Iba a pasar Navidad con su papá, el avión se partió en el aire y ella cayó 3.000 metros: 11 días después apareció
El avión se partió en el aire, ella cayó 3.000 metros atada a su asiento y despertó sola en plena selva. Lo que encontró para sobrevivir durante 11 días es lo que nadie esperaba.
Juliane Koepcke tenía 17 años cuando el Lockheed L-188A Electra en el que viajaba se desintegró en pleno vuelo. El rayo que impactó la nave durante una tormenta eléctrica la lanzó al vacío, atada a su asiento, sobre la selva amazónica. Fue la única persona que salió con vida de las 92 que iban a bordo.
La joven viajaba con su madre desde Lima hacia Pucallpa, en Perú, para pasar Navidad con su padre. Faltaban pocos minutos para aterrizar cuando la turbulencia se volvió incontrolable. El avión se rompió en el aire y Koepcke cayó 3.000 metros.
“El siguiente recuerdo que tengo es que ya no estaba dentro de la cabina. Estaba afuera, al aire libre. Yo no había salido del avión; el avión me había dejado a mí”, contó años después.
El descenso y el despertar en la selva
Durante la caída perdió el conocimiento. Cuando volvió en sí, una hora más tarde, estaba atrapada debajo del asiento. El impacto le provocó una fractura de clavícula, una lesión en una rodilla, una herida en el brazo y golpes varios, pero podía caminar.
Sus padres eran investigadores y ella había vivido un tiempo en una estación biológica de la Amazonia, así que conocía el terreno. Al escuchar agua, decidió seguir su curso: su padre le había enseñado que un arroyo podía llevarla a un río más grande.
Con esa única guía, avanzó durante días. Había perdido un zapato y sus anteojos, y tenía un ojo inflamado. Lo único que encontró para comer fue una bolsa con 30 caramelos, su sustento hasta que el río la condujo a la civilización.
El rescate, once días después
Tras diez jornadas caminando por la selva, Koepcke encontró una embarcación junto al río. Siguió un sendero, llegó a una cabaña y pasó la noche allí. Al día siguiente, un grupo de hombres la llevó en canoa hasta un pueblo, donde recibió atención médica.
El accidente dejó 91 muertos. Koepcke fue la única sobreviviente. Años más tarde eligió mantener su vínculo con la Amazonia y dedicó parte de su vida a la conservación de la selva peruana.