Herederas de la montaña: el rol invisible de las mujeres en los arreos del norte neuquino

¿Quiénes son las mujeres que sostienen la trashumancia en el norte neuquino? Un trabajo invisible, una tradición que se apaga.

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Herederas de la montaña: el rol invisible de las mujeres en los arreos del norte neuquino
Herederas de la montaña: el rol invisible de las mujeres en los arreos del norte neuquino

Las crianceras del norte neuquino son mucho más que una postal que se repite cada año. Son las guardianas de una tradición ancestral que se niega a desaparecer, y su presencia en los arreos es vital para que la trashumancia siga viva.

Mientras las piñas se desplazan por las huellas hacia las altas montañas, ellas marchan a la par de los hombres. No solo cuidan y trasladan a los animales hacia las veranadas: también son las encargadas de cocinar cuando la caravana se detiene a descansar. Un trabajo doble que pocas veces se visibiliza.

¿Qué tareas realizan las crianceras durante el arreo?

Su labor no se limita al viaje. Durante el resto del año, las mujeres trabajan en el campo, recolectan leña para cocinar sus alimentos y atienden otras tareas propias de la vida rural. Son el sostén silencioso de una actividad que se transmite de generación en generación.

Sin embargo, hay otra realidad: muchas mujeres no viajan a las veranadas. Se quedan en la invernada junto a los hijos que asisten a la escuela, esperando el retorno de los hombres, quienes se ausentan por un período de cuatro a cinco meses. Una espera que también es parte del arreo.

Una tradición en riesgo

Como dicen en el norte, se trata de “raíces que no hay que cortar”. Pero la actividad es practicada en su mayoría por gente muy mayor, y cada vez se observa una menor presencia de mujeres crianceras en los arreos y en las huellas.

El trabajo es muy sufrido y va disminuyendo, ya sea por los alambrados como por las condiciones de los callejones de arreo. Aun así, todavía hay quienes tienen puesta la esperanza en la gente joven que quiera replicar año tras año esta práctica ancestral.

La lente del fotógrafo Martín Muñoz logró captar in situ imágenes que reflejan la labor que realizan diariamente estas mujeres, herederas de una vieja tradición que resiste contra el tiempo.

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