Guardaron 1100 neumáticos que iban a la basura: seis meses después, la casa que levantaron no tiene nada que envidiarle a una tradicional
Sarah Rowe y Gus Anning querían una casa distinta. Consiguieron 1100 neumáticos que iban camino al basural y, después de seis meses, empezaron a apilarlos. Lo que construyeron después...
Sarah Rowe y Gus Anning se propusieron construir su casa en Hikuai, en la península de Coromandel de Nueva Zelanda, con materiales que estaban destinados a un basural. El resultado: una vivienda de 240 metros cuadrados con cuatro habitaciones, tres baños y un amplio atrio.
Lo más llamativo del proyecto es que utilizaron unos 1100 neumáticos usados que, de no haber sido rescatados, habrían terminado enterrados en un vertedero.
Una idea que llevó años de planificación
La pareja no improvisó. Tres años antes de poner el primer neumático, empezaron a investigar alternativas de construcción sustentable. A ese período le siguieron dos años de planificación y, finalmente, nueve meses de obra para levantar la vivienda.
Conseguir los 1100 neumáticos les llevó alrededor de seis meses. Recorrieron distintos puntos hasta que dieron con cubiertas que estaban a punto de ser desechadas.
Durante la construcción, los neumáticos se apilaron, se rellenaron con tierra extraída del propio terreno y luego se revocaron para formar las paredes. En el proceso participaron decenas de voluntarios, que debieron aprender la técnica para colaborar.
Para las paredes internas, en tanto, aprovecharon ladrillos de barro sobrantes de otra obra. Los que estaban rotos no se tiraron: los trituraron y prepararon una mezcla para el revestimiento.
Cómo hace para ahorrar energía
El diseño sigue el concepto Earthship, un estilo de construcción que busca sacar el máximo provecho de los recursos naturales y reducir la dependencia de servicios externos.
El frente de la casa tiene una gran superficie vidriada inclinada que capta la energía solar. A eso se suman ventanas y conductos de ventilación subterráneos que refrescan los ambientes en verano y conservan el calor en los meses fríos.
La vivienda también aprovecha el agua de lluvia y cuenta con una terraza cubierta de casi 60 metros cuadrados. La única fuente de energía externa son las garrafas de gas que la pareja usa en la cocina.
Así, los dos neozelandeses convirtieron materiales descartados en un hogar familiar de cuatro habitaciones, pensado para las condiciones naturales del lugar y con un consumo energético mínimo.