El 85% de lo que Argentina vende a la Unión Europea es agroindustria, y una regla ambiental europea podría alcanzar a casi el 40% de esos envíos. Qué exige ahora Bruselas y quién ya se está moviendo para no quedar afuera.
El precio y la calidad ya no alcanzan. Para vender en Europa, un producto de la región tiene que demostrar también cómo se produjo, de dónde sale y qué huella dejó en el ambiente. Esa es la nueva frontera del comercio y fue el eje del panel “Impacto local de los nuevos acuerdos comerciales”, que se realizó el 15 de octubre en el marco de la Semana del Clima de Rosario.
La mesa reunió a Magalí Sol Giovanelli Petito (CARI), Cristian Ugarte (economista senior de la EFTA), Luca Urech (jefe adjunto de Misión de la Embajada de Suiza), Matías Contardi (Bolsa de Comercio de Rosario) y Verónica Gutman (UBA y FLACSO), con la moderación de Diego Sueiras.
El peso de la agroindustria en la balanza
Para Santa Fe y Rosario, la relación con Europa tiene números concretos. Contardi presentó un dato que dimensiona el vínculo: el 85% de las exportaciones argentinas a la Unión Europea corresponde a productos agroindustriales. El complejo soja, por sí solo, explica cerca del 45% de esos envíos si se toma el promedio del período 2016-2025.
Las oportunidades no son iguales para cada producto: hay reducciones arancelarias y también cupos de acceso que ordenan el ingreso.
La trazabilidad como llave de entrada
En ese escenario, demostrar el origen deja de ser un trámite y pasa a ser una condición. La Bolsa de Comercio de Rosario presentó VISEC, una plataforma nacional de trazabilidad ambiental para la agroindustria que permite verificar de dónde sale la producción mediante la geolocalización de lotes y la validación satelital.
Dos reglas europeas, dos impactos muy distintos
Gutman puso cifras a las exigencias ambientales del bloque. Expuso los resultados del estudio “Argentina ante el Pacto Verde de la Unión Europea: el impacto en las exportaciones”, que analizó dos mecanismos con efectos desparejos.
El Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) tendría un impacto marginal: apenas el 0,02% de las exportaciones totales argentinas. Muy distinto es el mecanismo de productos libres de deforestación, que podría afectar a cerca del 40% de los bienes que Argentina vende a la Unión Europea. Por eso, según la investigación, resulta clave estudiar cómo el país puede adaptarse a esos requisitos.
Mercosur-Unión Europea, entre la oportunidad y la letra chica
Giovanelli Petito abordó el acuerdo Mercosur-Unión Europea desde su dimensión comercial y geopolítica. Ató las chances de diversificar exportaciones y atraer inversiones a tres condiciones: financiamiento, adecuación normativa y cooperación entre el sector público y el privado.
Urech, en tanto, subrayó el interés de Suiza por ampliar su intercambio con Argentina a través del acuerdo EFTA-Mercosur. Lo calificó como el más moderno que el país negoció entre los 40 que ya tiene firmados, y marcó a la sostenibilidad como uno de sus rasgos distintivos.
Ugarte detalló las oportunidades que abre el acuerdo Mercosur-EFTA para productos como maíz, harina de soja, carne vacuna y miel, siempre sujetas a cupos y a las ratificaciones pendientes. También enumeró compromisos de acción climática, protección de bosques y biodiversidad, y trabajo decente. Entre ellos, la obligación de no debilitar las protecciones laborales o ambientales para favorecer el comercio o atraer inversiones.
El desafío para la producción regional
Para Rosario y Santa Fe, estas negociaciones bajan a la mesa de productores, industrias y exportadores. El reto es que el acceso a nuevos mercados se traduzca en oportunidades reales para la producción de la zona. Y eso exige prepararse para competir en mercados donde la sostenibilidad ya es parte de las condiciones de entrada, no un agregado.