La barranca se parte, los árboles caen y los vecinos de Ituzaingó ya no quieren esperar
Grietas, tierra que se desprende y árboles caídos en plena costanera: los vecinos de Ituzaingó ya elevaron un pedido formal y apuntan a un factor que pocos tienen en cuenta, el oleaje de las lanchas y barcazas.
El tramo de costanera que va desde la calle Francisco López hasta Brasil, y que se extiende hasta Perú, muestra un deterioro que los vecinos de Ituzaingó ya no están dispuestos a mirar de reojo. Desprendimientos de tierra, grietas en el terreno, pedazos de costanera que se vienen abajo y árboles que caen son parte del paisaje en ese sector, y el río Paraná crecido no hace más que empujar en la misma dirección.
Por eso presentaron un pedido de intervención urgente. La advertencia es concreta: si la erosión sigue avanzando, el proceso podría alcanzar terrenos particulares y poner en riesgo las viviendas cercanas y a cualquiera que pase por la zona.
Sin daños en las casas, pero con la alarma encendida
Hasta ahora, según los propios vecinos, no hay afectaciones directas sobre los terrenos donde están las viviendas. Ese dato no los tranquiliza: sostienen que actuar a tiempo es la única forma de evitar que un próximo desprendimiento provoque un daño que hoy todavía se puede prevenir.
La lógica que plantean es simple y difícil de discutir: el problema ya está a la vista, lo que falta es la respuesta de las autoridades antes de que el río y el terreno terminen de acomodar las cosas a su manera.
Los cuatro pedidos que llevan al municipio
El reclamo vecinal no es una queja suelta, sino una lista de medidas concreta. El primer punto es una inspección técnica urgente que determine en qué estado está la barranca, cuánto avanzó la erosión y qué riesgos existen hoy en el lugar.
El segundo tiene que ver con el tránsito. Piden analizar la posibilidad de restringir la circulación de vehículos en el tramo costero señalado, con un argumento que va más allá de la comodidad: las vibraciones que producen los autos podrían agravar la inestabilidad del terreno.
El tercero apunta al agua. Solicitan que se gestionen ante la Prefectura Naval Argentina medidas para reducir el oleaje que generan las embarcaciones, sobre todo lanchas y barcazas. La idea es que naveguen a velocidad reducida y lo más lejos posible de la costa, siempre dentro de lo que permitan las condiciones de navegación y la normativa vigente.
El cuarto punto contempla medidas de seguridad inmediatas: señalización, delimitación o restricción de acceso a los sectores que puedan representar un peligro. A eso le suman la intervención de equipos técnicos especializados que evalúen alternativas de estabilización y protección de la barranca.
Prevenir antes de lamentar
Los vecinos insisten en que el objetivo no es dramatizar, sino anticiparse a una situación que podría ser más grave. Por eso piden que las autoridades atiendan el planteo con la urgencia que el caso merece y que les informen qué medidas se van a adoptar.
Las imágenes del sector muestran el tipo de escenario que preocupa: tierra que se desprende, estructuras de la costanera que ceden y árboles que ya no se sostienen. Con el Paraná en crecida, el reloj corre para todos.





