Historias de Bariloche que no están en los libros: un taller las rescata de la memoria de los vecinos

Cada viernes, un grupo de vecinos se reúne para compartir recuerdos que no figuran en ningún libro. Hay un detalle que hace especial a este espacio: el participante más grande tiene 92 años.

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Historias de Bariloche que no están en los libros: un taller las rescata de la memoria de los vecinos
Historias de Bariloche que no están en los libros: un taller las rescata de la memoria de los vecinos

Un taller en Bariloche reúne cada viernes a vecinos que comparten relatos y vivencias que no figuran en los libros de historia tradicionales. La propuesta, llamada “Descubriendo Bariloche: las (micro) historias contadas por sus protagonistas”, está coordinada por Anabella Marrapodi y busca reconstruir la identidad local a través de un “diálogo de saberes”.

María Eugenia Quel, de 63 años, es una de las participantes. “Descubrí medio tarde en mi vida que la historia me fascina”, admitió. Nacida en Buenos Aires, vive en la ciudad desde hace 36 años y confesó que no conocía mucho de su historia. Cuando su hija se fue a estudiar a la capital, notó que en cada visita disfrutaba la ciudad “desde un lugar más observador, a través del arte, la cultura y la historia”. Entonces decidió que no quería que le pasara lo mismo con Bariloche.

Los encuentros, que se realizan en el edificio Malvinas Argentinas de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN), en Anasagasti 1463, convocan cada viernes de 13 a 15 a entre 25 y 30 personas. El grupo es heterogéneo: hay quienes trabajaron toda su vida y también profesionales como ingenieros, contadores, médicos y docentes. La edad no es un límite: el estudiante más grande tiene 92 años.

Un espacio de escucha

El taller nació en 2023, a partir de una experiencia personal de Marrapodi. “Había fallecido mi papá y una noche desperté sintiendo que había que generar un espacio de escucha para vecinos invisibilizados por la vorágine del día a día”, recordó. La licenciada en Administración Hotelera y Turismo, que vive en Bariloche desde hace 22 años y es docente desde hace dos décadas, pensó el proyecto primero desde lo turístico, pero con el tiempo se abrió a las historias de la vida cotidiana.

“Trabajar con adultos es gratificante y, a la vez, ellos encuentran un espacio de escucha y para poder contar”, señaló. La dinámica es simple: Marrapodi propone un tema o disparador y los participantes comparten sus recuerdos. “Siempre hago hincapié en que todo lo que hablamos y aprendemos no lo podemos rescatar de ningún libro de la biblioteca. Son historias locas y espontáneas, no planificadas”, explicó.

Los temas son variados: desde cómo los barilochenses llegaban a la escuela bajo intensas nevadas décadas atrás, hasta cómo se esquiaba con alpargatas, la fauna exótica que avanza en la ciudad o cómo se las arreglaban antes sin recolección de residuos. “La frase recurrente con que me topo es ‘no tengo ninguna historia’. Pero dura poco, porque en seguida afloran relatos maravillosos”, contó.

Historias que dejan huella

Detrás de cada relato hay una experiencia de vida. Una de las participantes, hoy jubilada, trabajó más de 50 años como dibujante en la tradicional Cerámica Bariloche y contó que en 1948 plantó uno de los primeros pinos en la Costanera, los mismos que fueron removidos meses atrás.

Liliana Schiavo, guía de turismo del parque nacional Nahuel Huapi, de 72 años, destacó que el taller le permitió “conocer a muchos pobladores nacidos acá que aportaban sus historias de vida, recuerdos, datos que nadie registró”. Omar Guiragossian, acuicultor de 64 años, resumió el espíritu del espacio: “Uno tiene tanto que compartir y no hay muchos espacios para expresarse. A veces se desbordan las emociones por historias dignas de contar. Se trata de poder aportar, dejar un legado y bendecir a otros”.

María Eugenia contó que una compañera que trabaja en Patrimonio Histórico les aporta información valiosa. “He pasado 100 veces por una calle de Bariloche y no había registrado una casa antigua. Entonces le sacamos una foto, la mandamos al grupo de WhatsApp y después lo trabajamos en el taller. Esa capacidad de enseñarnos a observar es hermosa”, planteó.

Para este cuatrimestre, los planes incluyen elaborar un mapa del ejido municipal con más de 200 referencias de rincones históricos, muchos de los cuales ya no existen, y que cada participante escriba un anecdotario. “A fin de año la idea es armar un documento que sea el anecdotario 2026”, adelantó Marrapodi.

Mónica Rubelio, de 62 años, se sumó hace tres años porque le atraía “conocer un poco más, corroborar algunos datos que tenía sueltos, recordar viejos tiempos y conocer lo que me falta”. Celebró que la modalidad es “totalmente descontracturada” y que “a partir de una propuesta, de la profesora o de los compañeros, salen cosas maravillosas y se van desencadenando relato tras relato”.

La inscripción está abierta durante todo el ciclo, por lo que los interesados pueden sumarse en cualquier momento. El arancel es voluntario y las clases están destinadas a residentes de Bariloche mayores de edad.

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