Estudian, trabajan y cuidan: la generación que quedó atrapada en el rebusque

Tenía 20 años y buscaba su primer trabajo. Lo que encontró no fue un empleo registrado, sino una changa que le paga un 30% menos que a cualquier adulto. La historia se repite en casi 7 de cada 10 jóvenes argentinos.

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Estudian, trabajan y cuidan: la generación que quedó atrapada en el rebusque
Estudian, trabajan y cuidan: la generación que quedó atrapada en el rebusque

En Argentina hay más de siete millones de jóvenes que estudian, trabajan y cuidan. Pero lo hacen en condiciones muy distintas a las del resto de la población. Los últimos datos del mercado laboral muestran que el desempleo juvenil trepó al 17,1% entre las mujeres y al 14,1% entre los varones, el registro más alto desde la crisis de la pandemia. La consecuencia es directa: casi dos de cada tres jóvenes viven en hogares pobres.

El fenómeno no es aislado. A casi tres años de la gestión de Javier Milei, el aumento de la desocupación, la subocupación y la ocupación demandante puso más presión sobre el mercado laboral. Entre noviembre de 2023 y junio de 2026 se perdieron más de 350 mil puestos registrados, mientras que en solo un año se sumaron 330.000 cuentapropistas informales y la informalidad escaló al 45,0%.

El panorama podría complicarse aún más si el Gobierno insiste en limitar los aumentos salariales para contener la inflación, sostienen los especialistas. A eso se suma el impacto de la reforma laboral que, lejos de impulsar más empleo como argumenta el oficialismo, precarizó el ingreso al trabajo (extensión del período de prueba), fomentó la no registración (monotributo en lugar de relación de dependencia) y facilitó el despido (reemplazo de indemnizaciones).

El primer empleo, cada vez más lejos

Los datos oficiales de la EPH-INDEC correspondientes al segundo trimestre de 2026 son contundentes: la desocupación entre las mujeres de hasta 29 años llegó al 17,1% y entre los varones de esa franja al 14,1%. En contraste, entre las mujeres de 30 a 64 años fue del 6,1% y entre los varones de esa edad, del 5,5%. En un año, el desempleo de los varones jóvenes subió del 12,7% al 14,1%, la mayor suba relativa. La tasa general de desempleo, mientras tanto, fue del 7,9%, el máximo de la gestión Milei.

La Población Económicamente Activa (PEA) llegó al 48,9%, 0,8 puntos por encima de un año atrás. Es decir, cada vez más personas salen a buscar trabajo, pero la economía no logra absorber esa demanda. Un informe de la consultora C-P lo graficó con claridad: “El crecimiento de la PEA (+753.000, +339.000 en el último año) se da con un aumento de las personas ocupadas, que no llega a compensar el incremento en la cantidad de trabajadores que se ofrecen, generando una suba de la tasa de desempleo (los desocupados alcanzaron un total de 1.164.000 personas; +73.000 personas respecto de 2025)”, precisaron.

Informalidad: el único refugio que crece

El segundo problema aparece al mirar qué tipo de empleo se expande. En el segundo trimestre de 2026, la tasa de empleo llegó al 45,0%, pero el empleo formal cayó del 56,6% al 54,9% del total de ocupados en un año. En paralelo, la tasa de informalidad escaló al 45,1%, el máximo para un segundo trimestre desde que arrancó la serie.

En términos interanuales, el empleo formal perdió 83.000 puestos y el informal sumó 348.000. Dentro de las categorías ocupacionales, el cuentapropismo informal fue prácticamente el único segmento que se expandió con fuerza: más de 302.000 personas adicionales.

“La informalidad continúa operando como refugio frente a la destrucción de empleo formal, pero además se convierte en la única fuente de absorción de la nueva oferta de trabajo en el mercado laboral”, plantearon los economistas. Para una persona joven que intenta entrar al mercado laboral, el camino disponible es cada vez menos el de un empleo registrado y más el de una actividad informal. Por eso, en este segmento etario casi 7 de cada 10 trabaja en la informalidad.

El “refugio” también paga menos

El problema no termina en la condición laboral. Los jóvenes trabajan, en promedio, casi las mismas horas que la población general, pero ganan un 30% menos. La brecha se agrava en el caso de las mujeres, que dedican más del doble de su tiempo diario a tareas domésticas no remuneradas que sus pares varones. Así, la juventud está sobrerrepresentada en los deciles de menores ingresos —casi la mitad de ese grupo tiene entre 14 y 29 años— y representa solo el 7% del decil de mayores ingresos.

El documento de la consultora dirigida por los economistas Federico Pastrana y Pablo Moldovan reveló que quienes perdieron un empleo asalariado privado registrado en los últimos dos años y pasaron al cuentapropismo tuvieron, en promedio, una caída del 27,8% en sus ingresos reales. Entre los asalariados no registrados que hicieron esa misma transición, la pérdida fue del 20,9%.

“Lejos de los estigmas positivos asociados al ‘emprendedurismo’ y el ‘éxito personal’, el estudio muestra que aquellos que migraron al cuentapropismo sufrieron una caída de sus ingresos reales, aún proviniendo del empleo no registrado”, analizaron los especialistas.

Para quienes recién empiezan su trayectoria laboral, el escenario plantea una dificultad adicional: el primer vínculo con el mercado de trabajo puede no ser el ingreso a una estructura formal que permita acumular experiencia, derechos y una remuneración creciente, sino una actividad por cuenta propia usada como salida urgente frente a la falta de alternativas. Una generación que no solo enfrenta las tasas más altas de desocupación, sino que cuando encuentra una salida laboral lo hace en un mercado donde la informalidad y el cuentapropismo se imponen frente a cualquier posibilidad de trabajo con derechos.

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