Entrena en un club de barrio y ya sueña con el Nacional: los pibes que no pagan cuota para hacer judo

Néstor Toledo empezó a dar clases en el patio de la casa de su padre, en el barrio Ceferino. Hoy su escuela de judo tiene más de 50 alumnos y forma competidores, pero hay un obstáculo que amenaza con dejarlos afuera de los torneos.

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Entrena en un club de barrio y ya sueña con el Nacional: los pibes que no pagan cuota para hacer judo
Entrena en un club de barrio y ya sueña con el Nacional: los pibes que no pagan cuota para hacer judo

En el club Atlético Salta, sobre avenida Tavella y esquina J. Fernández, un grupo de chicos se calza el gi y se sube al tatami tres veces por semana. Son parte de la escuela Jigoro Kano, un espacio que desde hace más de diez años enseña judo sin cobrar cuota y que hoy reúne a más de 50 alumnos de todas las edades.

El proyecto nació en el barrio Ceferino, en el patio de la casa del padre de Néstor Toledo, el profesor que está al frente de la escuela. Con pocos recursos y la idea de acercar la disciplina a los chicos del barrio, el gimnasio fue creciendo hasta llegar a unos 80 practicantes en su mejor momento.

Hoy las clases se reparten en dos grupos: 23 alumnos de entre cinco y 12 años, y otros 32 practicantes de 13 años en adelante. Todos entrenan en el mismo lugar, con la misma consigna.

Más que técnicas de combate

Para Toledo, el judo es una herramienta que va mucho más allá del tatami. A lo largo de los años recibió a jóvenes con dificultades para relacionarse o con problemas de conducta, y comprobó que el entrenamiento puede ayudarlos a construir vínculos y a manejarse en distintas situaciones.

“Lo primero que te hace entrar a pie es la disciplina y la convivencia con el par”, explicó el profesor en diálogo con El Tribuno. El respeto hacia el compañero, hacia el profesor y hacia uno mismo son, según él, los valores que sostienen la práctica.

La escuela también se plantea como una alternativa frente a situaciones de riesgo, como las adicciones, y como un espacio de encuentro para chicos y adolescentes. La idea es que el judo no sea solo actividad física, sino una oportunidad para compartir, aprender y armar hábitos.

El nombre de un maestro japonés

El gimnasio lleva el nombre de Jigoro Kano, el maestro japonés reconocido como creador del judo moderno. La elección no es casual: Toledo se identificó con su historia, la de un proyecto que empezó pequeño y con recursos limitados y que con el tiempo creció.

Con los años, la escuela formó competidores que representaron a la Argentina en campeonatos nacionales y sudamericanos. Ese recorrido es la mejor prueba de una de las aspiraciones del proyecto: que el acceso al deporte no dependa de la billetera y que una escuela de barrio pueda formar judokas capaces de competir en escenarios importantes.

Tres torneos y una cuenta que no cierra

La agenda que viene es exigente. La escuela se prepara para el Torneo Clausura provincial de Salta, para un regional del NOA previsto para el 12 de noviembre en Jujuy —con delegaciones de distintas provincias— y para un campeonato nacional en San Juan que se disputará el 22 de noviembre.

Para los alumnos, cada competencia es una chance de medirse, sumar experiencia y enfrentar a deportistas de otros gimnasios. El problema es el costo: traslados y combustible que pesan fuerte en una institución que no cobra cuotas.

Por eso el grupo se las ingenia con rifas, bingos y venta de empanadas para juntar dinero y cubrir parte de los viajes. También hay gestiones para conseguir ayuda que permita que los chicos lleguen a competir.

“Se torna bastante complicada la presencia”, reconoció Toledo sobre los costos. El objetivo, según explicó, es que los alumnos puedan asistir al menos a dos de los tres torneos nacionales importantes del año.

La recaudación se volvió parte de la rutina del gimnasio, tanto como las horas de entrenamiento. La preparación no termina cuando los chicos bajan del tatami: sigue en las actividades que organizan para poder viajar.

Cómo sumarse

Las clases se dictan los lunes, miércoles y viernes en el club Atlético Salta. Los menores entrenan de 20 a 21.15, y el turno de mayores va de 21.15 a 22.30. La propuesta está abierta a chicos desde los cinco años y a adultos sin límite de edad.

Así, la escuela sostiene el objetivo con el que nació: acercar el judo a la comunidad, formar deportistas y mantener un espacio de inclusión a través del deporte. El desafío es doble: crecer en lo competitivo y preservar una iniciativa que, desde el patio de una casa, busca que aprender judo esté al alcance de todos.

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