La adolescente que su exnovio mantuvo secuestrada 100 horas y el desenlace que conmocionó a Brasil

La tenía encerrada hacía más de 100 horas y todo Brasil miraba. Cuando la policía entró, el exnovio disparó. Lo que pasó después con la Justicia dejó más preguntas que respuestas.

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La adolescente que su exnovio mantuvo secuestrada 100 horas y el desenlace que conmocionó a Brasil
La adolescente que su exnovio mantuvo secuestrada 100 horas y el desenlace que conmocionó a Brasil

Eloá Cristina Pimentel tenía 15 años cuando su exnovio, que no aceptaba la separación, la secuestró a punta de pistola en su casa de Santo André, Brasil. Lo que siguió fue una pesadilla de más de cuatro días que terminó con la muerte de la adolescente y dejó herida a su amiga. La historia, que mantuvo en vilo a todo un país, sigue generando preguntas sobre el accionar policial.

El 13 de octubre de 2008, Lindemberg Alves Fernandes, de 22 años, irrumpió armado en el departamento donde vivía Eloá. Allí estaban la joven, su amiga Nayara Rodrigues da Silva y dos compañeros de escuela con los que hacían un trabajo. El exnovio no estaba dispuesto a aceptar que la relación, que había comenzado cuando Eloá tenía apenas 12 años, había terminado un mes antes.

Una toma de rehenes que duró más de 100 horas

La policía llegó rápidamente y logró la liberación de los dos varones ese mismo día. Pero Eloá y Nayara quedaron en manos del secuestrador. Durante horas, las cámaras de televisión transmitieron en vivo lo que ocurría frente al edificio, mientras los negociadores intentaban una salida pacífica.

Lindemberg, en distintos momentos, amenazaba con matar a Eloá y después suicidarse. Un integrante del Grupo de Acciones Tácticas Especiales (GATE) declaró luego en el juicio que había advertido episodios de violencia contra la adolescente durante las negociaciones.

Tras unas 59 horas, el secuestrador liberó a Nayara. Pero al día siguiente ocurrió uno de los episodios más cuestionados del operativo: la joven volvió al departamento para colaborar con las negociaciones, a pedido de la policía y tras una exigencia de Lindemberg. Una vez adentro, volvió a quedar retenida.

El desenlace fatal

La tarde del 17 de octubre, después de más de 100 horas de cautiverio, los efectivos del GATE decidieron ingresar por la fuerza. La versión policial indicó que escucharon un disparo desde el interior, lo que motivó el avance. La puerta fue volada y, en medio de la intervención, se produjeron los disparos que terminaron con la vida de Eloá.

La adolescente recibió dos impactos: uno en la cabeza y otro en la ingle. Fue trasladada de urgencia al Hospital Municipal de Santo André, donde al día siguiente los médicos confirmaron su muerte cerebral. Su familia decidió donar los órganos. Nayara también resultó herida, pero sobrevivió y se convirtió en una de las principales testigos del caso.

Lindemberg fue detenido en el lugar y quedó a disposición de la Justicia. La investigación lo acusó de homicidio doloso calificado, dos intentos de homicidio, disparos de arma de fuego y otros delitos.

Un juicio que dejó preguntas

El operativo estuvo bajo la lupa desde el principio. Uno de los puntos más criticados fue la decisión de hacer regresar a Nayara al lugar del cautiverio. Años después, la Justicia condenó al Estado de San Pablo a indemnizarla por los daños sufridos.

También hubo versiones contrapuestas sobre el disparo que habría desencadenado la intervención policial. Mientras la policía sostuvo que escuchó un tiro antes de entrar, el testimonio de Nayara contradijo esa versión.

El juicio comenzó en febrero de 2012. Durante cuatro jornadas declararon 13 testigos. Lindemberg reconoció haber disparado contra Eloá, pero aseguró que no tuvo intención de matarla y que actuó de manera impulsiva al creer que la joven intentaría quitarle el arma. Los jurados no le creyeron y lo hallaron culpable del homicidio de Eloá, del intento de homicidio de Nayara y del policía Atos Valeriano, entre otros delitos.

El 16 de febrero de 2012, la jueza Milena Dias lo sentenció a 98 años y 10 meses de prisión. Un año después, el Tribunal de Justicia de San Pablo redujo la pena a 39 años y tres meses. En 2021, Lindemberg obtuvo la progresión al régimen semiabierto y permanece actualmente en la Penitenciaría II de Tremembé.

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