Fito Páez: el documental que nació de un accidente y ya se puede ver en Netflix
Todos esperaban una biografía tradicional de Fito Páez, pero el documental arranca con un accidente que casi lo para en seco y se convierte en un viaje íntimo por su vida.
“Fito Páez: el mundo cabe en una canción” ya está disponible en Netflix. El documental dirigido por Matías Gueilburt llegó a la plataforma este jueves 3 de septiembre, con una duración de 1 hora y 52 minutos.
La producción, una de las más esperadas del mes, propone un recorrido íntimo por la vida y la obra del músico rosarino. Pero no sigue el esquema clásico de una biografía cronológica: parte del presente para recuperar recuerdos y experiencias que reconstruyen más de cuatro décadas de carrera.
El punto de partida: un accidente que cambió todo
El documental toma como uno de sus ejes el accidente doméstico que Páez sufrió en 2024. El episodio le provocó la fractura de cinco costillas y lo obligó a interrumpir su gira, además de atravesar una etapa de recuperación física y emocional.
Esa pausa forzada llevó al músico a revisar distintos momentos de su trayectoria. La película aborda el amor, la música, los vínculos personales, sus hijos y amistades, y también los éxitos, las tragedias, los fracasos y los excesos que marcaron su camino.
Un año de acceso íntimo
Durante más de un año, Gueilburt acompañó a Fito Páez en distintas instancias de su vida profesional. La producción incluye ensayos, grabaciones, conciertos, viajes y presentaciones en ciudades de América latina, Europa y Estados Unidos.
La cámara registra al músico en situaciones cotidianas y profesionales, buscando mostrar una faceta cercana y vulnerable. Las conversaciones permiten que Páez reflexione sobre las experiencias que lo marcaron y sobre el lugar que ocupan la música y sus afectos en su vida.
El documental también incorpora material de archivo inédito y registros en vivo, con los que reconstruye diferentes etapas de su carrera y sus sucesivas reinvenciones como artista.
El director detrás de cámara
Gueilburt, quien mantiene una amistad personal con el músico, es el responsable de la dirección. Ese vínculo le permitió un nivel de acceso e intimidad que se nota en la película.
El realizador ya había dirigido producciones como “El vendedor de ilusiones: El caso Generación Zoe”, “Los ladrones: el robo del siglo” y “Vilas: Serás lo que debas ser o no serás nada”.