Hipotecaron un terreno para comprar un horno y hoy venden un millón de snacks al año: la historia de tres primos de Cipolletti
¿Qué harías si tuvieras que hipotecar tu único terreno para comprar un horno? Tres primos de Cipolletti lo hicieron y hoy venden un millón de snacks al año. Conocé cómo una rodaja de manzana cambió sus vidas.
Tres primos de Cipolletti hipotecaron un terreno para comprar un horno industrial y hoy producen un millón de paquetes de chips de manzana al año. La historia de Fruch Patagonia empezó con una rodaja que hizo crunch y terminó en las góndolas de todo el país y el exterior.
Gastón Arcucci, Manuel Pucheta y Nicolás Olleac, todos licenciados en Alimentos, dejaron empleos estables para apostar por un snack que no existía en Argentina: el primer chip crocante de manzana horneada. La idea nació en charlas de auto por el Alto Valle de Río Negro, rodeados de las manzanas que definen la economía regional.
“Empezamos a hacer pruebas escondidos en la bodega con secadores y todo lo que se te ocurra”, relató Arcucci. Durante años probaron tecnologías, pero ninguna daba el resultado esperado. Hasta que un ensayo en Buenos Aires cambió todo. “Salió la primera rodaja que hizo crunch y se rompió. Ahí decidimos arrancar”, recordó.
Alquilaron una vieja despensa de casi 70 años en Cipolletti y la acondicionaron a pulmón. Con un solo horno, fabricaban entre 100 y 200 paquetes por día, combinando el emprendimiento con sus trabajos formales. La respuesta de los clientes los sorprendió: “La gente volvía y nos pedía de a diez paquetes”, explicó Arcucci.
El salto al vacío y la hipoteca
Para comprar el primer horno industrial, Arcucci hipotecó un terreno. El crédito demoró un año y medio y, cuando lo recibieron, el dólar ya se había disparado. “En ese momento eran $890.000. Lo hipotecamos a un dólar a $17 y cuando nos dieron ese monto el dólar estaba a $47”, contó. Aun así, los socios aportaron capital propio y en 2019 se sumó Olleac para impulsar el crecimiento.
Los errores fueron constantes. “El Excel decía que haríamos un millón de paquetes y hacíamos 30”, recordó. “Todo falló. El envase, el paquete, la cortadora que hizo puré, los hornos que no funcionaban. Pero le fuimos encontrando la vuelta”. Para Arcucci, el aprendizaje llegó por acumulación de errores.
De una despensa a una fábrica propia
Dos años después inauguraron una planta en General Fernández Oro. Hoy emplean a 20 personas y producen 1 millón de paquetes al año. La capacidad instalada permite hasta 250.000 paquetes mensuales, aunque el volumen efectivo ronda los 80.000. El crecimiento se sostiene con reinversión de utilidades. “Es difícil porque cada máquina nueva debe salir de las ventas”, explicó Arcucci.
La innovación clave fue un sistema de horneado que logra una textura crocante sin grasas. El producto es apto para celíacos, sin sodio, alto en fibra y libre de grasas. Se venden tres variedades: manzana roja, manzana verde y manzana roja sin azúcar en corte americano. “En las ferias la gente nos pregunta si es papa frita de manzana”, comentó Arcucci.
Los chips llegaron a cadenas como Jumbo, Disco, Carrefour y La Anónima, además de estaciones de servicio y dietéticas. También exportan a Brasil y Paraguay.
El valor de la familia
Durante los primeros años, padres, hermanos, tíos y primos colaboraban los fines de semana para preparar la producción. Esa identidad familiar se convirtió en el lema de la marca: “Cada familia tiene una historia, bienvenidos a la nuestra”.
“Si evaluamos el éxito de haber logrado desarrollar una idea que siempre tuvimos y que hoy se impone, somos un caso para seguir”, resumió Arcucci. Lo que empezó como una conversación recurrente entre primos hoy sale de una fábrica patagónica rumbo a góndolas de todo el país y el mundo.