JP Morgan ya lo hizo en 2018 y ahora volvió a dar la señal que Caputo conoce de memoria
¿Qué encontró JP Morgan en los números argentinos para recortar su previsión de crecimiento y hablar de recesión? El informe que reavivó el fantasma de 2018 y puso en alerta a Caputo.
El banco más influyente de Wall Street recortó su previsión de crecimiento para la Argentina al 1,5% y advirtió que la economía puede entrar en recesión. El informe cayó como un balde de agua fría sobre el programa de Javier Milei y Luis Caputo, justo cuando el riesgo país acumula una suba superior al 50% en menos de tres meses.
Hace menos de un año, Jamie Dimon, el número uno mundial de JP Morgan, desembarcaba en Buenos Aires en una señal inequívoca de respaldo al Gobierno. El CEO local del banco, Facundo Gómez Minujín, es uno de los financistas más entusiastas del proyecto libertario. Nada de eso impidió que el último informe a sus clientes fuera demoledor.
El fantasma de 2018
Hay un antecedente que Caputo, exempleado de JP Morgan, conoce bastante bien. A fines de abril de 2018, durante el gobierno de Mauricio Macri, el banco decidió desprenderse de sus tenencias de Lebac, comprar dólares y retirarse del mercado local.
El 25 de abril de aquel año, una orden para salir de las Lebac y comprar más de 800 millones de dólares llegó a la mesa de operaciones del Banco Central. Otros fondos siguieron el mismo camino y desarmaron sus posiciones de carry trade. El BCRA terminó vendiendo 1472 millones de dólares de reservas ese día. La corrida cambiaria que se abrió entonces terminó con el regreso del Fondo Monetario Internacional.
La historia no es idéntica porque el FMI ya está presente en la economía argentina. Pero deja una lección: el respaldo de los grandes bancos internacionales a un gobierno, por más simpatía ideológica que exista, no es un cheque en blanco cuando se deterioran las expectativas de negocio.
Del 2,6% al 1,5%: el giro del diagnóstico
En septiembre de 2026, JP Morgan volvió a mover el tablero. Después de proyectar un crecimiento del 2,6% y contemplar una eventual mejora de la calificación de la deuda argentina, recortó al 1,5% su previsión de expansión para este año. La caída de la actividad en julio superó sus cálculos y ahora advierte sobre la posibilidad de dos trimestres consecutivos de contracción. Es decir, recesión.
¿Por qué sube el riesgo país si Milei y Caputo aseguran que las cuentas fiscales están ordenadas y la inflación bajó? La respuesta está en el deterioro de la economía real y en las dificultades crecientes para conseguir los dólares destinados a pagar la deuda. Las tensiones que ya se veían en la producción, el empleo y los ingresos comenzaron a golpear el frente financiero.
El riesgo país mide el rendimiento extra que exigen los inversores para sostener bonos soberanos frente a títulos comparables del Tesoro estadounidense. El 10 de julio estaba en unos 400 puntos básicos. El viernes 25 de septiembre cerró en 609, tocó un máximo de 642 y el martes 29 terminó en 607 puntos.
Hay factores internacionales: la suba de los rendimientos de la deuda estadounidense y el ajuste de la Reserva Federal, con perspectivas de otro aumento antes de fin de año. Pero esos movimientos no impactaron por igual en toda la región. El pobre desempeño de la economía real bajo el gobierno de Milei contribuyó al castigo que recibieron los activos argentinos.
Los números que duelen
El INDEC informó que la actividad cayó 2,9% en julio respecto de junio, en términos desestacionalizados, y 1,4% interanual. La industria manufacturera retrocedió 4,6% frente a un año atrás y el comercio, 5,1%. El PIB ya había bajado 0,6% en el segundo trimestre. Si el tercero vuelve a ser negativo, se declarará oficialmente la recesión.
