Guardaron 1100 neumáticos viejos y terminaron viviendo adentro con sus hijos
Durante más de una década fue el hogar familiar que se hizo famoso en la televisión. Ahora sus dueños la pusieron en venta y lo que dejaron atrás no es una casa cualquiera: 1100 neumáticos que alguna vez iban a la basura.
Una familia neozelandesa convirtió lo que muchos considerarían basura en el esqueleto de su hogar. Gus Anning y Sarah Rowe levantaron una casa de 1100 neumáticos reciclados en la península de Coromandel, Nueva Zelanda, y el resultado tiene cuatro habitaciones, tres baños y estacionamiento privado.
La construcción se terminó en 2015 y se hizo conocida al aparecer en el programa Grand Designs New Zealand, que conduce Chris Moller. Pasó más de una década y la propiedad volvió a ser noticia por otro motivo: sus dueños decidieron venderla.
Qué es el sistema Earthship
El proyecto se llama Earthship Te Timatanga y sigue el modelo de construcción sustentable Earthship, que mezcla materiales naturales y reciclados con sistemas pensados para aprovechar el agua y la energía disponibles en el lugar.
Los neumáticos se rellenan con tierra compactada y se usan para armar muros de gran espesor. Esa masa térmica ayuda a mantener una temperatura interior más estable y, al mismo tiempo, permite reutilizar residuos que de otro modo habrían ido a parar a un basural.
El diseño suma criterios de arquitectura solar pasiva: la orientación de la casa y la energía del sol se aprovechan para reducir la necesidad de calefacción y refrigeración artificial.
Cuánto mide el terreno y cómo es por dentro
La vivienda está sobre un terreno de aproximadamente 1,08 hectáreas, rodeada por el paisaje natural de Coromandel. Además de las cuatro habitaciones y los tres baños, tiene espacios destinados al cultivo de plantas.
Para los dueños, lo más valioso fue la experiencia de sus hijos. “Imagínense cómo fue para los niños. El más pequeño tenía un altillo. Podían cuidar y cultivar sus propias plantas fuera de sus habitaciones. Y pudimos verlos aprender desde pequeños cómo podían construir, y en realidad, cómo pueden hacer cualquier cosa si aprenden; su huella está en las paredes”, contó Rowe en diálogo con la revista Stuff.
Los voluntarios que se sumaron a la obra
Al proyecto se acercaron cientos de voluntarios, muchos de ellos desconocidos, que colaboraron con la construcción. Para Rowe, esa fue una de las mejores partes de todo el proceso: “Hicimos amigos para toda la vida con muchísimas personas de todo el mundo, y esa fue probablemente la parte más gratificante”.
La mujer también se refirió a lo que significó habitar esa casa: “Vivir aquí nos ha permitido prolongar nuestra vida. Hay algo mágico en lo saludable que es la casa para vivir. Y sabemos que alguien más la va a disfrutar”.
La venta
El anuncio de la inmobiliaria que comercializa la propiedad indica que la casa está en 189 Puketui Valley Road, Hikuai. El plazo para recibir ofertas vence el 9 de noviembre de 2026.