La cifra que más creció en Córdoba: qué hay detrás del salto de los suicidios en un solo mes
¿Qué encontró el informe oficial que explica el salto del 41% en un solo mes en Córdoba? El cruce entre la crisis y las pantallas que un especialista pone sobre la mesa.
El último informe del Observatorio de Seguridad y Convivencia de la provincia de Córdoba encendió una alarma: entre julio y agosto, la cantidad de suicidios creció un 41 por ciento. El dato no es menor porque, en el acumulado de los primeros ocho meses del año, la provincia registró 163 casos contra 227 del mismo período del año anterior. Es decir, la tendencia interanual muestra una baja, pero agosto rompió ese esquema con una suba abrupta respecto de julio.
Los números que preocupan
El desglose por edades de agosto revela que hubo seis suicidios en la franja de 18 a 24 años, otros nueve entre los 25 y los 44 y la misma cantidad entre las personas de 45 a 64. En cuanto a la distribución geográfica, el departamento Río Cuarto fue uno de los más golpeados: tres casos durante julio, la misma cifra que Calamuchita y Cruz del Eje, y solo por detrás de Punilla, que registró cinco.
Otro dato que marca el informe es que la gran mayoría de las personas que se quitaron la vida en agosto eran hombres: el 79 por ciento. La tendencia se repite en el país y también a nivel internacional, donde distintos relevamientos advierten un incremento sostenido.
El cruce entre economía y salud mental
¿Por qué sucede esto? ¿Dónde hay que buscar las razones de un comportamiento extremo? Gustavo Rodríguez es economista y psicólogo, especializado justamente en el impacto que el malestar económico genera en la salud mental. Para él, no hay una sola causa.
“Hay un combo de situaciones. Principalmente en Argentina los números son alarmantes. Uno puede dividirlo en tres factores: uno más personal, de predisposición en la incidencia de la decisión. Esa es una cuestión profunda de cada ser humano. Pero también puede tener que ver con la cuestión económica y, también, con la frustración en la concreción de ciertos proyectos de vida. Eso cuando hablamos de los adultos; en los jóvenes inciden otras razones”, explicó.
Rodríguez difundió en sus redes una estadística que refuerza esa mirada: el 48,5 por ciento de los pacientes llega al consultorio por un malestar vinculado a lo económico. “La sensación de crisis económica no sólo afecta el bolsillo y el consumo diario sino el proyecto a futuro. Cuando estás en crisis no te podés imaginar más allá del mes que viene, no podés proyectar. Lo que hace la crisis económica o la sensación de estancamiento es cortar de cuajo la posibilidad de visión de futuro. Vivís en el día a día y eso genera muchísimo estrés y mucha más ansiedad”, señaló.
Y agregó: “Una persona tiene algunos rasgos concretos; todos estos condimentos vienen a influir y a potenciar un rasgo que pueda llevar al acto. A veces hay hechos concretos que empujan la decisión: una persona, después de 20 años de trabajar en una empresa, es despedida y termina poco después dejando una carta porque no le encuentra sentido a la vida. O un matrimonio al que no le alcanza para vivir, va al banco, saca un crédito y después le quieren rematar la casa. Entonces, deciden suicidarse. Son situaciones extremas que te llevan a pensar que no te queda salida. El motivo no suele ser acabar con la vida sino terminar con el sufrimiento”.
Pantallas, dopamina y vínculos que se apagan
El especialista también apunta a un factor que excede la coyuntura económica y golpea con fuerza a los más jóvenes: la digitalización. “Los chicos pasan mucho tiempo en pantalla y la tecnología genera consecuencias en detrimento del desarrollo cognitivo y el relacionamiento social. Argentina ha vivido otras crisis y ahora la tasa de suicidios está creciendo. Es decir, es un fenómeno que va más allá de la crisis. Y en ese punto entra la digitalización. No se relacionan físicamente si no es a través de las pantallas. Eso para el ser humano es destructivo porque somos seres sociales por naturaleza”, planteó.
Rodríguez observó que el aburrimiento se volvió una constante entre los chicos y lo lee como una señal del efecto del celular. “Eleva rápidamente la dopamina. El salto dopamínico genera tanto placer que no lo tenés en casi ningún otro lado. Pero cuando dejás de usar el celular baja en cinco segundos. A eso no lo tenés en ninguna otra situación. El deporte genera dopamina pero es una tasa de crecimiento y decrecimiento mucho más estable. Por eso hay una tendencia a nivel mundial a tratar de reducir en los chicos el uso del teléfono”, concluyó.