La crecida del Paraná obliga a parar la planta de agua: qué pasa con lo que sale de la canilla
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La crecida del Paraná obliga a parar la planta de agua: qué pasa con lo que sale de la canilla

¿La crecida del Paraná puede cambiar el sabor o la calidad del agua que sale de la canilla en Rosario? Assa ya tuvo que frenar la planta varias veces y explica qué pasa con los controles.

El río Paraná sigue subiendo y ya se siente en la producción de agua potable de Rosario. Este lunes el puerto local marcó 3,96 metros, un nivel que complica la operación de la planta de Arroyito, la que abastece a todo el departamento Rosario. Desde Aguas Santafesinas admiten que la crecida trae dolores de cabeza, pero aseguran que lo que llega a los hogares mantiene su calidad.

La planta procesa 650 millones de litros por día, captados del Paraná y distribuidos en toda la región. Es una rutina exigente que se desacomoda tanto con bajante como con creciente, y que en los últimos meses acumuló varias interrupciones.

Camalotes y bombas: los dos frentes de la crecida

El gerente de Comunicaciones de Assa, Pablo Tubio, explicó cuáles son los puntos que más complican el trabajo cuando el río crece. "Hay dos cuestiones relacionadas con la creciente que afectan el trabajo en la planta. La primera es el tema de los camalotes que inciden en la toma de agua. La segunda son las ocho bombas de toma de agua cruda que están ubicadas sobre pontones, sobre el río, y que a un mayor nivel de agua tenemos que sacar de funcionamiento", detalló.

Desde abril, cuando arrancó el fenómeno, y hasta julio, la empresa tuvo que detener la planta casi cada quince días por la cantidad de camalotes, ramas y restos vegetales que arrastra la corriente. El viernes pasado volvió a pasar: las operaciones se frenaron pasado el mediodía para despejar el sector de la toma en barrio Arroyito.

La toma tiene defensas, pero no siempre alcanzan. "La toma de agua está protegida por una reja y hay una barrera que busca el desvío de la vegetación que llega a unos 70 centímetros de profundidad. Pero cuando hay mucha presencia de material verde hay un porcentaje que logra pasar la barrera y queda atrapado en la reja. A medida de que hay mayor cantidad de camalotes, menor es el porcentaje de succión de la toma", advirtió Tubio.

Cuando a la planta deja de ingresar el agua necesaria para potabilizar, se activa el operativo con buzos tácticos para desobstruir la toma. Es una medida preventiva: protege la infraestructura, cuida a los equipos y evita que el corte se estire demasiado.

La isla de camalotes que tuvo en vilo a la planta

Entre abril y julio las interrupciones fueron moneda corriente. El episodio más largo se dio a fines de abril, cuando frente a la toma se instaló una suerte de isla de camalotes de unos seis metros por quince que trababa la captación de agua cruda. Unas quince personas, entre buzos, operarios y conductores de embarcaciones y maquinaria pesada, trabajaron más de 20 horas para liberar la costa.

Después de ese susto, la empresa contrató a un servicio que, cuando se detecta una gran presencia de vegetación, la desvía antes de que llegue a la zona de la toma.

Con el río más alto, el riesgo de los camalotes baja porque se alejan de la toma. El problema se traslada a las bombas sobre pontones, que captan agua superficial y van quedando fuera de servicio. Son ocho unidades que aportan confiabilidad al sistema, y su salida de circulación pesa más en verano, cuando el consumo de agua potable se dispara y la planta necesita funcionar a pleno.

Qué dicen los controles sobre el agua que llega a las casas

Más allá de los inconvenientes operativos, desde Assa sostienen que la calidad del servicio no está en discusión. "Rosario cuenta con una excelente calidad de agua", afirmó Tubio, y señaló que no hubo reportes por episodios de turbiedad.

La empresa realiza unos 140 mil controles anuales de calidad: análisis y determinaciones diarias en la planta y en 140 puntos distribuidos en la ciudad, donde se verifica cómo llega el agua a la red. Según indicaron, ninguno de esos controles detectó alteraciones en el agua que consumen los hogares rosarinos.

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