Fotos de muertos, patas de gallina y sangre animal: el macabro ritual de la banda narco que cayó en Jujuy
¿Qué encontraron los gendarmes entre los ladrillos de cocaína? Los detalles del escalofriante ritual que protegía los cargamentos.
Lo que parecía un simple cargamento de cocaína escondía un universo esotérico que dejó helados a los investigadores. El capo de la red, un boliviano conocido como “El Padrino”, no dejaba cruzar ni un gramo sin la bendición de curanderos y brujos.
Según fuentes de la PROCUNAR NOA, el líder con base en Cochabamba imponía un protocolo místico infranqueable. Ningún ladrillo de droga atravesaba la frontera sin un “trabajo” espiritual previo.
El hallazgo que estremeció a los gendarmes
El 18 de julio, en el control de Tres Cruces sobre la Ruta Nacional 9, Gendarmería interceptó un vehículo con dobles fondos. Al abrirlos, encontraron 58 paquetes de cocaína (más de 61 kilos) y, entre ellos, una escena dantesca: la foto de un difunto, una pata de gallina, una piedra envuelta en un trapo rojo y restos de sangre animal.
En otro rodado secuestrado durante los 12 allanamientos posteriores, los detectives hallaron la cabeza de un cabrito envuelta en telas. Habría permanecido allí al menos un mes como “protección mágica”.
“El Diablo”, las ollas de barro y el preso que manejaba todo
Una vez que la droga llegaba al paraje Casira, la custodiaba un sujeto apodado “El Diablo” (F.M., de 45 años). Su fachada: la fabricación y quema de ollas de barro, actividad que usaba para justificar movimientos sospechosos y almacenar cargamentos.
La red incluía a un recluso del Complejo Penitenciario Federal NOA de General Güemes, que con un celular coordinaba los despachos junto a familiares directos, entre ellos un policía en actividad y otro retirado. La banda operaba en días festivos y eventos masivos bajo la clave “calendario libre”. Un envío frustrado coincidió con la final de la Selección Argentina en Estados Unidos.
El malabarista que destrabó el caso
Las escuchas telefónicas usaban un lenguaje cifrado imposible de descifrar. Entonces, las fuerzas federales desplegaron a un agente encubierto disfrazado de malabarista. Instalado en una esquina clave, el “artista” identificó rostros, mapeó vehículos y ató los cabos sueltos que llevaron a las detenciones ordenadas por el Juzgado Federal de Jujuy.