Fue a la escuela con un amigo y una caja con candado le cambió la vida para siempre
Pelado salió de su casa rumbo a la escuela con dos pesos para comprarle un regalo a su mamá. A pocas cuadras, él y su amigo se cruzaron con una caja de pescadores cerrada con candado y un ladrillo encima. Lo que hizo el nene de 10 años desató una explosión que conmocionó a todo un pueblo. La historia que nunca se cerró.
El 15 de octubre de 1998, una explosión sacudió a El Alcázar, un pueblo de unos 1.500 habitantes en la zona urbana de Misiones. Eran alrededor de las 6.30 cuando los vecinos se despertaron sobresaltados. Minutos después, la noticia corrió de boca en boca: una bomba casera había estallado y se cobró la vida de un chico que iba a la escuela.
La víctima fatal fue Jorge Daniel Brítez, conocido por todos como "Pelado". Tenía 10 años, cursaba cuarto grado en la Escuela 272 y jugaba de enganche en el equipo de fútbol del barrio, donde sus amigos lo bautizaron con ese apodo. Su compañero de ruta, Maxi Piris, de la misma edad, sufrió una fractura expuesta en su pierna derecha.
Esa mañana, los dos chicos habían cambiado el recorrido habitual. En lugar de hacer el camino recto de pocas cuadras que separaba la casa de Pelado de la escuela, zigzaguearon y tomaron por la avenida Belgrano, que desemboca en la plaza céntrica. Pelado estaba feliz: pensaba en qué regalo comprar con dos pesos para su mamá por el Día de la Madre.
Al pasar frente al portón del garaje de la casa del médico del pueblo, Hugo Fernando Salazar del Risco, los chicos vieron una caja de pescadores roja y blanca, cerrada con un candado y con un ladrillo encima. La curiosidad pudo más: Pelado movió el ladrillo para ver qué había dentro. La caja estalló en mil pedazos y lo mató en el acto.
Años después, Maxi contó que él también quiso agacharse a curiosear, pero sintió que algo lo hizo retroceder unos 20 metros. "Fue como si una mano misteriosa lo pusiera a salvo", recordó.
El testimonio del médico
Salazar del Risco relató lo que vivió esa mañana: "Estaba listo para levantarme y con mi esposa escuchamos un ruido terrible, creímos que era un árbol que había quedado muy mal después de un tornado. Pero me asomé y vi un espectáculo dantesco: el cuerpo de un chiquito totalmente eviscerado, se le había abierto la pared del abdomen, tenía muchas fracturas. Y como si fuese una película macabra, todavía estaba prendido fuego, le salía humo del cuerpo. Había un amiguito con su pierna rota, el hueso al aire, y con unos 10 centímetros de pérdida de la masa muscular. Se había sentado a mirar el cadáver de su amiguito, yo le hice las primeras curaciones y después lo llevaron al SAMIC de Eldorado".
Días después, la policía comenzó a estrechar el cerco en torno al médico. Tras reunir varios elementos, el juez Rubén Lunge ordenó su detención. Salazar del Risco estuvo preso dos años y un mes en la cárcel de Eldorado.
El juicio y la libertad
El 22 de noviembre de 2000, un juicio lo liberó por el "beneficio de la duda". La causa había comenzado una semana después del estallido, cuando la policía concluyó que el médico peruano había fabricado el artefacto y lo había colocado frente a su propia casa. El juez Lunge dispuso su arresto.
Las pruebas parecían condenarlo: los nudos del hilo que activaba la bomba eran de cirujano; testigos hablaron de movimientos sospechosos en la puerta de Salazar momentos antes de la explosión. A los investigadores les llamó la atención la precisión con que el médico describió cada elemento del artefacto desperdigado, antes de que llegaran los peritos a la escena. Eso luego se usó como argumento para acusarlo.
El albañil Juan Carlos Grevinski declaró que un día el médico le mostró una caja de pesca y le dijo que con ella se podía fabricar una bomba para "hacer mierda a quien no querés". Pero en la audiencia de noviembre de 2000, la jueza Demetria González de Cantero desechó ese testimonio porque el hombre no recordaba cuándo ni en qué circunstancia había sido esa conversación.
También se descartó el nudo que sujetaba la bomba: la magistrada y su colega Angel Dejesús Cardozo sostuvieron que no solo un cirujano podía confeccionarlo, sino también un odontólogo o un veterinario.
El juez Roque Martín González, en disidencia, pidió prisión perpetua para el médico como autor del atentado que le costó la vida a "Pelado" Brítez. Sostuvo que entre las 6 y las 6.05 había montado el artefacto, sabiendo su enorme poder destructivo.
Salazar del Risco pasó esos dos años y un mes en la Unidad Penal III de Eldorado, donde tuvo buen comportamiento y hasta atendió a otros internos que requerían atención médica.
Qué decía la bomba
El artefacto era un matafuegos cargado con explosivo y clavos de cuatro centímetros. La espoleta estaba cargada por un orificio en la válvula y el mecanismo se activaba con un elástico y un ladrillo.
En ese momento se pensó que el atentado había estado dirigido a Salazar: la bomba estaba a menos de un metro del lugar donde una de sus hijas, de 8 años, esperaba todos los días a las 7.30 el transporte escolar. Una de las conjeturas fue que el hecho guardaba relación con su incursión en la política, como candidato a intendente en 1995, y también con un caso de mala praxis en el que había sido imputado.
Días después, miles de personas despidieron los restos de Pelado. Los medios nacionales siguieron el caso durante varios días y enviaron equipos a cubrirlo.
El fallo fue apelado por la fiscal Liliana Picazo y en 2001 el Superior Tribunal de Justicia de Misiones ordenó anular el juicio y realizar uno nuevo. Para entonces, el médico ya vivía en Moyabamba, Perú, su país de origen, que negó la extradición.
El caso quedó impune. El pueblo nunca pudo entender del todo qué pasó esa mañana.
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