Increíble en La Ciudadela: San Martín lo empató sobre la hora y Temperley lo dejó helado en la última jugada
Lo empató en el minuto 46 del segundo tiempo y en la última jugada del partido, Temperley le arrebató la victoria. ¿Cómo reaccionó la hinchada?
El "Santo" vivió una montaña rusa de emociones en el José Fierro: lo dieron vuelta, lo empataron agónicamente y, cuando todos cantaban el punto, un gol en el minuto 98 los dejó sin nada. Temperley se llevó un triunfo 2-1 que lo consolida como escolta y deja a San Martín con las manos vacías.
Un golpe tempranero y un primer tiempo para el olvido
El partido arrancó cuesta arriba para el equipo de Alejandro Orfila. A los 8 minutos, una jugada asociada de Temperley que la defensa tucumana no pudo descifrar terminó en el cabezazo de Facundo Kruger para el 1-0. San Martín se mostró impreciso y desorientado, especialmente en el mediocampo, donde la dupla Granero-Briñone fue superada constantemente.
Gabriel Carabajal no gravitó y los volantes centrales fallaron pases en cadena. Solo Bruno Cabrera, con algunas escapadas por derecha, intentó generar peligro, pero Álvaro Veliez y Diego Diellos estuvieron desaparecidos en ataque. El local casi regala el segundo en dos pérdidas con el equipo mal parado.
Empuje sin ideas y un espejismo de esperanza
En el complemento, San Martín fue a buscar el empate pero sin claridad. Centros al área que la zaga visitante despejaba sin problemas. La hinchada, aunque cantó el clásico "Movete, Santo, movete", mostró más nervios que furia. Orfila mandó a Nicolás Castro para darle algo de creación, pero el equipo siguió expuesto a las contras de Temperley, que perdonó dos veces.
Cuando todo parecía perdido, a los 46 minutos del segundo tiempo, un remate de Castro desde afuera del área fue mal manejado por el arquero visitante, y Mauro Verón aprovechó para decretar el 1-1. La Ciudadela estalló: parecía el premio a la perseverancia.
El mazazo final: el gol que dejó helado a todos
Pero en la última jugada del partido, con San Martín desarmado en el fondo, Temperley aprovechó el caos. Marcos Echeverría, solo en el área, puso el 2-1 definitivo. El silencio sepulcral en las tribunas contrastó con la algarabía visitante. El plantel se retiró sin aplausos ni abucheos, mientras la gente procesaba la incredulidad.
El premio fue excesivo para un Temperley que solo esperó el final. San Martín remó y remó, pero terminó muriendo en la orilla.