Gastó 1.500 millones para ganar una elección y el Estado donde mudó sus empresas le dijo que no
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Gastó 1.500 millones para ganar una elección y el Estado donde mudó sus empresas le dijo que no

1.500 millones de dólares puestos en una sola elección y un Estado que le dijo que no en todos los casilleros: así terminó el gran apostador de la semana. Detrás, una trama que toca jubilaciones, un banco estatal y la caja de la ultraderecha continental.

El poder económico empieza a encontrar un freno. Tres episodios recientes lo muestran con claridad: la dura derrota del Partido Republicano en las elecciones de medio término en Estados Unidos, la caída de los Bolsonaro en Brasil con el triunfo de Lula y la pueblada en Paraguay tras la quiebra del banco Ueno, ligada al presidente Santiago Peña. En los tres casos, la reacción popular frente al malestar logró desbaratar los planes de la internacional de ultraderecha y de sus jefes reales: los supermillonarios.

Que esos avances se sostengan en el tiempo y no queden como un alivio pasajero depende de una sola cosa: la capacidad de organización y articulación popular, y de una dirigencia capaz de leer la época y estar a la altura de las demandas de la gente.

El hombre más rico del planeta, derrotado en su propio Estado

El gran perdedor de la semana fue, literalmente, el hombre más rico del mundo. Elon Musk puso 1.500 millones de dólares para quedarse con esta elección, entre aportes de campaña y la compra de una participación en CNN y CBS, dos de las señales de noticias más importantes del país.

Para dimensionarlo: es más plata que toda la fortuna de Lionel Messi. Para Musk, en cambio, representa apenas una fracción mínima de su patrimonio personal. Y esta vez no le alcanzó. Texas, el Estado históricamente republicano al que había mudado la operación de sus empresas, le dijo que no y votó demócrata en todos los casilleros. La próxima vez puede gastar 15 mil millones, si quiere, sin que le tiemble el pulso.

Riqueza extrema, malestar general y corrupción como sistema

El contraste entre ese nivel de acumulación en la punta de la pirámide y la malaria económica que golpea a los trabajadores —a quienes, en nombre del progreso ajeno, les quitan cada vez más— solo puede sostenerse con más represión y control interno, algo que las sociedades también rechazan.

El ingrediente que completa el cóctel es la corrupción a escala inédita. En el marco de la doctrina Donroe, no es un efecto colateral: es la columna misma del sistema operativo continental, desde Asunción hasta Washington, desde Buenos Aires hasta Miami, y alimenta de forma constante las acciones de esta internacional de ultraderecha.

Ueno: el banco del gobierno paraguayo y su entramado

El cierre del Ueno Bank en Paraguay, como el caso Cerimedo, ilustra ese esquema. Ueno no era un banco cualquiera: era el banco del gobierno de Peña, en más de un sentido. Primero, porque encarnaba el modelo tecno-neoliberal que prometía el exmandatario. La promesa de modernización, inclusión y democratización de las herramientas financieras funcionó mientras funcionó, en una sociedad con altísima informalidad donde los bancos tradicionales no aceptan como clientes a los laburantes de bajos ingresos o les exigen requisitos imposibles. Ueno se presentó como la solución. Su eslogan era: “dos de cada tres paraguayos usan Ueno”.

Con esa excusa, se le cedió el manejo de las jubilaciones, de los salarios públicos y de la seguridad social. El dinero del Estado paraguayo pasaba por Ueno, dejando enormes dividendos. El pequeño detalle: el propio Peña había sido accionista de la empresa hasta el año pasado, el presidente del Banco Central de Paraguay había sido CEO de la financiera Ueno, el hermano del mandatario es titular de una offshore en Luxemburgo que forma parte de ese entramado empresarial. Y ahora se descubrió que con el dinero depositado por y para los jubilados, los empleados públicos y la seguridad social se habían otorgado préstamos injustificados y sin garantías a otras empresas del mismo holding, mediante triangulaciones fraudulentas.

El dinero que falta también financia a la ultraderecha

Ese dinero también sostiene a la ultraderecha. Ueno fue sponsor de la Gala de la Herencia Latina que se celebró este año en Washington (Javier Milei fue, por supuesto) y en la que el año pasado premiaron como “consultor político del año” a Javier Cerimedo. El banco también costeó la organización del encuentro de la CPAC en Asunción (Milei también fue, por supuesto).

La plata que falta en cajas de ahorro y cuentas corrientes de jubilados y laburantes paraguayos alimenta a la internacional del fascismo neoliberal, que se prepara para redoblar la apuesta, más violenta y estúpida que nunca. El ascenso de Stephen Miller a jefe de Gabinete, el más nazi de los nazis que rodean a Trump, es una pésima señal en ese sentido.

Una nueva agenda política que pone el bolsillo en el centro

El efecto más importante del triunfo demócrata en Estados Unidos y de Lula en Brasil fue la imposición de una nueva agenda política, que pone en discusión cuestiones que hasta hace poco estaban fuera del ámbito de lo debatible: desde la promoción de las apuestas o la reducción de la jornada hasta la influencia israelí en la política norteamericana y sus efectos.

Nota para los estrategas de la oposición argentina: cada uno de esos ítems pasa muy cerca del bolsillo del laburante. Y de todos los temas incorporados, ninguno es tan determinante hacia el futuro como el cuestionamiento a la acumulación infinita y al poder de los supermillonarios, que va camino a convertirse en el gran clivaje del debate público en los próximos años.

La semilla de la Propuesta 40

La Propuesta 40, que planteaba un impuesto a 250 magnates californianos, fue rechazada. Sin embargo, la semilla quedó. Para 2028 se descuenta que al menos una docena de estados norteamericanos incluirá en su oferta electoral propuestas similares, y si los demócratas vuelven a la Casa Blanca es posible que intenten avanzar en el mismo sentido.

En parte porque la coalición que tuvo tanto éxito electoral así lo demanda: jóvenes blancos, minorías raciales, inmigrantes, mujeres y una tajada histórica del voto rural. Pero también porque las internas dentro de las élites pesan: Peter Thiel, en una de sus charlas porteñas, describió a la política estadounidense como una guerra entre los nuevos supermillonarios y los viejos millonarios.

Argentina: el círculo rojo aferrado a un modelo que hace agua

En la Argentina, en cambio, el círculo rojo se aferra a un modelo que hace agua y no parece concebir otra idea de nación que la extracción de rentas. Es un déficit político a resolver antes que un lamento. Milei ya fracasó y, sin embargo, no lo sueltan, o no quieren soltarlo hasta estar seguros de que su reemplazante no va a cuestionar ninguno de los privilegios que los benefician, como si no tuvieran nada que ver con lo que está pasando.

Son timberos acostumbrados a no perder, porque no juegan con la de ellos. Las pérdidas son nuestras, las ganancias son ajenas. Es hora de que empiecen a sentir, ellos también, el peso de sus decisiones, que hoy se descarga sobre los hombros de todos. De lo contrario, ningún cambio va a resultar duradero.

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