Ganaron medallas para Argentina, pero para seguir compitiendo venden rifas
Una medalla de bronce, una de plata y dos de oro para Rosario. Pero detrás de cada podio hay rifas para pagar viajes, becas que se pierden de un torneo a otro y trabajos que ya no se pueden sostener.
Los Juegos Suramericanos dejaron una cosecha de medallas para los atletas rosarinos, pero detrás de cada podio hay una realidad que pocos ven: viajes que se pagan con rifas, becas que se pierden de un torneo a otro y trabajos que se vuelven imposibles de sostener. Tres deportistas locales contaron cómo hacen para no bajarse de la alta competencia.
Luca Alfieri, bronce con el equipo argentino de gimnasia artística, fue el primero en aclarar que su reclamo no apunta contra el Estado. "Nosotros no es que somos el deporte contra el Estado, el deportista criticando al Estado, ni mucho menos", sostuvo. "Sabemos el esfuerzo que está haciendo el Estado y todos los entes para poder contar con recursos. Eso no lo discutimos".
Su planteo es otro: comparar las herramientas que tienen los atletas argentinos con las de sus rivales. "Si Argentina hoy está invirtiendo 50, habría que buscar cuánto está invirtiendo Chile, cuánto está invirtiendo Colombia, cuánto está invirtiendo Brasil", dijo. "La realidad es que nosotros competimos contra ellos sin las mismas herramientas".
El viaje que no se puede pagar
El gimnasta contó que la situación ya golpeó a la selección: "Nosotros lamentablemente lo que recibimos el domingo fue la noticia de que: chicos, fíjense qué torneos se van a poder pagar ustedes, porque nosotros no tenemos el dinero".
Para Alfieri, competir afuera no es un lujo sino parte del entrenamiento. "Para ser un deportista de alto rendimiento y representar al país, hoy en día nosotros necesitamos estar en el roce internacional, necesitamos estar en competencias", explicó. Participó del Panamericano y del Sudamericano, pero dos torneos le parecen insuficientes. "La competencia es fundamental", remarcó.
El año pasado financió dos giras de Copa del Mundo con ayuda de su familia, la federación y rifas. "Lo importante acá es que se entienda que, en definitiva, lo que se pierde es Argentina en el mundo del deporte", afirmó. En gimnasia, la clasificación olímpica depende de competencias internacionales y del Panamericano: cada torneo al que no viaja es "una oportunidad menos", resumió. Para el año próximo quiere hacer una gira de Copas del Mundo, aunque admite: "No sé si lo tengo hoy en día, esos recursos, para volver a hacerlo como ya lo hice otra vez".
La beca que se cae con un resultado
Agustina De Lucía, plata en judo femenino y bronce en el equipo mixto, atraviesa otro frente de batalla: compatibilizar el entrenamiento con un trabajo. Hasta este año trabajaba con una abogada, pero la exigencia horaria se volvió insostenible. "Creo que ninguna empresa, ningún trabajo te tiene la flexibilidad para hacer las dos cosas a la vez, para tener el alto rendimiento y el laburo de la mano", explicó.
La situación estalló una semana antes de un torneo en Argentina. Su empleadora le comunicó que no podía seguir con ese esquema y De Lucía ya había destinado el dinero que tenía a la competencia. "¿Qué voy a hacer la semana que viene?", recordó que se preguntó. La salida llegó de su pareja, que le ofreció trabajar en su negocio. Así llegó a los Juegos tras hacer "un montón de malabares".
Su experiencia con las becas también marca hasta dónde los resultados pesan en el bolsillo. Había obtenido una beca tras clasificar a los Panamericanos de Chile, pero al terminar cuarta en los de Guatemala la perdió. Pagó el viaje siguiente de su bolsillo y, al conseguir el resultado necesario, volvió a acceder. Hoy recibe $920.000, según contó, pero debe revalidarla según sus resultados. En octubre tiene dos Opens, en Estados Unidos y Canadá, y todavía no sabe cómo los afrontará. "Estamos viendo justamente hoy día a la mañana hablábamos con mi pareja de que el recurso es muy poco y qué vamos a hacer", relató. La opción que aparece, otra vez, es organizar un sorteo.
Vivir del deporte, entre clases y competencia
Santino Basaldella llegó a los Juegos con dos oros en SUP y fue presentado como el primer rosarino en conseguir una medalla en esa disciplina. Su sostén es distinto: desde los 15 años tiene en Rosario su propia escuela, Nativo, que abrió para costear su carrera. "Al principio de la escuela la abrí para poder pagar la tabla que me compró mi viejo y después para poder viajar al campeonato argentino", contó.
Hoy da clases, entrena y coordina el emprendimiento con otros dos amigos. En temporada puede dar cuatro horas de clases por la mañana, entrenar, dar otras cuatro por la tarde y encargarse de la coordinación. "No es fácil", reconoció. Pero encontró una ventaja: su trabajo está ligado al deporte que practica. "De una manera u otra vivo del deporte, si no dando clase, compitiendo", resumió. En 2025 viajó a Hawaii para entrenar con su tío y entrenador, extendió su estadía y consiguió una camioneta para quedarse. "Yo vivía dentro de la camioneta", contó.
Los tres casos muestran la misma paradoja que dejaron los Juegos: Argentina tiene atletas capaces de subir al podio, pero para algunos llegar hasta ahí exige conseguir por sus propios medios parte de los recursos. En el sistema del ENARD, la beca está destinada a la capacitación, preparación y entrenamiento, y su duración depende del logro deportivo. Los propios atletas plantean que el gasto excede el entrenamiento: viajes, inscripciones, equipamiento, concentraciones y competencias internacionales.
Las medallas que consiguieron en Rosario son la parte visible. Detrás hay jornadas divididas entre entrenamiento y trabajo, becas que dependen de resultados, viajes que muchas veces hay que financiar y familias que terminan siendo parte del sistema de apoyo. El verdadero desafío empieza mucho antes de la medalla y sigue después de que termina la competencia.
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