La crecida del Paraná los obligó a mover los botes: el riesgo que nadie ve adentro del galpón
Pablo Taulada, de la Escuela de Canotaje municipal, contó que sacaron todos los botes por la crecida del Paraná. El motivo no es solo el agua: hay un detalle con las embarcaciones de fibra que las puede romper.
La crecida del río Paraná cambió la rutina de la Escuela de Canotaje municipal. Los integrantes tuvieron que sacar todas las embarcaciones y guardarlas en un sector más alto para que el agua no las dañe, aunque las actividades pudieron seguir adelante.
Pablo Taulada, uno de los referentes de la escuela, contó que la decisión se tomó apenas llegó la información sobre el aumento del nivel. No era la primera vez que atravesaban una situación así.
“Tuvimos que sacar todos los botes y los dejamos arriba porque sabíamos que se venía una crecida. Ya nos había pasado otras veces anteriores, así que decidimos sacarlos”, relató.
El traslado no alteró demasiado el funcionamiento de las prácticas, pero sí obligó a reorganizar el espacio donde se guardan los equipos. La prioridad fue proteger las embarcaciones, sobre todo las de fibra.
Por qué el agua y el sol ponen en riesgo los botes
Desde la escuela explicaron que la conservación del material es una de las principales preocupaciones cuando el río sube. Las embarcaciones de fibra sufren el desgaste del agua y la exposición al sol.
“Llega un momento en que el agua y el sol pueden hacer que el bote de fibra se llegue a partir o romper”, advirtió Taulada.
Por eso resolvieron mover todo al interior de un galpón, donde quedan resguardados de las condiciones ambientales. La medida también contempla a los chicos que se encargan de sacarlos de ese lugar.
“Más que nada lo hicimos para mantener sano al bote y también por los chicos que los sacan de ese lugar. Los llevamos adentro del galpón y no hay ningún problema”, explicó.
Qué tener en cuenta antes de subirse a una canoa
Con el caudal crecido, los cuidados al navegar se vuelven más importantes. Taulada remarcó que el canotaje exige conocer el terreno y no improvisar.
“El canotaje es un deporte que se practica en el río y uno tiene que saber por dónde andar. Ese es el tema: saber por dónde andar e ir con gente que sepa”, señaló.
Su recomendación incluye consultar antes las características del sector elegido, en especial si se trata de arroyos o de lugares poco conocidos. También advirtió por los camalotes y otros elementos que arrastra la corriente y que pueden complicar la navegación.
“Si ves que vienen muchos camalotes, hay que salir de ahí. No pasar pegado a la costanera porque no sabés qué puede pasar”, alertó.
Saber dónde bajar, la clave que muchos pasan por alto
Otro de los puntos que remarcó el integrante de la escuela es la necesidad de identificar los lugares seguros para detenerse o desembarcar antes de entrar al agua.
“Siempre tenemos que saber dónde bajar, porque a veces pensamos que se puede parar en un lugar y después resulta que no”, indicó.
En esa línea, insistió en la importancia de tener experiencia, navegar acompañado y evaluar las condiciones del río antes de cualquier salida. Las medidas de prevención, dijo, forman parte de la práctica habitual del canotaje y se refuerzan cuando el nivel del agua cambia.
“Es como en la calle: hay que saber por dónde andar y después disfrutar”, concluyó.