La conversación que empieza como un juego: por qué 1 de cada 5 chicos que usan internet ya vivió una situación de abuso

Un adulto la contactó por Messenger cuando tenía 10 años. Se hizo pasar por un chico de 13 y el vínculo duró años. Su historia es una de las miles que quedan en silencio: más del 40% de los chicos abusados online nunca se lo cuenta a nadie.

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La conversación que empieza como un juego: por qué 1 de cada 5 chicos que usan internet ya vivió una situación de abuso
La conversación que empieza como un juego: por qué 1 de cada 5 chicos que usan internet ya vivió una situación de abuso

Un informe de Unicef reveló que casi 20 millones de chicos y chicas de entre 12 y 17 años sufrieron alguna forma de explotación o abuso sexual facilitado por la tecnología en el último año. La cifra equivale a uno de cada cinco menores que usan internet, y el dato más inquietante es otro: la enorme mayoría de esos casos nunca se cuenta.

La investigación se titula Through Children's Eyes: How Digital Technologies Enable Child Sexual Abuse (A través de los ojos de la infancia: cómo las tecnologías digitales facilitan el abuso sexual infantil) y fue elaborada con encuestas a cerca de 21.000 usuarios de internet de entre 12 y 17 años, más entrevistas en profundidad con 100 jóvenes que habían sufrido abusos durante su infancia.

Según el informe, cerca del 60% de las situaciones ocurrió en redes sociales de uso cotidiano como Facebook, Instagram, Snapchat, TikTok y WhatsApp. Otro 14% estuvo vinculado a juegos online.

Qué entra dentro de la categoría

El concepto que usa Unicef es más amplio que el de acoso en redes. La llamada explotación y abuso sexual infantil facilitados por la tecnología abarca los casos en los que plataformas o herramientas digitales se usan para exponer, contactar, presionar, extorsionar o distribuir contenido sexual relacionado con menores. También contempla situaciones en las que la tecnología amplifica un abuso que puede desarrollarse fuera de internet.

Las estimaciones del organismo permiten dimensionar el fenómeno: más de 15 millones de chicos estuvieron expuestos a contenido sexual que no querían ver; unos 9 millones recibieron pedidos para mantener conversaciones sexuales o compartir imágenes íntimas contra su voluntad; y alrededor de 4 millones sufrieron la difusión de imágenes propias sin consentimiento.

El peligro no siempre viene de un desconocido

El estudio contradice uno de los mitos más instalados: el de que el riesgo siempre llega de la mano de un extraño que contacta al menor por una red social. En el 57% de los casos analizados, el agresor era alguien que el chico ya conocía: otros menores, parejas, amigos o familiares. Y en el 38% de las experiencias, el primer contacto con esa persona había sido por internet.

Las cuentas falsas y los servicios de mensajería privada aparecen entre las herramientas que se usan para establecer ese primer vínculo y después trasladar la conversación a espacios menos visibles.

El silencio, el dato que más preocupa

Más del 40% de los episodios nunca fueron revelados a nadie. Y menos del 1% llegó a conocimiento de la Policía, trabajadores sociales o líneas de ayuda. Según Unicef, una de las razones más frecuentes es alarmante: muchos chicos no sabían a quién recurrir ni dónde pedir ayuda.

Las entrevistas del estudio muestran que estas experiencias suelen estar acompañadas por miedo, vergüenza, confusión y aislamiento. En algunos casos, las propias víctimas tuvieron dificultades para comprender lo que había sucedido o para identificar que estaban atravesando una situación de abuso.

El informe también encontró una asociación entre estos episodios y problemas graves de salud mental. Entre los adolescentes encuestados, quienes habían pasado por situaciones de explotación o abuso sexual facilitado por la tecnología presentaron una probabilidad cuatro veces mayor de manifestar pensamientos o conductas suicidas y también cuatro veces mayor de autolesionarse. Además, registraron niveles de ansiedad unos 11 puntos porcentuales por encima de sus pares.

En primera persona: cómo empieza el grooming

Detrás de las cifras hay historias que arrancan con una conversación aparentemente común y avanzan hacia el miedo, la amenaza y el silencio. Ornella Carbone tenía 10 años cuando un adulto la contactó por Messenger presentándose como un chico de 13. El vínculo se prolongó durante años y el agresor logró que le enviara imágenes íntimas.

“El miedo es el principal motivo por el cual el niño cae en el grooming. El miedo que le genera el groomer, ya sea por amenazas o por la vergüenza de que del otro lado le digan ‘Tengo tus datos, tengo tus fotos, tengo tu información, tengo lo que vos decís y con eso te puedo hacer pasar vergüenza’. Entonces es un estado de sometimiento al que te llevan”, explicó Carbone.

Ella se lo comentó a una compañera, pero muy por encima, sin detalles. “No me prestó mucha atención porque en ese entonces estaba normalizado viralizar las fotos de las personas en ropa interior”, relató. Su caso refleja justamente uno de los datos del informe: más del 40% de las víctimas nunca cuentan lo que les pasó, muchas veces porque no dimensionan la gravedad. “Por cuestiones lógicas y culturales, un niño no se puede dar cuenta ni tampoco tiene conciencia de lo extremo de la situación”, aseguró.

El abuso se extendió hasta los 16 años. Cuando finalmente logró pedir ayuda y se inició una investigación para identificar al responsable, el agresor publicó imágenes íntimas de ella en Facebook y parte de ese material terminó circulando entre compañeros de su escuela.

Qué pueden hacer los adultos

Para Carbone, la prevención no debería empezar recién cuando aparece una señal de alerta. “Creo que los padres tienen que estar muy atentos. No hace falta que haya una señal evidente, como un cambio de conducta o un problema en la escuela, para que algo así esté ocurriendo. Los chicos pueden ocultarlo de muchas maneras, y por eso creo que la prevención es el camino que deben seguir los adultos”, sostuvo.

También apuntó a un terreno que forma parte de la vida cotidiana de muchos chicos: “Prevenirlos en el tema de los juegos, de los videojuegos en línea, que es bastante peligroso. Que presten mucha atención en esas partes porque ahí es donde es la pecera de los pescadores estos”.

Y cerró con un mensaje para quienes atraviesan una situación como la que ella vivió: “Lo único que le puedo decir es que acá hay ayuda y que no va a pasar nada malo ni está mal lo que está haciendo, sino que está mal lo que le están haciendo, y que acá siempre va a haber ayuda”.

La investigación advierte que gran parte de los abusos ocurre en redes sociales y que más de cuatro de cada diez víctimas no se lo cuentan a nadie.

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