Una enfermera termina su guardia, guarda el ambo en el bolso y se va directo a la cancha. Lo que armaron ella y sus compañeras en San Juan ya es el equipo más goleador de toda la liga.
Hay un momento, en las primeras horas del sábado, en el que el ambo blanco y los zuecos sanitarios vuelven al bolso. Afuera espera la camiseta azul, el short y los botines con tapones. Las alarmas de terapia intensiva y el trajín de una guardia entera quedan atrás: empieza el fútbol. Así arranca cada fin de semana para buena parte del plantel de Pandora FC, un equipo de la Liga F7 de San Juan en el que más de la mitad de las jugadoras son enfermeras.
Muchas llegan directo desde el hospital, sin pasar por la cama, con el cansancio encima. El destino es el predio de Elite Club, en Rawson. Y no importa el agotamiento: la pelota funciona como el mejor calmante.
La bandera que lo explica todo
El grupo mandó a confeccionar una bandera que cuelga cada sábado y que resume el espíritu del equipo: "Las penas de la guardia se olvidan en la cancha". No se trata de una frase poética. Es el día a día de mujeres que conviven con el dolor ajeno y la urgencia hospitalaria, y que esperan la llegada del sábado para reencontrarse en el verde césped.
"Más del cincuenta por ciento del equipo somos enfermeras. Trabajamos en el Sanatorio San Juan, en el Hospital Rawson, en el Marcial Quiroga, en la Clínica Santa Clara o haciendo internación domiciliaria. Las guardias a veces son interminables, pesadas, con situaciones muy duras. Por eso estamos esperando toda la semana que llegue el sábado para ir a jugar, para compartir, charlar y reírnos. El fútbol nos desconecta de todo", cuenta Andrea Lepez (37), licenciada en Enfermería, co-capitana, mediocampista y una de las fundadoras.
De los pasillos del sanatorio a la cancha
La historia de Pandora nació en 2023, entre pasillos sanatoriales. Andrea y su compañera Jésica Guerrero empezaron con partiditos informales después del trabajo. La inquietud creció cuando una colega les contó que existía la Liga Femenina F7. Sin dudarlo, salieron a reclutar compañeras de sala y amigas, armaron la lista de buena fe y debutaron en el Torneo Clausura de ese mismo año.
Los comienzos fueron duros. "No teníamos lugar fijo para entrenar: lo hacíamos en el Parque, en una plaza o donde encontráramos un pedacito de pasto. Ninguna era federada ni había jugado al fútbol en su vida, empezábamos todas desde cero. En ese primer torneo nos fue re mal, perdíamos todos los partidos y nos comíamos hasta veinte goles, pero ganamos muchísima experiencia y disfrutamos cada momento", recuerda Lepez entre risas.
Las goleadas en contra no las hicieron bajar los brazos. Al contrario: el grupo se templó. Descendieron a la B, tuvieron un breve paso por la máxima categoría y volvieron a bajar. Ahí entendieron que para dar el salto de calidad había que sumar orden y rodaje. La llegada de cuatro jugadoras federadas jerarquizó las líneas y potenció a las históricas del hospital.
Malabares con las guardias y un cuerpo técnico de familia
Organizar la semana es una verdadera ingeniería logística. Para compatibilizar las guardias nocturnas, el equipo fijó entrenamientos los martes y jueves en dos puntos estratégicos: un día en el Club Peñarol y otro en el Complejo Rivadavia.
La conducción técnica también tiene sabor a familia y servicio público. El entrenador principal es Mateo Jesús Cortez, penitenciario y pareja de Andrea, acompañado por Aaron Montori, pareja de otra futbolista. "Cuando Mateo tiene guardia nocturna en el Penal, Aaron se hace cargo de la práctica. Hacemos malabares con los horarios, pero el compromiso de las chicas es total", destaca la referente.
Hasta el nombre tiene su mística. Surgió por votación grupal, buscando alejarse de los clásicos prefijos europeos o tradicionales. "Queríamos algo original, que no se pareciera a los nombres de siempre. Después le buscamos el significado y nos encantó: la caja de Pandora representa aquello que guarda sorpresas y emociones inesperadas", explica Andrea.
Un presente demoledor: punta y récord de goles
La transformación deportiva ya no es una sorpresa, sino una realidad contundente. Cumplidas nueve jornadas en el predio Elite Club de Rawson, el conjunto marcha puntero de la Categoría B con 22 puntos (+19): siete victorias, un empate y apenas una derrota. Comparte la cima con Capra (+11).
Pero el dato más impactante no es la ubicación, sino el poder de fuego. Con 45 tantos a favor en nueve presentaciones (un promedio de 5 por partido), Pandora es el equipo más goleador de las tres divisiones de la liga.
El camino arrancó firme: victoria 4-1 sobre Olimpo Team, con doblete de Florencia Pérez y aportes de Maira Morales y Elizabeth Molina. En la fecha 2 llegó el único tropiezo, 4-1 ante Margaritas (gol de Morales). La recuperación fue inmediata: 6-1 a Puntineras Estudiantil (dos de Gisela Paredes y tantos de Melina Bustos, Molina, Gisela Palacio y Morales). En la fecha 4 protagonizaron un vibrante 8-7 ante Vikingas, con brillos de Pérez (3), Morales (2), Palacio (2) y Julieta Oliverio. En la quinta, 4-0 a La Fiori con dobletes de Molina y Bustos.
La segunda mitad mantuvo el vértigo. En la fecha 6 igualaron 5-5 frente a Champagnat, con triplete de Pérez y goles de Paredes y Morales. En la séptima superaron 5-1 a Los Ángeles con dobletes de Pérez y Palacio más un tanto de Paredes. En la octava vencieron 4-3 a Leonas F.C. con triplete consagratorio de Morales y un gol de Molina. Ayer, en la novena, golearon 8-4 a Minaster: cinco de Pérez, uno de Paredes, uno de Bustos y uno de Tejada.
La ofensiva implacable la encabezan Florencia Pérez (15 goles) y Maira Morales (9 tantos). Con una diferencia de gol de +19, Pandora sueña con el título y el ascenso directo a la A.
Así, las enfermeras demuestran que la resiliencia aprendida al pie de la cama del paciente también gana partidos. Entre turnos interminables y guardias pesadas, para las chicas de Pandora no existe mejor terapia que un abrazo de gol.