene un empleo pleno, el 27% de los jóvenes se dedica exclusivamente a estudiar; cuando existe subempleo inestable o desempleo, la cifra cae al 16,5%.
La desigualdad en la formación de una familia
Las diferencias sociales alcanzan además la transición familiar. La mayoría de los jóvenes de 18 a 25 años no vive en pareja ni tiene hijos. El 79,5% no convive en pareja y el 81,1% no tiene hijos ni espera uno.
Pero entre los distintos estratos socioeconómicos se observan diferencias marcadas. La convivencia en pareja alcanza al 33,6% de los jóvenes del estrato muy bajo, frente al 7,8% del medio alto. En cuanto a la maternidad o paternidad, el 29,3% de los jóvenes del estrato muy bajo tiene o espera un hijo, mientras que la proporción es del 4,7% en el estrato medio alto.
El informe interpreta estos datos como parte de transiciones hacia la vida adulta que ocurren de manera diferente según la posición social. Las responsabilidades familiares adquieren mayor peso entre los jóvenes de los sectores más desfavorecidos.
El bienestar psicológico
Las desigualdades no se limitan a la educación, el trabajo y la situación familiar. El estudio también analiza recursos y vulnerabilidades psicosociales. En el conjunto de jóvenes, el 21,4% presenta malestar psicológico, mientras que el 23,9% presenta percepción de control externo y el 19,6% afrontamiento negativo.
El malestar psicológico prácticamente se duplica entre los extremos sociales. Pasa del 15,5% en el estrato medio alto al 28,5% en el muy bajo. También existen diferencias en los vínculos sociales. El 15,7% de los jóvenes del estrato muy bajo declara no tener amigos, frente al 1,7% del medio alto.
Entre las jóvenes, el informe registra además una diferencia en las experiencias declaradas de violencia de género que alcanzan al 19,4% en el estrato muy bajo, frente al 6,2% en el medio alto.
“No existe una única experiencia de juventud”
A partir de estos indicadores, el ODSA-UCA plantea que “no existe una única experiencia de juventud”. La posición socioeconómica del hogar estructura oportunidades diferentes en educación, trabajo, transición familiar y bienestar psicosocial.
El informe también advierte que la exclusión juvenil no puede interpretarse únicamente a partir de las decisiones o características individuales. Las trayectorias están relacionadas con los recursos y las estructuras de oportunidades disponibles para los jóvenes y sus hogares.