Juntó botellas en la calle durante 25 años: con qué las rellena para que aguanten siglos
Un alemán radicado en Honduras encontró en las botellas tiradas en la calle la materia prima para levantar viviendas a una fracción del costo habitual. Con dos personas alcanza para construir una casa entera, y lo que se mete adentro de cada envase es lo que las vuelve casi indestructibles.
Un hombre sin título de ingeniero cambió la forma de entender la construcción en buena parte de Centroamérica. Andreas Froese, alemán radicado en Honduras, empezó a juntar botellas de plástico tiradas en baldíos y espacios públicos y las transformó en ladrillos: hoy levanta viviendas hasta un 40% más económicas que las tradicionales.
La idea nació en 2001, cuando Froese —formado en ciencias sociales— advirtió dos cosas al mismo tiempo: la cantidad de envases que se acumulaban en la vía pública y la dificultad que tenía la gente de la zona para acceder a una casa propia. Ahí decidió unir ambos problemas en una sola solución.
Con el tiempo, y pese al escepticismo de los profesionales del rubro, fundó la empresa Eco-Tec para difundir un método que combina bajo costo y cuidado del ambiente.
Qué se mete dentro de cada botella
El procedimiento es tan simple como ingenioso. Las botellas se rellenan con arena, tierra u otro material que haya a mano y después se compactan hasta que alcanzan su máxima dureza. Así, un envase blando y liviano se convierte en una pieza firme, apta para sostener una pared.
De acuerdo con las estimaciones de los especialistas, este sistema permite recortar un 40% de los gastos de una obra convencional. La razón es doble: la materia prima cuesta muy poco y la mano de obra necesaria es mínima. De hecho, con apenas dos personas suele alcanzar para levantar una casa ecológica.
Así se arma la estructura
Las botellas se colocan acostadas, en hileras, y se atan entre sí con precintos plásticos. Entre una fila y otra se aplica mortero para que todo quede nivelado y firme. Luego se suma un revestimiento que cubre los envases y les da un acabado igual al de una construcción con ladrillos comunes: a simple vista, nadie nota la diferencia.
En obras de mayor tamaño sí hacen falta pilares y refuerzos que aseguren la estabilidad. La resistencia final no depende solo de las botellas, sino también de las uniones, los materiales complementarios y las condiciones del suelo.
La casa que se hizo con 8 mil botellas
Uno de los proyectos más citados de Froese es la llamada Casa Ecológica, levantada cerca de Tegucigalpa, la capital hondureña. Para construirla se usaron más de 8 mil botellas rellenas con unos 12 metros cúbicos de tierra, y todo el trabajo lo hicieron apenas dos operarios.
La técnica es versátil: sirve también para aulas, muros, galpones y cisternas de unos 3500 litros de capacidad.
El atractivo principal es el ahorro. Las botellas se consiguen con campañas de recolección masiva y el relleno se hace con material disponible en el lugar. Incluso si hay que comprar la arena, el gasto sigue siendo mínimo. Además, se dejan de comprar los insumos más caros y se aprovechan residuos que de otro modo terminarían en basurales o en la calle.
El beneficio ambiental no es menor: la acumulación de plásticos es uno de los problemas más graves que enfrentan las ciudades en la actualidad.
Cuánto pueden durar
Según Froese, si las casas se construyen siguiendo las pautas del método y reciben un mantenimiento adecuado, las estructuras pueden resistir cientos de años. Los ladrillos de plástico, sostiene, aguantan décadas sin deteriorarse.
Foto: Eco Tec Soluciones Habitacionales