Isabel trabaja la tierra en San Pedro y responde a quienes la discriminan: "De ese trabajo nuestro se están alimentando"
Isabel Barreto sostiene la chacra de Colonia Alegría mientras su esposo se recupera de una operación de columna. En el Día de las Mujeres Rurales, apuntó contra quienes las discriminan por sus manos y su ropa: "De ese trabajo nuestro se están alimentando".
Isabel Barreto tiene 56 años, vive en Colonia Alegría, en San Pedro, y sostiene buena parte de la producción de su chacra mientras su esposo atraviesa problemas de salud. En el Día Internacional de las Mujeres Rurales, su historia muestra cómo la diversificación se convirtió en una herramienta para seguir adelante.
Manos fuertes, rostro curtido por el sol y una sonrisa que aparece cuando habla de lo que produce la tierra. Así describe El Territorio a Isabel Barreto, una productora de Colonia Alegría, en San Pedro, que encontró en la diversificación de su chacra una forma de mejorar los ingresos familiares y de hacer frente a los problemas de salud de su esposo.
Su caso no es aislado. En buena parte de las familias agrícolas del municipio las tareas todavía se hacen de manera manual, con herramientas sencillas y la fuerza del propio cuerpo. En ese contexto, las mujeres van asumiendo cada vez más responsabilidades, tanto en la producción como en la administración de los recursos y el cuidado de la casa.
Una familia que no baja los brazos
Isabel lleva 39 años junto a Miguel Ángel, de 63, y es madre de cinco hijos: Mónica, Gustavo, Vanessa, Antonio y Nicolás. Las dificultades económicas y los problemas de salud de su compañero la llevaron a hacerse cargo de buena parte de las actividades productivas de la chacra, sin perder la esperanza ni las ganas de trabajar.
"No es fácil ser productora, pero con la bendición de Dios y la ayuda de toda mi familia estamos saliendo adelante, a pesar de habernos tropezado con muchas dificultades por problemas de salud", contó Isabel a El Territorio.
Miguel Ángel fue operado de la columna y hoy atraviesa otros problemas de salud que limitan su participación en las tareas más exigentes. Isabel lo acompaña cuando él puede colaborar en las plantaciones y se ocupa de sostener la producción.
Cultivos, conservas y derivados lácteos
En su chacra cada cultivo es una oportunidad. Las plantaciones de pepino, mandioca y frutilla se combinan con la elaboración de alimentos que permiten aprovechar las frutas de estación y conseguir ingresos extra.
Entre sus productos hay mermeladas, pepinillos, mamón y frutillas en almíbar, además de otras conservas. Cuando tiene leche, también prepara quesos, ricota, crema y dulce de leche. La recolección de huevos y el cuidado de los animales completan la rutina.
El único ingreso mensual fijo que no sale de la producción es una prestación que percibe Miguel Ángel por su condición de exsoldado. Todo lo demás depende de lo que la familia logre cultivar, elaborar y vender.
"Soy una mujer que no paro. Vivo el día a día. Cuando tengo vacas de leche, hago queso, hago ricota, dulce de leche", relató.
Ni los días de lluvia son una pausa completa: cuando el tiempo impide trabajar a cielo abierto, Isabel aprovecha para limpiar y cosechar las frutillas dentro del invernadero.
Alimentos sanos y recuperación de especies nativas
La diversificación no es la única apuesta. Isabel también incorpora prácticas para cuidar la calidad de los alimentos y preservar los recursos naturales de su chacra. En el cultivo de frutillas, por ejemplo, usa tierra del monte y busca mantener una producción saludable tanto para su familia como para quienes le compran.
"Yo cuido mucho mis productos para poder vender. Lo que nosotros producimos es una bendición, una alimentación sana", expresó con orgullo.
Otro de sus proyectos es la recuperación de especies nativas, sobre todo árboles frutales que considera importantes para las próximas generaciones. La iniciativa tiene un significado especial para ella: no se trata solo de producir en el presente, sino de conservar parte de la riqueza natural de la zona para sus nietos y bisnietos.
"Estamos haciendo recupero de plantas nativas. Estamos plantando para el futuro de nuestros nietos, para que el día de mañana, cuando sean grandes, conozcan lo que son las plantas de frutas nativas", explicó.
En su chacra también conserva plantas medicinales, cuyos usos forman parte de los conocimientos tradicionales que siguen vigentes en el ámbito rural.
El reclamo de un trabajo que no siempre se valora
La historia de Isabel visibiliza el esfuerzo de tantas mujeres que trabajan la tierra y que, además de producir alimentos, cuidan a sus familias, buscan alternativas económicas y transmiten sus saberes a las generaciones que vienen.
En las colonias misioneras ese protagonismo también se expresa en organizaciones campesinas, cooperativas y asociaciones que buscan mejorar las condiciones de vida de las familias rurales. Desde esos espacios, las mujeres impulsan iniciativas vinculadas a la producción y al cuidado del ambiente.
Sin embargo, Isabel reconoce que el trabajo rural no siempre recibe la valoración que merece. Detrás de cada alimento que llega a una mesa hay jornadas largas, manos lastimadas y ropa marcada por la tierra, una realidad que muchas veces pasa inadvertida.
"Muchos dicen que las mujeres del campo andan sucias, pero nuestra suciedad del campo es para beneficio de muchos del pueblo. A veces nos discriminan, miran nuestras uñas, nuestra manera de vestir, pero de ese trabajo nuestro se están alimentando", manifestó.
Lejos de avergonzarse de sus manos marcadas por la tarea diaria, Isabel encuentra en ellas el reflejo de todo lo que consiguió junto a su familia.
En una fecha dedicada a reconocer el apoyo de las mujeres rurales, su mensaje apunta a quienes atraviesan dificultades y sienten que el esfuerzo cotidiano pesa demasiado.
"El día a día de la mujer rural es pesado, pero si no bajamos los brazos, salimos adelante con nuestro trabajo, con nuestras plantaciones. Por eso digo a las mujeres rurales que no bajen los brazos. Trabajar la tierra es salud para nosotras", expresó.
Con la satisfacción de ofrecer alimentos producidos en su propia chacra y la fe que la acompaña en los momentos difíciles, Isabel dejó un mensaje para las mujeres de Misiones y de otras regiones que comparten su realidad.
"Por ahí alguien dice que en la chacra se sufre. Sí, se sufre, pero lo que nosotros producimos es una bendición, una alimentación sana. A no bajar los brazos, mujeres rurales de Misiones y de todo el mundo", concluyó.