La crecida del Paraná los obligó a cruzar 400 vacas en botes: la escena que se repite en Corrientes
El río estaba en 4,88 metros y los pronósticos no daban tregua. Los productores de Corrientes y Entre Ríos ya sabían lo que venía: cruzar miles de animales en botes y barcazas antes de que el agua tape todo. Pero la cuenta no cierra.
La crecida del río Paraná, impulsada por El Niño y la apertura de compuertas en Yacyretá, arrincona a los productores ganaderos de Corrientes y Entre Ríos, que evacuan miles de animales en balsas, botes y barcazas. En Corrientes estiman que hay entre 20.000 y 25.000 cabezas de ganado afectadas.
El agua no da tregua. La crecida sostenida de los ríos Paraná y Uruguay, alimentada por las lluvias en la cuenca alta de Brasil y la apertura de compuertas en represas hidroeléctricas, desató un operativo de evacuación sin precedentes para la ganadería insular. Entre Corrientes y Entre Ríos, los productores libran una carrera contra reloj para poner a salvo a miles de animales antes de que el agua cubra por completo las tierras de pastaje.
El mapa de la emergencia
Fabián Gotardo, presidente de la Sociedad Rural de Bella Vista, trazó el panorama: “Más o menos 20.000, 25.000 cabezas están afectadas en la isla”. La mayoría de los productores ya está retirando su hacienda. Algunos empezaron hace 15 o 20 días; otros, hace un mes, cuando advirtieron que el agua venía.
Gotardo advirtió que la crecida golpea en simultáneo a varias localidades ribereñas: “San Lorenzo, Empedrado, Ituzaingó, la parte de Monte Caseros, Paso de los Libres, ya el río Uruguay están afectadas. Casi todas las costas de los ríos están con mucha crecida con el tema de las compuertas que se abrieron en Yacyretá”. El avance del agua destruye los carrizales, donde se refugian muchos rodeos, y obliga a un repliegue masivo hacia el continente.
La odisea de cruzar 400 animales en botes
Más al norte, en las islas San Martín y Apipé Chico, Fabio Terleski relató la travesía para rescatar un rodeo de 400 cabezas entre vacas, caballos y hacienda menor. “Como no había balsas hoy en día acá casi para el servicio, se consiguió un permiso especial y se fue sacando en botes de pequeño porte los animales maniatados de a dos o de uno, dependiendo del tamaño, y pasando enfrente a una propiedad que es de Yacyretá, que se conoce como el ‘campo de las moscas’, donde siempre nos refugiamos con cada una de las crecientes”.
La época de la crecida coincide con el ciclo de parición y agrava el cuadro sanitario por el estrés del transporte. Terleski detalló: “Aparte del sobrecosto que genera mover la hacienda, estaban en época de parición. Con el estrés que sufren a la forma de traslado, las pérdidas son importantes: bajan mucho de peso, tienen una mala parición. Hay algunas que ya están pariendo y aguantamos un poco más para trasladarlas porque si no pierden las crías”.
Entre San Martín y Apipé Chico ya se evacuaron más de 800 animales, incluidos rodeos de ovinos y caprinos (unos 100 a 150 animales de pequeño porte). Sin embargo, la angustia crece. “Hay algunos pequeños productores que en su momento prefirieron aguantar, arriesgar hasta el último momento, que ahora se sienten más apretados y bueno, están más caótica la situación de mover esos animales”, dijo Terleski.
La encrucijada económica
Sebastián Müller, productor de La Paz con campo en el departamento Federal, Entre Ríos, explicó el dilema entre la economía y la supervivencia: “Muchos vienen muy atentos a la altura del río y los pronósticos. Pero muchas veces no es posible salir con mucha anticipación porque te ocasiona muchos costos y corta el proceso de desarrollo que está haciendo la hacienda en la isla. Uno, por una cuestión entre económica y física, trata de evitar salir hasta el último momento”.
Para los productores de las zonas más expuestas, la suba del río obliga a moverse. El agua ya está en 4,88 metros y se espera que llegue a los 5 metros. Además, los organismos técnicos prevén que podría alcanzar los 7 metros y mantenerse alta durante varios días. “Hay que salir con todo. Tengo que mover la totalidad, alrededor de 200 animales. Hasta los caballos, pero hay productores que tienen varios miles y los tienen que sacar”, precisó Müller. La hacienda se traslada principalmente hacia la costa entrerriana y Santa Fe.
El alquiler de transporte fluvial resulta desproporcionado respecto del valor de la hacienda. “Lo más caro es una barcaza. Hoy está entre 1.000.000 y 1.300.000 o 1.400.000 pesos por cada jaula de animales, o sea, por cada camión. La barcaza carga lo mismo que un camión grande: 32 o 34 novillos gordos o 70 terneros chicos. Se te va un novillo y medio gordo por cada jaula que movés, nada más que en el flete, más el camión y el personal”, desglosó.
El perjuicio no termina en el viaje. El sistema productivo insular —donde se requieren unas tres hectáreas por animal— es más económico que el campo firme, con el pastaje a mitad de precio. Al ser expulsados de la isla, la ecuación se rompe: “Perdés la posibilidad de seguir engordando ese animal. Es como reiniciar la carrera para engordarlo acá afuera. Tener que llevarlo a un feedlot y terminarlo con grano sale mucho más caro. En un animal grande, como el novillo de exportación de 400 y pico o 500 kilos, es antieconómico: te sale más caro hacer el kilo que lo que vale el kilo mismo vendido”, lamentó Müller.
Goya: evacuación preventiva y memoria de la sequía
En la zona de Goya, Corrientes, el productor Gastón Giqueaux detalló la logística: “Sacamos el grueso de animales y ahora estamos terminando de sacar lo que falta. Teníamos 700 novillos en la isla y sacamos todo hacia la parte alta”.
Para Giqueaux, la crecida es parte de las contingencias habituales del sistema insular: “Según los pronósticos va a llegar, pero todavía no nos ha llegado. Esto es ni más ni menos que una creciente, un pico del Paraná como hemos tenido tantos otros. Ahora veníamos mal acostumbrados por muchos años de bajante del río Paraná; hacía muchos años que no teníamos una creciente, pero era moneda corriente. Los que tenemos islas sabemos que esto es parte del juego, es parte de los riesgos que uno asume al hacer este tipo de explotación ganadera en la zona de islas”.
En 2023, la combinación de una fuerte sequía con una crecida intempestiva causó estragos. Müller recordó el impacto económico de aquel año, cuando debió mover más de 600 cabezas: “Fue más crítico. Llevamos parte del rodeo de cría hacia la isla para salvarlo de la seca y a los nueve meses se vino la creciente. Tuvimos que salir con todo. Debimos haber gastado más de 35.000 o 40.000 dólares entre movimientos, arrendamientos extras y todas las movidas que hicimos”.
Con las alertas anticipadas de El Niño, algunos productores reconfiguraron su estrategia a tiempo: redujeron ingresos de terneros durante el invierno y buscaron esquemas alternativos como la capitalización al 50% en campos continentales para no sobrecargar presupuestos con arrendamientos inalcanzables.