Guardó dijes de delfines en un maletín y hoy su marca da que hablar en Neuquén

Marlene guardaba dijes de delfines y cadenitas en un maletín que le había regalado una prima. Cuando se quedó sin trabajo, abrió ese maletín y empezó a armar collares. Hoy su marca neuquina se expande por todo el país.

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Guardó dijes de delfines en un maletín y hoy su marca da que hablar en Neuquén
Guardó dijes de delfines en un maletín y hoy su marca da que hablar en Neuquén

Una chapita de lata puede terminar siendo un collar, y una pieza de ajedrez, un aro. En Rainbowstar, los accesorios nacen de materiales insólitos y de una obsesión: que cada pieza refleje la personalidad de quien la usa.

Detrás de ese universo está Marlene Gómez, una neuquina de 26 años que arrancó con el emprendimiento en 2021 y que, cinco años después, sigue sumando ferias, clientes y proyectos.

De un maletín olvidado a las primeras gargantillas

El inicio no tuvo nada de planificado. Marlene tenía un maletín que le había regalado una prima, con anzuelos para aritos, telas y materiales que había juntado en cumpleaños y casamientos. Entre esas cosas había dijes de delfines, cadenitas y retazos sin destino.

Terminó el colegio, buscó trabajo y no lo consiguió. Entonces decidió darle uso a todo eso. Sumó elementos reciclados —como las chapitas de las latas, con las que empezó a hacer gargantillas de colores pasteles— y armó sus primeros accesorios. La meta era encontrar una salida laboral, pero también salir del aislamiento que había dejado la pandemia.

Así nació Rainbowstar, un nombre que combina su identificación con el arcoíris y las ganas de meter una paleta amplia de colores en cada creación.

La feria donde le vaciaron la mesa

La primera chance de mostrar lo que hacía llegó en una juntada de fans del anime y los videojuegos. Marlene llevó sus accesorios y algunos dibujos. La respuesta fue tan buena que la invitaron a otro encuentro. En esa segunda vez, el éxito se multiplicó.

"Me vaciaron toda toda la mesa", recuerda.

Ese empujón la llevó a sumarse a ferias como las de Arcos Romanos y Casita Emprendedora, además de encuentros de diseño, batallas de freestyle y convenciones de cultura otaku.

Piezas que no se parecen a ninguna otra

La originalidad es la marca de fábrica. Marlene hace collares, aros, gargantillas, corbatas intervenidas y ropa personalizada con tachas, cadenas y dijes cosidos a mano. Con el tiempo probó con alambres moldeados, pompones, puntillas y telas pintadas, siempre con elementos que encuentra fuera de lo común.

Su método suele ir al revés: primero elige los materiales que le gustan y después empieza a combinarlos hasta ver qué sale. Una cadena puede pedir un collar, un dije puede convertirse en el centro de unos aros y una mezcla de colores puede abrir un diseño nuevo.

También juega con los contrastes: después de una pieza gótica puede inspirarse en otra totalmente opuesta, con rosas, blancos y detalles delicados. Para ella, las dos conviven en la misma marca sin perder identidad.

Con los años aprendió a confiar en sus ideas, incluso cuando parecían demasiado extravagantes. Eso le permitió pasar de los materiales reciclados iniciales a cadenas por metro, dijes de mayor calidad y otros insumos que amplían el catálogo.

Clientes de todas las edades y ajustes en el momento

La idea es que cada persona encuentre algo propio. Marlene busca que sus accesorios se puedan usar todos los días y que quienes los eligen sientan que los representan. Sus clientes van desde niños y adolescentes hasta adultos mayores que buscan una pieza para usar o regalar.

La personalización es parte de la experiencia. Si a alguien le gusta un accesorio pero quiere cambiarle un dije, Marlene suele ofrecer hacerlo en el momento, sin costo extra, siempre que sea posible. También toma pedidos personalizados: conversa con cada cliente, conoce sus gustos, evalúa los materiales disponibles y presenta una propuesta acorde al presupuesto, sin obligación de compra.

De Instagram a una tienda online propia

Durante los primeros años, Instagram fue la vidriera principal (@rainbowstar_nqn). Marlene publicaba sus piezas y armaba catálogos virtuales con imágenes y precios para organizar las ventas. Cuando el emprendimiento creció, decidió dar un paso más y crear una página web.

La tienda online tomó forma el año pasado, después de asesorarse para aprender a gestionar envíos y llegar a compradores de otros puntos del país. Fiel a su estilo, personalizó cada rincón del sitio y cambia su estética según la época del año, con diseños especiales para Halloween o la primavera.

Lo mismo hace en las ferias: cuida la presentación del puesto y elige sus looks según la temática de cada evento. Para ella, cada detalle transmite la identidad de Rainbowstar y ayuda a conectar con quienes se acercan.

Una red de familia y amigos detrás de cada pieza

Detrás del crecimiento hay una red que acompaña a Marlene desde el principio. Su familia y sus amigos la ayudaron a invertir en materiales y la siguen en las ferias, desde el traslado de los productos hasta el armado del puesto. Un respaldo que fue clave para sostener el proyecto y por el que está muy agradecida.

Pero el emprendimiento también tiene un significado personal. Marlene contó que sufre de ansiedad y que crear accesorios le sirve para concentrarse en algo que disfruta, mantenerse activa, conectar con otra gente y encontrar motivación incluso en los momentos difíciles.

"El emprendimiento fue mi ave Fénix", confiesa.

El vínculo con los clientes ocupa un lugar central. Los mensajes de apoyo, las recomendaciones y el entusiasmo de quienes se acercan a su puesto son una fuente de alegría que la impulsa a seguir.

"A veces tengo ansiedad y recurro a pensar en esas cosas tan lindas que me dice la gente", contó.

Esas devoluciones le recuerdan que sus creaciones llegan a otras personas y generan algo más que una compra. Saber que sus accesorios gustan, que alguien se identifica con ellos y que sus ideas encuentran un lugar en los demás también es parte del motor.

Mayorista, local propio y más desfiles

Marlene tiene varios planes para Rainbowstar. Sueña con convertirse en mayorista, abrir su propio local y participar en más desfiles de moda y sesiones de fotos para que sus accesorios lleguen a nueva gente. También le gustaría sumar personas al emprendimiento y contratar a quienes la ayuden con la elaboración de las piezas, generando nuevas oportunidades de trabajo.

Después de cinco años, sabe que le queda mucho por aprender y que hay nuevas formas de hacer crecer la marca. Por eso sigue buscando espacios para mostrar sus diseños y ampliar sus posibilidades.

"Nunca se me ocurrió frenar", asegura.

Crecer, sin embargo, no significa dejar atrás lo que la distingue: la identidad que construye en cada accesorio, en las combinaciones que elige y en la libertad de crear piezas muy distintas entre sí.

"Creo que en cada accesorio estoy yo también un poquito. Dejo un poco de mí, un poco de mi cariño. Y eso me hace feliz".

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