Fue a dibujar caballos a una isla perdida y se quedó 50 años cuidándola
Llegó a Sable Island con un cuaderno de bocetos para dibujar caballos salvajes. Medio siglo después, los datos que juntó a mano fueron la prueba que Canadá usó para proteger la isla.
Zoe Lucas desembarcó en Sable Island en 1971 con un cuaderno de bocetos y la idea de retratar a los caballos salvajes que la habitan. Casi medio siglo después, sigue viviendo allí y se convirtió en la principal responsable de que ese territorio sea hoy un parque nacional protegido.
La isla es una franja de arena larga y angosta que se levanta a más de 150 kilómetros de las costas de Nueva Escocia, en pleno Atlántico Norte. Su fama en la región viene de varios frentes: un clima duro, la niebla que la cubre casi siempre, una larga lista de naufragios en sus aguas y una población de caballos salvajes que se volvió símbolo del lugar.
Por ese entonces Lucas estudiaba joyería en el Nova Scotia College of Art and Design. El viaje era, en principio, un proyecto artístico personal. Pero el terreno le mostró otra cosa.
De la curiosidad artística al trabajo de campo
En esa primera estadía, la joven advirtió que la isla escondía un ecosistema mucho más complejo que los caballos. También notó que nadie registraba de manera continua cómo evolucionaban su flora y su fauna.
Así que buscó la forma de volver con otro rol. En 1974 consiguió una vacante como asistente de campo voluntaria en un equipo de la Universidad de Dalhousie que monitoreaba focas. Trabajó en campañas temporales durante varios años hasta que, en 1982, se instaló de manera definitiva y a tiempo completo en la isla.
Lo que hizo durante cinco décadas
Su trabajo combinó restauración de suelos con recolección sistemática de datos biológicos. Para frenar la erosión que el viento marino provocaba en las dunas, trasplantó a mano miles de pastos de playa, con la misión de fijar la arena.
También catalogó la vegetación nativa, identificó hongos y musgos, y armó mapas detallados de las poblaciones de abejas e insectos polinizadores de la zona.
Su rutina incluyó recorridas diarias por las playas para juntar y clasificar los plásticos y la basura que arrastra la corriente oceánica. Registró la presencia de petróleo en el plumaje de las aves costeras, estudió cómo interactúan tiburones y focas y documentó los cetáceos que quedaban varados en la costa.
De registros personales a instituciones
Con los años, esos apuntes individuales sirvieron de base para proyectos de mayor alcance. En 2002 fundó la Green Horse Society y más tarde participó activamente en la creación del Sable Island Institute, dos organizaciones dedicadas a la investigación aplicada, el monitoreo ambiental y la educación.
Los datos que reunió a lo largo de cuatro décadas fueron la evidencia que el gobierno canadiense necesitaba para reconocer el valor del área. En diciembre de 2013, el territorio quedó bajo la Ley de Parques Nacionales de Canadá como Reserva de Parque Nacional, lo que le dio la máxima protección legal a las especies nativas.