Ganaron la final, pero el festejo de Obreros esconde una pérdida que casi los hace bajar los brazos
Ganaron la final y levantaron la copa, pero el festejo de Obreros de San Isidro está atravesado por una pérdida que golpeó al plantel y los tuvo al borde de soltar todo. Lo que contó su manager.
Obreros de San Isidro Rugby se consagró campeón de la Zona Desarrollo 2026 al vencer 48 a 26 a Wiracochas de Belén, pero el título tiene un peso que excede la cancha. Detrás de la copa hubo meses de sacrificio, dificultades económicas y una pérdida que puso en jaque la continuidad del proyecto.
"Esto nos llena el alma por todo lo que nos pasó", resumió Gonzalo Barrera, manager del club y vocal primero de la comisión directiva, en diálogo con Inforama. El equipo había arrancado su camino el 6 de julio de 2024 y, tras varias piedras en el camino, volvió a una final y esta vez no la dejó escapar.
La revancha después de dos tropiezos
El Cuervo ya había tenido su chance en la temporada anterior. Jugó la final de la Zona Desarrollo como visitante en Belén y la victoria quedó en manos de Wiracochas. Después llegó la reválida por el ascenso frente a Matacos de Chamical, de La Rioja, y el resultado tampoco acompañó.
"Falta de experiencia y falencias nuestras", reconoció Barrera al repasar aquella derrota. Con ese aprendizaje acumulado, el equipo volvió a meterse en la definición y esta vez se quedó con el campeonato.
El 48 a 26 no fue solo una revancha deportiva: también funcionó como recompensa para quienes sostienen la institución puertas adentro y afuera de la cancha.
El golpe que marcó la temporada
El camino al título tuvo un momento especialmente duro. Barrera contó que la pérdida física de Marcelo Coronel, uno de los jugadores del club, sacudió al grupo y los obligó a replantearse muchas cosas.
"Fue un año muy duro en todo sentido y más en lo anímico", recordó el dirigente.
En medio del dolor, estuvieron cerca de soltar el proyecto. La idea de abandonar nunca estuvo, pero sostenerlo se volvió cuesta arriba.
"Siempre la idea fue seguir, pero estuvimos muy cerca de bajar los brazos", admitió.
El compromiso de los jugadores y el trabajo del cuerpo técnico fueron claves para atravesar ese momento sin perder el objetivo deportivo.
Lo que no se ve detrás de cada partido
Para Barrera, uno de los puntos centrales del logro es el esfuerzo que demanda sostener un equipo de rugby. La tarea no termina cuando los jugadores pisan la cancha: también hay que conseguir recursos, buscar sponsors y cubrir los gastos de cada presentación.
"Es complicado llevar un equipo a cada cancha en la que nos toca jugar", explicó.
En ese trabajo cotidiano aparecen tareas que casi nadie ve, desde lavar las camisetas hasta juntar fondos para pagar árbitros, ambulancias y médicos. Responsabilidades que se suman a la preparación deportiva y que exigen el compromiso de toda la institución.
"Gracias a Dios se alinearon todos los planetas y pudimos conseguir este título gracias al esfuerzo de los changos y las personas que están en el día a día", expresó.
Un plantel que sigue aprendiendo
Barrera también puso el foco en el entrenador y en el vínculo que construyó con el plantel. Según contó, muchos de los jugadores se acercaron al rugby hace relativamente poco y todavía están incorporando aspectos del deporte.
Por eso valoró la capacidad del técnico para llegar al grupo, entender sus características y acompañar el crecimiento de cada uno.
"Tenemos un profe que encaja tan bien en nuestro club, que se lleva bien con los jugadores y sabe llegarles a la clase de jugadores que tenemos", señaló.
Esa conexión fue importante para consolidar un equipo que, más allá de las diferencias de experiencia, encontró una forma de competir y trabajar en conjunto.
El próximo desafío: la reválida por el ascenso
Con el título de la Zona Desarrollo 2026 asegurado, Obreros de San Isidro tendrá una nueva oportunidad de subir a la Zona Campeonato. Su rival será Matacos de Chamical, que terminó último en la máxima categoría y deberá jugar la reválida contra el campeón del Desarrollo.
El antecedente del año pasado le agrega un condimento especial: esta vez el Cuervo llega con la confianza de haber ganado la final y con la chance de dar un paso más en su crecimiento dentro de la Unión Andina de Rugby.
Sin embargo, para Barrera la alegría actual ya tiene un valor que no se mide solo en resultados.
"Para mí es algo único, hermoso, divino, que me llena el alma por todo lo que nos pasó", expresó.
Y aunque todavía le cuesta asimilar lo conseguido, dejó claro qué significa este momento para quienes sostuvieron el proyecto desde el arranque: "Esto que siento ahora es especial. Me gusta poder hacer sentir lo que siento en este momento. Todavía no caigo, es todo hermoso".
Obreros ya tiene una nueva meta por delante. Pero antes de pensar en el ascenso, el club disfruta de un campeonato que resume mucho más que una final ganada: el esfuerzo de un grupo que eligió seguir adelante incluso cuando el camino se volvió cuesta arriba.