Ganó un sorteo en una carrera de Salta y terminó corriendo la maratón de Nueva York: lo que vivió en el kilómetro 30
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Ganó un sorteo en una carrera de Salta y terminó corriendo la maratón de Nueva York: lo que vivió en el kilómetro 30

Un sorteo en una carrera de 10 kilómetros en Salta le cambió los planes a Joaquín Toranzos y lo depositó en la maratón más famosa del mundo. Lo que vivió en el kilómetro 30, con su familia esperándolo, es lo que todavía no puede explicar del todo.

Joaquín Toranzos se anotó en una carrera de 10 kilómetros en Salta sin imaginar que ese trámite lo iba a depositar meses después en la línea de largada de una de las pruebas más famosas del planeta. El salteño corrió la Maratón de Nueva York y la completó en 6 horas y 9 minutos, según contó a El Tribuno.

“Es una locura, realmente una experiencia inolvidable. Todavía no caigo de que la corrí”, dijo el joven al repasar lo que vivió en las calles de la ciudad estadounidense.

El sorteo del que se había olvidado

Todo arrancó el 29 de marzo, cuando Toranzos participó de una prueba de 10 kilómetros de New Balance organizada por la Municipalidad de Salta junto al equipo de Ezequiel Barreiro. Entre los inscriptos se sorteaba un lugar para la maratón neoyorquina y él ni lo tenía en la cabeza.

“Ese día, cuando gané el premio, yo ya me había olvidado de que sorteaban eso para todos los participantes. Me había ido a desayunar con mi familia y mi novia, y cuando estaba desayunando me llamaron diciendo que había ganado”, recordó.

El aviso lo agarró tan de sorpresa que tuvo que volver sobre sus pasos y regresar al lugar de la premiación para recibir el reconocimiento. Desde ahí, los meses siguientes fueron de entrenamiento con un solo objetivo: llegar a Nueva York y cruzar la meta.

“Todo fue gracias a la Municipalidad, que me dio esta oportunidad. Estoy muy contento y agradecido”, destacó.

Miles de desconocidos alentando en la calle

Lo que más lo marcó no fue el cronómetro sino la gente. A lo largo del recorrido, miles de personas salieron a las veredas a alentar a los corredores aunque no tuvieran a nadie conocido en la prueba.

“Ver corriendo al lado tuyo a una persona de 80 o 90 años es impresionante. Constantemente la gente te alentaba, sin tener a nadie de su familia corriendo. En un momento eso te emociona y te llena de orgullo”, relató.

El cariño por lo argentino también apareció entre los gritos. Según contó, las menciones a Lionel Messi y a la Selección se colaron en el aliento de los espectadores.

“El amor que tienen por los argentinos es impresionante. Había gente que estaba sentada todo el día alentándote”, aseguró.

El kilómetro 30 y la barrera que había que romper

El tramo más duro llegó en el kilómetro 30, ese punto que los maratonistas conocen como “el muro”, cuando el desgaste físico y mental empieza a jugar en contra. Justo ahí, en el peor momento, estaban su familia y su novia.

“Estuvieron en el momento ideal, que son los 30 kilómetros, donde tenés que romper esa barrera para poder llegar a terminar la carrera”, explicó.

Toranzos también describió un contraste del recorrido que lo impactó: el ruido de los barrios frente al silencio de los puentes. Mientras avanzaba por Staten Island, Brooklyn, Queens, Manhattan y el Bronx, los aplausos lo acompañaban sin pausa. Al entrar a un puente, todo cambiaba.

“Los únicos lugares donde había silencio, donde no sentías el aliento de la gente, eran los puentes. Ahí escuchabas solamente a los que corrían y eso psicológicamente te destruía. Pero salías del puente y volvía todo el ruido”, recordó.

Hubo momentos en los que el cansancio le dio ganas de caminar. Ver a otros corredores que seguían avanzando le devolvía el impulso.

“En un momento querés empezar a caminar, estás cansado, pero ves al de al lado correr y tenés que seguir y seguir”, expresó.

Aun con el esfuerzo, intentó disfrutar cada tramo, mirar los edificios y vivir la experiencia sin obsesionarse con el tiempo.

“Correr es un viaje de ida”

Ya con la medalla puesta, Toranzos dejó un mensaje para quienes tienen ganas de empezar a correr pero no se animan.

“Yo, desde que empecé a correr el 29 de marzo hasta hoy, a toda la gente que me pregunta le digo que correr es un viaje de ida. Te abre la cabeza”, aseguró.

Para él, el atractivo del running pasa por medirse contra uno mismo y buscar siempre un poco más.

“Es un deporte en el que competís contra vos mismo. Si hacés 10 kilómetros en una hora y cinco minutos, la siguiente semana querés hacerlo en una hora o en 50 minutos. Siempre estás buscando ser mejor al otro día”, explicó.

Y remarcó que la cabeza pesa tanto como las piernas en las distancias largas.

“No es un deporte solamente físico. Hay un momento en el que el cuerpo ya no te responde y te empieza a jugar la mente: ¿llego o no llego? Eso también se prepara”, sostuvo.

Una historia para contar en familia

De vuelta en Salta con la medalla y los recuerdos de Nueva York, Toranzos sabe que esta aventura le va a quedar para siempre.

“Me llevo una experiencia que creo que les voy a contar a mis hijos. Una maratón en tu vida tenés que correr, porque la satisfacción que te da cuando llegás a la meta es inexplicable”, expresó.

Y volvió sobre lo que más lo emocionó: el aliento de desconocidos a miles de kilómetros de su casa.

“Ser argentino y correr acá en Norteamérica, que te aliente gente que no conocés, que está al lado tuyo y te empieza a gritar ‘dale, vos podés’, es muy lindo. Realmente es muy lindo”, concluyó.

Aquella carrera de 10 kilómetros en Salta le abrió la puerta a un desafío que nunca había imaginado. Y aunque ya cruzó la meta en Nueva York, todavía le cuesta creer todo lo que vivió.

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