La carta que amenazó a Perón desde la tumba: el macabro rescate de sus manos y el misterio que sigue sin resolverse
Un poema de amor, una carta con olor a humedad y ocho millones de dólares: el macabro rescate de las manos de Perón que aún nadie pudo resolver. ¿Qué pasó aquella noche de julio de 1987?
Un sobre con olor a humedad, un poema roto y una exigencia de 8 millones de dólares. Así comenzó uno de los episodios más oscuros de la historia argentina: el robo de las manos de Juan Domingo Perón. A casi cuatro décadas, el caso sigue abierto y las preguntas sin responder.
El 26 de junio de 1987, tres sobres idénticos llegaron a manos de Carlos Grosso, Saúl Ubaldini y Vicente Leonides Saadi. Cada uno contenía un fragmento de un poema y una carta escrita a máquina que helaba la sangre: “Procedí a retirar o amputar las manos de los restos de quien en vida fuera el Teniente General Juan Domingo Perón”. La prueba de la profanación era el poema que Isabel Perón había dejado sobre el féretro en 1974.
¿Qué decía la carta y quiénes la firmaban?
La misiva, fechada el 23 de junio de 1987, exigía ocho millones de dólares a cambio de devolver los restos embalsamados del líder justicialista. Estaba firmada por “Hermes Iai y los 13”, un nombre que mezclaba simbolismo egipcio y burla. Los investigadores creen que “Hermes” hacía referencia a la marca de la máquina de escribir usada.
El poema, que unido formaba los versos “Te acuerdas, Juan, cuando tomados de la mano…”, había sido colocado por la viuda de Perón sobre el ataúd. Los profanadores lo usaron como certificado de autenticidad.
La noche del hallazgo: un juez conmovido y un cadáver mutilado
El 1 de julio de 1987, el juez Jaime Far Suau inspeccionó la bóveda de la familia Perón en el Cementerio de la Chacarita. Lo que encontró fue escalofriante: el vidrio blindado de 8 centímetros estaba perforado, la caja metálica agujereada y los brazos del cadáver mostraban las muñecas seccionadas. Los peritos determinaron que usaron una sierra de Gigli, una maza de medio kilo y una punta de hierro. Habían trabajado al menos dos horas sin ser molestados.
Far Suau, visiblemente afectado, pidió un minuto de silencio ante el cadáver. No sabía que desde esa mañana los servicios de inteligencia ya lo estaban siguiendo.
Las muertes que rodean el caso
El juez Far Suau murió en un extraño accidente automovilístico el 22 de noviembre de 1988, en la ruta cerca de Coronel Dorrego. Su auto volcó y se incendió. Una carpeta negra con detalles de su entrevista a Isabel Perón desapareció. Su hijastro, Maximiliano Guaita, declaró años después: “Escuché una explosión. Tenía gas en las cubiertas. No fue un accidente”.
También murieron el comisario Carlos Zunino (asalto con disparo en la cabeza, sobrevivió pero falleció en 2004), el sereno Luis Paulino Lavagno (hallado muerto con golpes) y María del Carmen Melo, una mujer que llevaba flores a la tumba y fue asesinada a golpes.
¿Quién estuvo detrás de la profanación?
En 1997, los periodistas Damián Nabot y David Cox publicaron “Perón, la otra muerte”, donde señalaron al mafioso italiano Licio Gelli, líder de la logia Propaganda Due, como el autor intelectual. Gelli, condecorado por Perón en 1973, habría ordenado el robo para desestabilizar al gobierno de Alfonsín. Nabot lo entrevistó antes de morir; Gelli negó todo.
Otra teoría, del libro “La profanación”, sostiene que los profanadores tenían la llave de la bóveda y que la mutilación se hizo con el ataúd fuera, lo que sugiere complicidad interna.
En 2008, el juez Alberto Baños, que reabrió la causa, sufrió el robo de los expedientes en su casa de Adrogué. Los ladrones no se llevaron objetos de valor, solo los documentos. Al año siguiente recibió un ataúd de madera con una bala y una foto suya con un punto rojo en la frente.
La causa sigue abierta. En 2014, el abogado de Isabel Perón, Atilio Neira, afirmó que la CIA tiene archivos desclasificables que podrían arrojar luz sobre el caso. Hasta hoy, nadie sabe dónde están las manos de Perón ni quiénes las robaron.
