¿Está San Juan lista para el próximo gran terremoto?
Los sismos en Venezuela y Colombia reavivan la alerta sísmica en San Juan. ¿Estamos preparados para el próximo gran terremoto? Conocé las claves de la prevención.
Los sismos que sacudieron recientemente a Venezuela y Colombia reavivaron una inquietud que en San Juan nunca debería dormirse: la posibilidad de un terremoto de magnitud. No porque haya una conexión entre fenómenos en lugares opuestos del planeta, sino porque esta provincia se asienta sobre una de las regiones de mayor riesgo sísmico de Argentina.
¿Existe una cadena sísmica mundial?
Los expertos fueron contundentes: no hay evidencias de una cadena sísmica global que vincule terremotos en puntos distantes. La seguidilla de movimientos telúricos puede alarmar, pero no implica una relación directa. La certeza, en cambio, está mucho más cerca: San Juan ya soportó grandes terremotos y, por su configuración tectónica, volverá a padecerlos.
El problema central es que la ciencia aún no puede anticipar cuándo ocurrirá el próximo sacudón. Se conocen las zonas de mayor peligro, se estudian los antecedentes históricos, se monitorean las placas y se mejoran los métodos constructivos, pero no hay forma de precisar el día y la hora en que la tierra liberará su energía acumulada.
La prevención como única herramienta
Por eso, la prevención se vuelve clave. Esperar una predicción que todavía no existe sería irresponsable. La sociedad debe aprender a convivir con una amenaza que no puede evitar, aunque sí puede reducir sus consecuencias.
El mapa nacional de peligrosidad sísmica, actualizado por el INPRES en 2022, confirmó que varias regiones argentinas están expuestas y que ninguna provincia está exenta de riesgo. San Juan, junto a Mendoza, figura entre las áreas de mayor peligro, sobre todo en sectores con intensa actividad tectónica.
Esta realidad debería traducirse en políticas públicas concretas y en hábitos diarios. Construir con normas sismorresistentes no es una opción, sino una obligación que debe cumplirse y controlarse. En cada hogar, conviene fijar muebles y estanterías, identificar zonas seguras y armar un plan familiar de emergencia.
¿Qué debe tener la mochila de emergencia?
Una mochila lista para las primeras horas después de un terremoto puede marcar la diferencia. Agua, alimentos no perecederos, linterna, radio, medicamentos y documentos básicos son imprescindibles, pensando en atravesar entre 48 y 72 horas sin servicios esenciales.
La llamada conciencia sísmica debe volverse práctica cotidiana. Países como Japón y Chile demostraron que la preparación, los simulacros y la educación reducen notablemente los riesgos. Una población entrenada sabe cómo reaccionar, evita el pánico y facilita el trabajo de los rescatistas.
San Juan no puede impedir que la tierra se mueva. Pero sí puede elegir cómo enfrentar ese instante. La historia ya dio advertencias suficientes y la geología ofrece pocas seguridades, aunque una es ineludible: el próximo terremoto va a ocurrir. La pregunta no es cuándo, sino si estaremos listos cuando llegue.