Firmó su testamento a los 90, pero lo que declaró el neurólogo después lo cambió todo
Un hombre de 90 años firmó su testamento en 2018 rodeado de quienes lo asistían. Después de su muerte, una sobrina fue a la Justicia y una pericia clave terminó sellando el destino de ese documento.
Un hombre de 90 años, soltero y sin hijos, firmó en agosto de 2018 un testamento en su casa de Buenos Aires. Lo hizo ante un escribano y dos testigos, y allí dejó sus bienes a un grupo de personas que lo asistían habitualmente. Después de su muerte, una sobrina impugnó el documento y la Justicia terminó dándole la razón.
La Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil confirmó la nulidad del testamento. Para los jueces fue determinante una pericia psiquiátrica post mortem, la historia clínica del hombre y el testimonio del neurólogo que lo había atendido antes de la firma.
Qué alegó la sobrina
La mujer sostuvo que su tío, a los 90 años, ya no podía comprender la importancia de sus decisiones ni disponer libremente de su patrimonio. También denunció que los beneficiarios del testamento lo habían aislado de su entorno y que “habían influido sobre sus decisiones”.
Según su planteo, esas personas incluso lo llevaron a revocar autorizaciones previas para después quedarse con sus bienes. Además de pedir la nulidad, reclamó una indemnización y responsabilizó al escribano por no haber advertido la situación.
La versión de los beneficiarios
Los beneficiarios rechazaron esos dichos. Aseguraron que el hombre estaba lúcido cuando firmó, que llevaba una vida social normal, que se movilizaba por sus propios medios y que había expresado con claridad su intención de dejarles sus bienes a quienes lo ayudaban.
La prueba que definió el caso
Durante el juicio se analizaron los antecedentes médicos y se realizó una pericia psiquiátrica post mortem: un especialista reconstruyó el estado mental del hombre al momento de firmar a partir de la información disponible.
Tanto la historia clínica como la pericia concluyeron que padecía un trastorno neurocognitivo mayor, comparable a una demencia, con problemas severos de orientación y de funcionamiento en distintas áreas. Para los especialistas, ese cuadro le impedía comprender la importancia del acto que estaba realizando.
El neurólogo que lo había atendido antes de la firma declaró en la misma línea. Con esas pruebas, el juez de primera instancia declaró la nulidad del testamento, y la Sala B de la Cámara Civil confirmó la sentencia.
Qué pasó con el escribano
La sobrina también había pedido que el escribano fuera condenado a pagar una indemnización, por no haber comprobado correctamente el estado mental del hombre antes de autorizar el documento. Pero tanto el juez de primera instancia como la Cámara rechazaron ese reclamo.
Explicaron que la ley no obliga al escribano a diagnosticar la salud mental de quien concurre a otorgar un acto, salvo que la incapacidad sea evidente o exista una declaración judicial previa que restrinja su capacidad.