La conservera que funcionaba desde 1951 bajó la persiana y hay una cifra que complica a todos
¿Qué pasará con los más de 35 empleados y los 100 temporarios que dependían de la planta? La conservera que funcionaba desde 1951 ya no abre sus puertas y ahora la pelea es por cobrar.
La histórica conservera Alisan SRL, ubicada sobre avenida Balloffet al 2200 de San Rafael, cerró sus puertas de forma definitiva tras meses de una crisis que combinó peleas entre sus dueños, sueldos sin pagar y una producción en caída libre. El saldo inmediato: más de 35 empleados permanentes quedaron en la calle y otros 100 temporarios no podrán volver a la planta en la próxima temporada.
El cierre pone fin a una fábrica que llevaba más de siete décadas ligada a la historia conservera del departamento y suma un golpe duro al sector industrial del sur mendocino.
La pelea entre los socios que encendió la mecha
Según el relato de la propia empresa y de quienes trabajaron allí, la situación económica y financiera ya venía complicada desde hacía varios meses, con conflictos entre los socios, salarios atrasados, una fuerte caída de la producción y deudas millonarias.
Los problemas se profundizaron hacia fines de 2025, cuando las diferencias entre Pedro Pascual Sánchez y Mario Óscar Cianci —socios de la firma y vinculados por lazos familiares— se volvieron insostenibles. Uno de los propietarios se habría opuesto a que la empresa ingresara en concurso de acreedores, y esa negativa desató la disputa entre ambos.
A ese escenario se sumó, de acuerdo con el testimonio de un exempleado, la venta de una máquina que resultaba clave para el funcionamiento de la planta. Con el paso de los meses la producción fue mermando y los trabajadores empezaron a sufrir atrasos cada vez más importantes en el cobro de sus salarios, hasta que la actividad se paralizó por completo.
Reclamos, promesas incumplidas y la pelea por las indemnizaciones
Durante los últimos meses los empleados se manifestaron frente a las instalaciones y se sentaron a dialogar con los dueños para buscar una salida. Según denunciaron los propios trabajadores, los compromisos asumidos para regularizar los sueldos adeudados nunca se cumplieron.
El conflicto ya había tomado estado público durante agosto y septiembre, cuando los empleados advertían sobre la paralización de la planta y reclamaban respuestas ante la falta de ingresos. Confirmado el cierre, los exempleados comenzaron a impulsar reclamos legales para cobrar las indemnizaciones y el resto de los conceptos laborales que les corresponden.
Las gestiones cuentan con el acompañamiento del Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (STIA) de San Rafael, que encabeza Ricardo Bertero, también al frente de la CGT local. Sin embargo, algunos trabajadores cuestionaron la actuación del dirigente sindical: consideran que la intervención gremial debió ser más firme en los meses previos al cierre.
La mayor preocupación de los afectados pasa ahora por la chance concreta de recuperar los salarios pendientes y cobrar las indemnizaciones, sobre todo teniendo en cuenta el delicado estado financiero de la firma.
Cheques rechazados y un pasivo que preocupa
Los antecedentes financieros de la conservera reflejan la magnitud de la crisis. Según los datos atribuidos a los registros del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Alisan SRL acumuló cheques rechazados por $1.805.783.652,25, distribuidos en tres entidades bancarias.
A eso se suma un pasivo bancario informado de $3.041.682, con atrasos superiores a los 90 días. Ese volumen de compromisos genera dudas sobre la capacidad real de la empresa para afrontar lo que debe a sus exempleados, que por eso buscan avanzar por la vía legal y así intentar garantizar el cobro de sus acreencias laborales.
Una marca con historia que se apaga
El cierre de Alisan SRL también significa la pérdida de una actividad industrial muy ligada a la historia productiva de San Rafael. La trayectoria de la fábrica se remonta a 1951 y sus instalaciones fueron reconocidas durante décadas por la elaboración de conservas y productos alimenticios que se comercializaban bajo la marca Mora.
La empresa formó parte del entramado agroindustrial del departamento, una actividad históricamente asociada a la producción agrícola y al procesamiento de materias primas de la región.
Su cierre se produce en un contexto de dificultades para distintas empresas conserveras del sur mendocino, donde los problemas financieros y la reducción de la actividad vienen generando preocupación por la continuidad de las fuentes laborales.
Detrás de la persiana baja quedan familias que esperan respuestas y un conflicto laboral que dependerá de las gestiones legales para recuperar los salarios y las indemnizaciones adeudadas.