La ciudad donde los casamientos tocaron su piso histórico: 26 por día y una edad que sorprende
Se esperaba que la vuelta a la normalidad post pandemia recompusiera la cantidad de casamientos en la ciudad. El último informe oficial muestra qué pasó en realidad con los 9549 matrimonios de 2025 y con la edad de quienes dicen “sí, quiero”.
En la ciudad de Buenos Aires, 2025 quedará marcado como el año con menos casamientos del siglo XXI, si se excluye el 2020, cuando la pandemia de Covid-19 frenó toda la actividad registral. El dato surge del informe N°2068 sobre Nupcialidad en la Ciudad de Buenos Aires, publicado por el Instituto de Estadística y Censos porteño (Idecba).
Las cifras son elocuentes: se celebraron 9549 matrimonios, un 43% menos que en 2000, lo que equivale a un promedio de 26,2 casamientos por día. La tasa bruta de nupcialidad cayó de 5,5 por cada 1000 habitantes a 3,1 en el mismo período.
La tendencia no fue lineal. La caída se sostuvo durante las dos primeras décadas del siglo, con una recuperación en 2021 y 2022 —probablemente por ceremonias postergadas durante la pandemia— y un nuevo descenso desde 2023. Para dimensionar el cambio, basta mirar atrás: en 1980 se registraron 17.810 matrimonios y en 1988 se alcanzó el pico de la serie con 27.328 celebraciones.
Una familia sin Registro Civil
Mariana Piazzese tiene 46 años y lleva 22 junto a Sebastián Blanco. Tienen dos hijos adolescentes, comparten la casa y atravesaron distintas etapas sin pasar por el Registro Civil. Durante los primeros años, los familiares preguntaban cuándo sería la boda, pero siempre surgía otro proyecto más urgente.
“Nos elegimos todos los días. Pasamos por momentos buenos, por crisis, por problemas económicos y por la llegada de nuestros hijos. Nunca sentimos que necesitáramos casarnos para demostrar que éramos una familia”, cuenta Mariana.
Sebastián, de 48, suma su mirada: “Antes parecía que había que cumplir determinados pasos: ponerse de novio, casarse y después tener hijos. Nosotros hicimos nuestra propia historia, sin seguir ese orden. Y no sentimos que nos haya faltado nada”.
El avance de las uniones convivenciales
El informe del Idecba muestra que las uniones civiles y convivenciales ganaron terreno frente al matrimonio. En 2004 se contabilizaban 217 matrimonios por cada unión; en 2025 la relación se redujo a 1,5 matrimonios por cada unión civil o convivencial heterosexual.
Durante 2025 se registraron 6231 uniones de este tipo, por encima de las 5843 de 2024. El máximo de la serie había sido en 2022, con 6392. El crecimiento se aceleró desde 2017, posiblemente vinculado con la regulación de las uniones convivenciales incorporada al Código Civil y Comercial de la Nación, vigente desde 2015.
Pablo Ezequiel Feito, director general adjunto del Registro del Estado Civil y Capacidad de las Personas de la Ciudad, advierte que explicar esta transformación excede los registros administrativos. Aun así, plantea que las parejas podrían buscar “modalidades con menor formalidad que el matrimonio para confirmar su grupo familiar”.
Feito detalla que las uniones convivenciales permiten disolver el vínculo sin recurrir a un juez y no establecen un régimen de bienes gananciales como el del matrimonio. Desde el Idecba aclaran que la inscripción de estas uniones es optativa y tiene fines probatorios, por lo que las estadísticas solo reflejan una parte de las parejas que conviven. El aumento puede deberse a más parejas que eligen convivir sin casarse o a una mayor tendencia a formalizar la convivencia por protecciones legales; con los datos disponibles, no es posible determinar cuánto influye cada factor.
Mariana aporta su lectura: “Hoy muchas parejas prefieren convivir, viajar, ahorrar o construir algo juntos antes que gastar plata en una boda. También hay menos presión social”.
Promesas sin firma ni ceremonia
Carolina Méndez, de 26, y Andrés Navarro, de 30, eligieron otro camino. Tras seis años de pareja, en 2025 reunieron a sus amigos más cercanos, compartieron una cena y se hicieron una promesa. Sin sacerdote, sin juez de paz y sin trámites.
“Sentimos que el compromiso no pasa por una firma ni por una ceremonia religiosa. Queríamos decirnos delante de nuestros amigos que elegíamos seguir juntos, acompañarnos y respetarnos. Para nosotros, eso tuvo muchísimo más valor que cualquier papel”, relata Carolina.
