Un geólogo del CONICET salió a responder la pregunta que muchos se hacen cuando llueve sin parar en Jujuy. La respuesta sobre los sismos sorprendió, pero su advertencia apuntó a otro lado: el agua.
El geólogo e investigador del CONICET Juan Pablo Villalba puso blanco sobre negro sobre uno de los debates que más circulan cuando arrecian las lluvias: si el fenómeno de El Niño puede o no desencadenar movimientos sísmicos. Su respuesta, en diálogo con Canal 4, fue tajante a la hora de separar aguas.
El especialista, que también da clases en la universidad, aprovechó la entrevista para distinguir dos procesos que suelen confundirse y para señalar cuál es la verdadera amenaza que enfrenta la provincia en esta temporada.
Terremotos y clima: dos mundos distintos
La pregunta que muchos se hacen ante cada evento climático extremo es si existe un hilo que una las lluvias con los temblores. Villalba fue claro: se trata de fenómenos de naturaleza diferente.
Los sismos nacen de procesos internos de la Tierra, los llamados endógenos, atados al movimiento de las placas tectónicas y a la liberación de tensiones que se acumulan bajo la superficie.
"Los terremotos se producen justamente por movimientos desde el interior de la Tierra", señaló el investigador.
El Niño, en cambio, responde a dinámicas climáticas donde interactúan los océanos y la atmósfera. Por eso, remarcó Villalba, el fenómeno no provoca terremotos de manera directa: los sismos obedecen fundamentalmente a procesos tectónicos.
La provincia, de todos modos, está asentada en una zona cordillerana con actividad sísmica propia, ligada al movimiento de placas y sin relación con lo que marque el clima.
La geografía jujeña y el reparto de las lluvias
Al analizar el territorio provincial, el geólogo subrayó que Jujuy tiene características geográficas que condicionan cómo se distribuyen las precipitaciones.
La Cordillera Oriental funciona como una barrera natural que frena el ingreso de humedad. Eso explica las enormes diferencias entre las zonas húmedas del este y las áreas áridas de la Puna.
Villalba trajo a la memoria el período 2015-2016, cuando se registraron condiciones de alta humedad en la provincia, con lluvias incluso en meses que suelen ser más secos.
El Niño está asociado al aumento de la temperatura de las aguas del Pacífico ecuatorial, lo que modifica la circulación atmosférica y puede alterar los patrones de lluvia. Aun así, el especialista aclaró que sus efectos no se reparten por igual en todas las regiones jujeñas.
El riesgo que sí preocupa: el agua
El punto central de la entrevista fue la advertencia sobre lo que pueden dejar las precipitaciones intensas.
"El riesgo principal que tenemos hoy es el riesgo hídrico y, particularmente, con este fenómeno de El Niño, ese riesgo aumenta", sostuvo Villalba.
El geólogo explicó que muchas localidades jujeñas están asentadas en valles cerrados, en numerosos casos cerca de ríos o directamente sobre antiguos cauces.
En San Salvador de Jujuy, una parte importante de la ciudad se levanta sobre terrazas del Río Grande, que son antiguos niveles del curso de agua. También hay construcciones en sectores donde antes corrían ríos o arroyos, y las crecidas pueden recuperar esos espacios y causar daños.
El investigador recordó antecedentes de erosión, daños en infraestructura y fenómenos de remoción de materiales en distintos puntos de la provincia.
Suelos saturados, un peligro extra
Las lluvias persistentes de las últimas semanas ya saturaron de agua suelos en diferentes sectores de Jujuy. Eso puede agravar los riesgos ante nuevas precipitaciones, porque el terreno pierde capacidad de absorción.
"Cuando se satura el suelo de agua significa que el agua va a correr, va a escurrir por arriba", explicó.
Ese escurrimiento superficial puede generar erosión, arrastrar sedimentos y desencadenar movimientos de materiales en zonas de pendiente. Por eso el especialista insistió en la importancia de mirar con atención el estado del terreno y los sectores cercanos a ríos y cauces naturales.
Qué puede pasar en la Puna
Villalba también se metió con las particularidades del fenómeno en las zonas de mayor altura. La Cordillera Oriental limita el avance de la humedad hacia el oeste, de modo que las precipitaciones pueden comportarse de manera muy distinta entre los Valles, la Quebrada y la Puna.
En ese marco, señaló que El Niño suele asociarse con condiciones más secas en la Puna, aunque no descartó lluvias importantes si las masas de aire húmedo logran superar las barreras montañosas.
"Si puede pasar a la Puna puede llegar a ser un año lluvioso en la Puna, pero por lo general El Niño genera sequía en la Puna", indicó.
Por último, contó que su equipo instaló tres estaciones meteorológicas en Jama, Catua y San Antonio de los Cobres para monitorear las condiciones climáticas de la región. Para el especialista, contar con observaciones y mediciones locales es clave para entender cómo puede evolucionar el fenómeno y medir sus consecuencias en Jujuy.