Escribió una novela que lo hizo famoso en todo el país y ahora su último libro quedó sin salir

El escritor y médico rosarino murió en un accidente automovilístico en Río Cuarto. Ciudad Gótica tenía listo su nuevo libro de poemas, pero quedó sin ver la luz. ¿Qué pasará con "Envés"?

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Escribió una novela que lo hizo famoso en todo el país y ahora su último libro quedó sin salir
Escribió una novela que lo hizo famoso en todo el país y ahora su último libro quedó sin salir

Pablo Gavazza murió en Río Cuarto a causa de un accidente automovilístico. Tenía 69 años y estaba radicado en Alpa Corral, Córdoba, aunque su historia lo conecta de lleno con Rosario y con Las Parejas, donde pasó su infancia y parte de la adolescencia.

Médico egresado de la Universidad Nacional de Rosario, Gavazza cumplió funciones directivas en el Hospital Español de Rosario y en el Hospital San Felipe de San Nicolás, entre otras instituciones. Pero fue en la literatura donde encontró su verdadero territorio.

De las revistas subterráneas a la consagración nacional

En paralelo a la medicina, y desde muy joven, desarrolló una intensa labor literaria. Asistió al Taller Literario "Julio Cortázar" dictado por Alma Maritano y en los 80 y 90 formó parte del fenómeno de las revistas alternativas que surgieron con el retorno de la democracia. Publicó en La Lombriz y fue integrante del staff de la recordada revista Barlovento.

Su primer libro llegó en 1990: "Poemasaurio", editado por Ediciones No Muerden. Allí reunió cuentos breves y poemas aparecidos en publicaciones como Barlovento, La Lombriz, Ocruxaves, Tierras Planas y Puro Cuento, más algunos textos inéditos.

En 1994, su obra fue incluida en "La única ciudad", la antología poética de Rosario realizada por Eduardo D'Anna. Cuatro años después llegaría el golpe que lo puso en el mapa de la literatura nacional: su novela "Amores eternos, una momia en Rosario" obtuvo el Primer Premio del Concurso de Novela "Manuel Musto" de la Editorial Municipal de Rosario y UNR Editora. El jurado lo integraron nombres de peso como Angélica Gorodischer, Sergio Delgado y Alberto Giordano.

La novela aborda el caso del botánico japonés Katsusaburo Miyamoto, el salvador del pino de San Lorenzo, que conservó en su casa el cadáver de su esposa embalsamada. Gavazza investigó el asunto recorriendo la Facultad de Medicina donde estaba alojado ese cuerpo y así construyó la historia.

Un fragmento junto a Borges y Fontanarrosa

En 2004, un fragmento de "Amores eternos" fue incluido en "Rosario ilustrada. Guía literaria de la ciudad", una selección de ochenta textos con Rosario como escenario. Allí, su texto "Pellegrini hacia el río" convive con obras de Borges, Ielpi, Arlt, Fontanarrosa, Oliva y Gandolfo, entre otros.

En 2009 inició su vínculo con la Editorial Ciudad Gótica, donde publicó las novelas "El taunus verde" (2009) y "Querida querida querida" (2012), y luego doce cuentos breves en "Apariencias" (2015). En 2016 llegó "Hipopótamos", editada por Alción Editora de Córdoba, presentada en la librería Mal de Archivo de Rosario el 22 de septiembre de ese año. La obra es un homenaje a su adolescencia y a Nora Dalmasso. En esa evocación, Gavazza advertía: "Los acontecimientos de este relato son totalmente imaginarios. Más aún: toda coincidencia con la realidad no solamente sería fortuita sino propiamente escandalosa".

El último libro que quedó pendiente

Su último libro publicado fue "Otoño", en 2025, un poemario que presentó el 6 de junio de ese año en la librería Oxímoron. En ese encuentro hubo lectura de textos junto a Lidia Morales y el estreno de la canción "La liebre y el cazador", con letra de Gavazza, música e interpretación de su hijo Guido —reconocido bandoneonista de La Máquina Invisible y de la Orquesta Utópica— y la voz de Eugenia Gavazza, hija del autor.

Al momento de su muerte, Ciudad Gótica tenía listo para publicar su nuevo libro de poemas, "Envés", donde registró sus últimas intenciones literarias y que por ahora queda como parte de su obra inédita.

"Otoño" está dedicada en clave poética "al camino que me lleva a su desvío inevitable sin demarcaciones ni señales". En uno de sus prólogos, Gavazza dejó su marca: "somos observadores de nuestro propio paso y vemos con asombro lo que ocurre. Transitamos el recuerdo de nuestra propia vida como si fuese una vieja película".

Cultor del ejercicio de la amistad, definía a sus afectos más cercanos como "mecenas del sentimiento y de los cambios". Uno de sus últimos escritos compartidos quedó como despedida:

Si he de irme
me iré con condiciones
Por ejemplo
De que el amor
Se vaya conmigo
Y que el fuego
Azar amarillo y rojo
Sea mérito de nadie

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