Andrés coincide: “Hoy hay muchas parejas que hacen algo parecido. Algunos organizan una fiesta, otros se hacen una promesa en privado y otros simplemente deciden convivir. Estamos entendiendo que no existe una sola manera de comprometerse con alguien”.
No todos los que prescinden de la Iglesia descartan el matrimonio. Lucía Marengo, de 31, y Martín Rodríguez, de 34, llevaban siete años juntos cuando en septiembre de 2025 decidieron casarse por civil. Ya convivían, compartían gastos y proyectaban comprar una vivienda. Aunque crecieron en familias católicas, optaron por una celebración sencilla con familiares y amigos. Para ellos, la decisión tuvo un significado emocional y legal más allá de la religión.
Alejandro Adessi también se casó por civil en 2025. Eligió esa modalidad porque no es religioso y quería formalizar el vínculo contemplando las posibilidades prácticas del matrimonio. Sobre la baja de casamientos, arriesga otra hipótesis: “No sé si lo que sucede es que la gente elige no casarse, sino que, a veces, hay una crisis de vínculos previo a lo que sería llegar a consumar un matrimonio”. Y agrega: “Las relaciones son un trabajo; tienen muchas cosas lindas, pero también son un trabajo. Hay que tener vocación de construir el vínculo”.
Casarse cada vez más tarde
Además de disminuir, los casamientos ocurren a edades más avanzadas. En 2025, los varones contrajeron su primer matrimonio a los 37,2 años en promedio y las mujeres a los 35,6. Frente a 2000, esas edades subieron 7,1 y 6,9 años respectivamente. El máximo de la serie fue en 2023, con 38,3 y 36,8.
También cambió el grupo etario con mayor tasa de nupcialidad: en 2000 eran las personas de 25 a 29 años; en 2025 pasó a quienes tienen entre 30 y 34. A partir de los 40, las tasas actuales superan las de comienzos del siglo. El Idecba remarca que la caída no fue uniforme: retrocedió entre los más jóvenes, pero a partir de los 40 los valores de 2025 superaron levemente los de 2000.
En total, durante 2025 se casaron 19.098 personas. El 88,9% de las mujeres y el 85,9% de los varones lo hicieron por primera vez, proporciones estables en los últimos 25 años. El 19,7% de los matrimonios incluyó al menos a una persona divorciada o viuda, un indicador que ronda el 20% desde 2000 y que tocó su máximo en 2023, con 23,6%.
La edad de quienes formalizan una unión civil o convivencial heterosexual es similar a la del primer matrimonio: entre las personas solteras que registraron una unión en 2025, el promedio fue de 36,5 años para los varones y 35,4 para las mujeres.
El informe contabilizó además 547 matrimonios entre personas del mismo sexo, el 5,7% del total: 281 de parejas de varones y 266 de parejas de mujeres. La sanción del matrimonio igualitario en 2010 modificó la composición de las uniones civiles: en 2005 cerca del 45% correspondía a parejas del mismo sexo; tras la ley, esa participación bajó y se mantuvo alrededor del 6% en la última década.
Qué pasa con los divorcios
La reducción de los matrimonios no vino acompañada de más divorcios. En 2025 se inscribieron 5351 divorcios vinculares, una cifra estable desde 2023. La tasa bruta de divorcialidad pasó de 2 por cada 1000 habitantes en 2000 a 1,7 en 2025.
El pico del período fue en 2017, con 8217 divorcios, posiblemente relacionado con la entrada en vigencia del Código Civil y Comercial en 2015, que simplificó el procedimiento y eliminó los plazos de espera. Feito señala que esas modificaciones también podrían haber influido en las inscripciones, aunque advierte que determinar las causas requiere un análisis más amplio.
La relación entre divorcios y matrimonios de un mismo año pasó de 36 por cada 100 casamientos en 2000 a 56 en 2025. El informe aclara que esto no significa que el 56% de los matrimonios termine en divorcio: se comparan hechos registrados en el mismo período, no la evolución de las mismas parejas. El aumento responde principalmente a la caída de los casamientos. En 2000 se habían inscripto 6007 divorcios, más que en 2025.
Sobre la duración de los vínculos, el 40% de los divorcios correspondió a matrimonios de 20 años o más y cerca del 29% a relaciones de entre 10 y 19 años. Menos de un tercio involucró matrimonios de menos de una década. Más de siete de cada diez personas que se divorciaron tenían 40 años o más. Entre las mujeres, el grupo más numeroso fue el de 45 a 49 años, con el 17,3%. Entre los varones, el 18,4% tenía 60 años o más, frente al 12,1% de las mujeres de ese mismo grupo etario.