El deterioro no se limita a la producción. La pobreza pasó de 28,2% en el segundo semestre de 2025 a 32,3% en el primero de 2026; la indigencia, de 6,3% a 7,5%. El desempleo llegó al 7,9%. Menos ingresos reducen el consumo, las empresas venden menos y les cuesta más cumplir sus compromisos. La morosidad asfixia el presupuesto de las familias y pone en la cornisa a comercios e industrias.
¿De dónde saldrán los dólares para 2027?
El informe “¿Por qué sube el riesgo país?”, de la consultora PxQ que dirige Emmanuel Álvarez Agis, combina un contexto internacional menos favorable con dos señales locales: el menor ritmo de compra de dólares para las reservas del Banco Central y el encarecimiento de la deuda en dólares que el Tesoro pretende colocar en el mercado doméstico.
El Programa Financiero 2027 contempla necesidades por 24.900 millones de dólares. Entre las fuentes previstas figuran 4900 millones que el Tesoro compraría al Banco Central y otros 5000 millones mediante emisiones de Bonares en el mercado local. Casi 10.000 millones dependen de que la autoridad monetaria siga sumando divisas y de que los inversores acepten prestar dólares a tasas razonables. Ambas condiciones comenzaron a debilitarse.
PxQ calcula que en septiembre el BCRA compró en promedio apenas 14 millones de dólares por día, frente a 38 millones en agosto y 137 millones diarios entre abril y junio. El plan oficial supone colocar alrededor de 5000 millones mediante Bonares, pero las tasas exigidas para los vencimientos próximos treparon a niveles de dos dígitos. El Tesoro dejó de usar esos instrumentos en sus últimas licitaciones para no convalidar la suba. Si hoy resultan demasiado caros, ¿qué garantiza que puedan financiar los montos previstos para 2027?
El escenario que describe PxQ es un círculo vicioso. Menos reservas y un contexto externo adverso dificultan la baja del riesgo país. El riesgo país elevado mantiene restringido el financiamiento internacional. Sin esa alternativa, el Tesoro depende aún más del BCRA y del mercado local. Pero ese mercado también exige rendimientos crecientes.
La tensión que se viene
La presión cambiaria aumentará a medida que se acerque 2027, año electoral. En agosto pasado, 1,7 millones de personas compraron 2853 millones de dólares para ahorrar. Esa demanda privada limita la acumulación de reservas del Banco Central en un escenario de incertidumbre política y financiera.
Los ahorristas buscan cobertura. El Tesoro necesita divisas para pagar la deuda mientras se encarecen las emisiones de títulos públicos. El panorama cambiario entra en zona de estrés porque la demanda privada y las necesidades del sector público compiten por la misma fuente de dólares.
Según PxQ, un deterioro significativo del mercado local de capitales podría obligar al Banco Central a usar una parte sustancial de las reservas compradas durante 2026. El Gobierno queda ante alternativas con costo: si mantiene el ancla cambiaria y compra menos dólares, debilita una fuente de financiamiento para 2027; si permite mayor flexibilidad del tipo de cambio para acumular reservas, se expone a un traslado a precios; si convalida tasas más altas para refinanciar obligaciones, encarece la deuda.
El programa de Milei encierra una paradoja: la búsqueda de estabilidad financiera mediante el ajuste termina debilitando las condiciones necesarias para sostener esa misma estabilidad. La economía real muestra los costos desde hace meses. Ahora las tensiones llegaron también al mercado financiero, donde el Gobierno encontraba hasta hace poco las señales de aprobación de su rumbo.
En 2018, JP Morgan se retiró después de haber acompañado el programa de Macri. En 2026, su cambio de diagnóstico advierte sobre el deterioro de las condiciones que sostuvieron el entusiasmo por los activos argentinos. Wall Street puede financiar un programa económico durante un tiempo, pero no se compromete a sostenerlo para siempre. La banca dio otra vez la señal de largada. Esta vez, la corrida no es para apostar por activos argentinos, sino para abandonar el barco escorado del experimento económico de Milei.