Entró a la escuela con un arma y 44 balas: el padre que lo enfrentó contó lo que escuchó antes de disparar

Lo que parecía un padre más que llegaba a buscar a sus hijas terminó siendo la última barrera entre un tirador y los chicos. Entró a la escuela con su pistola y contó lo que escuchó antes de disparar.

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Entró a la escuela con un arma y 44 balas: el padre que lo enfrentó contó lo que escuchó antes de disparar
Entró a la escuela con un arma y 44 balas: el padre que lo enfrentó contó lo que escuchó antes de disparar

Un hombre armado irrumpió en una escuela de Oregón, Estados Unidos, y dejó un saldo de tres niños asesinados —de 5, 8 y 11 años— y una maestra de 54 años muerta. El atacante, identificado como Griffin J. John II, de 16 años, fue abatido por un padre que pasaba por el lugar y que este viernes rompió el silencio para contar cómo vivió esos minutos de horror.

Kaylub Giamanco, un carpintero de 36 años, se convirtió en la última barrera entre el tirador y los chicos. En una entrevista con el canal público de Oregón OPB, relató que aquella mañana había dejado a sus hijas en el colegio y volvía para almorzar cuando vio a una persona vestida de negro con un arma larga cerca del edificio.

“El pánico se apoderó de mí”

Lejos de huir, Giamanco corrió a su camioneta, tomó su pistola calibre 40 y marcó el número de emergencias mientras se acercaba a la escuela. “Le dije a la operadora: ‘Lo siento, tengo que entrar. Va a morir gente’”, recordó.

Ya en el predio, se tiró al suelo y avanzó a rastras. “Empecé a escuchar a niños rogar por sus vidas, luego disparos y comencé a arrastrarme como un soldado cada vez más rápido”, contó. En ese momento pensó que probablemente sería lo último que haría en su vida.

Entró por una ventana rota y, al asomarse a un aula, vio a una profesora forcejeando con el atacante. No lo dudó: abrió la puerta y disparó. “Sentí que era la última línea de defensa entre él y el resto de los niños”, explicó.

El forcejeo y los disparos finales

De acuerdo con la policía, otra docente le arrojó su teléfono al agresor y se trenzó en una lucha con él antes de que Giamanco interviniera. La maestra logró escapar corriendo mientras el joven buscaba su escopeta.

“Estaba buscando a tientas su arma. Lo miré y le disparé dos veces más para asegurarme de que no pudiera moverse, porque tenía miedo de que disparara a alguien más”, detalló el carpintero.

Las autoridades confirmaron que Giamanco portaba el arma de forma legal y destacaron que, junto a un profesor desarmado que también enfrentó al atacante, logró salvar varias vidas. El adolescente había disparado 15 veces y aún le quedaban 44 municiones, según informó la policía. En el ataque también resultaron heridos un nene de 7 años y un docente de 54.

El llamado a su esposa y a su madre

Cuando llegó la policía, Giamanco descargó su pistola, la dejó en el suelo y llamó a su esposa. “Le dije que no volvería a casa para comer tacos”, contó. Le pidió que fuera a la escuela de inmediato porque acababa de matar a tiros a alguien.

Después llamó a su madre y, entre lágrimas, le dijo: “Mamá. Tuvo que matar a un adolescente porque entró a la escuela de mi hija con un arma”. La respuesta fue de contención: “Cálmate, mi amor. Hiciste lo correcto. Sos un héroe. Salvaste vidas”. Pero él no pudo aceptarlo: “No salvé a todo el mundo. No pude salvarlos a todos”.

El reconocimiento y el dolor que no cesa

Un día después de la masacre, el presidente Donald Trump calificó a Giamanco como un “gran héroe” que “cumplió con su deber”. Sin embargo, el protagonista de la historia sigue cargando con el peso de lo ocurrido.

“No puedo describir lo que se siente al quitar una vida… pero sí puedo decirles que siento sinceramente que debía estar allí”, afirmó. Y agregó: “Si no hubiera estado allí, simplemente no sé qué habría pasado”.

El trauma lo persigue: “Revivo la escena, veo rostros, oigo voces, oigo gritos”. En la entrevista, se quebró al decir que quería disculparse con las familias de las víctimas por “no haber salvado a sus bebés”.

La familia de Megan Lambert, de 25 años, una de las víctimas fatales, le agradeció públicamente y lo calificó de héroe: “Te pusiste en riesgo desinteresadamente por los demás”. Giamanco, a su vez, tuvo palabras de elogio para la maestra que forcejeó con el atacante: “Me encantaría darle un abrazo porque es una verdadera heroína”.

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