La carta prohibida que desató el romance más escandaloso de la Inglaterra victoriana

Una poeta famosa vivía como prisionera en su propia casa. Todo cambió cuando un admirador más joven le escribió una carta que desencadenaría un amor prohibido, una boda secreta y una fuga que los llevaría al exilio. Los detalles de la historia de amor que desafió las estrictas reglas de la época.

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La carta prohibida que desató el romance más escandaloso de la Inglaterra victoriana

Una poeta famosa, una vida de encierro y una carta de amor que cruzó todas las fronteras sociales. La historia de Elizabeth Barrett y Robert Browning comenzó con un gesto audaz y terminó con una fuga que conmocionó a toda una época. Este es el relato del amor que desafió a un padre tiránico y reescribió el destino de dos de las voces más grandes de la literatura inglesa.

En la rígida Inglaterra victoriana de mediados del siglo XIX, las expectativas para una mujer como Elizabeth Barrett eran claras y limitadas. No debía opinar en público, no debía publicar textos considerados audaces y, por sobre todas las cosas, no debía enamorarse sin el permiso expreso de su familia.

Pero Elizabeth, nacida en 1806 en el seno de una familia acomodada, ya había comenzado a romper moldes desde muy joven. A la increíble edad de 12 años, había compuesto un poema épico que superaba los mil versos. Con los años, su talento la catapultó a la fama.

La celebridad literaria y la prisión dorada

La publicación de su libro “Poems” en 1844 la transformó en una verdadera celebridad, admirada en toda Europa y los Estados Unidos. Sin embargo, mientras su prestigio literario crecía, su vida personal se encogía hasta los límites de su habitación en la casa familiar de Wimpole Street, Londres.

Su salud, frágil desde la adolescencia a causa de problemas pulmonares y dolores crónicos, la mantenía prácticamente recluida. Pero el mayor muro que la rodeaba tenía nombre: Edward Barrett Moulton-Barrett, su padre.

Este hombre autoritario imponía una regla inquebrantable sobre sus once hijos: ninguno de ellos podía casarse jamás. La razón detrás de esta prohibición era un misterio, pero se cumplía bajo una atmósfera de temor. A sus casi 40 años, Elizabeth parecía destinada a una vida de soltería, escribiendo poemas acompañada únicamente por su fiel cocker spaniel, Flush.

Robert Browning, el poeta más joven que se atrevió a escribirle. (Foto: AP)

La carta que lo cambió todo

Todo cambió con la llegada de una misiva inesperada. Provenía de Robert Browning, un poeta de 32 años, seis años menor que ella y perteneciente a una generación literaria más joven. Admiraba profundamente la obra de Elizabeth y se atrevió a expresarlo.

La primera línea de esa carta quedaría grabada en la historia: “Amo sus versos con todo mi corazón”. En ese momento, la balanza de la fama se inclinaba claramente hacia Elizabeth. Ella era una figura consagrada; él, un talento que aún buscaba su lugar.

Elizabeth, no acostumbrada a este tipo de correspondencia, le respondió. Así dio inicio un intercambio epistolar que, con el tiempo, superaría las quinientas cartas. Comenzaron hablando de poesía y literatura, pero poco a poco surgió una conexión más profunda.

Elizabeth Barrett Browning, una voz literaria famosa que vivía recluida. (Foto: AP)

Robert la hacía reír, la estimulaba intelectualmente y la miraba como a una igual, algo extraño en su vida de encierro. Para Elizabeth, esas cartas se convirtieron en un refugio, un espacio donde podía ser ella misma lejos de la mirada opresiva de su padre.

Después de meses de correspondencia, se conocieron en persona en 1845, en su casa de Wimpole Street. Las visitas de Robert se hicieron más frecuentes y el amor floreció, a pesar de la diferencia de edad y del enorme riesgo que implicaba.

La fuga que desafió a una familia

Enamorarse para Elizabeth no era un simple sentimiento; era una decisión cargada de peligro que significaba desobedecer y romper con todo su mundo. Sabían que el padre de ella jamás daría su aprobación. Así, durante casi un año, mantuvieron la relación en el más absoluto secreto hasta que tomaron una decisión radical.

El 12 de septiembre de 1846, Elizabeth salió de su casa acompañada de su perro Flush. Su destino no era un paseo, sino la St Marylebone Parish Church, donde se casó en secreto con Robert Browning. Solo unos pocos testigos estuvieron presentes.

El acto de rebeldía no terminó allí. Tras la ceremonia, Elizabeth regresó a la casa familiar y actuó con normalidad durante una semana completa, guardando el secreto. Finalmente, una noche, tomó una pequeña valija, a su perro, y escapó para no volver jamás.

La nueva vida en Italia transformó por completo a Elizabeth. (Foto: AP)

La reacción de Edward Barrett fue de una furia implacable. Desheredó a su hija y cortó todo contacto con ella, ignorando incluso las cartas que ella le envió en los años siguientes. Pero para la pareja, una nueva vida comenzaba lejos de Inglaterra.

Una nueva vida y un legado imperecedero

Se establecieron en Italia, primero en Pisa y luego en Florencia, en la famosa Casa Guidi. Lejos de las restricciones victorianas, Elizabeth experimentó una transformación asombrosa. Contra todos los pronósticos, su salud mejoró, recuperó energías y su escritura floreció con una intensidad renovada.

En 1849 nació su único hijo, Robert Wiedeman Barrett Browning. Durante esos años en Italia, Elizabeth escribió algunas de sus obras más célebres, incluida la colección “Sonnets from the Portuguese”, una serie de sonetos de amor inspirados en su relación con Robert. De allí surgió uno de los versos más famosos de la lengua inglesa: “How do I love thee? Let me count the ways” (“¿Cómo te amo? Déjame contar las formas”).

La iglesia St Marylebone Parish Church, escenario del matrimonio secreto. (Foto: Wikipedia)

Elizabeth Barrett Browning falleció en Florencia en 1861, a los 55 años, con Robert a su lado. Robert Browning le sobrevivió casi tres décadas, muriendo en Venecia en 1889, tras consolidar su propia y enorme reputación como poeta. Curiosamente, con los años, su fama literaria llegaría a superar en influencia a la de Elizabeth en la posteridad.

Hasta el final de sus días, Robert Browning sostuvo que el mayor logro de su vida no había sido su obra, sino haber conquistado el corazón de Elizabeth Barrett. Su historia, que comenzó con una carta y se selló con una fuga, perdura como un testimonio poderoso de un amor que se atrevió a desafiar la autoridad, la enfermedad y un destino aparentemente escrito.

Robert Browning en sus últimos años, siempre fiel al recuerdo de Elizabeth. (Foto: AP)

Más de un siglo y medio después, el romance entre Barrett y Browning sigue siendo un faro de pasión y valentía literaria, recordándonos que a veces, el acto más revolucionario es seguir al corazón, sin importar las consecuencias.

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