Entre basura y libros: la insólita escuela que funciona en uno de los vertederos más contaminantes del mundo
En medio de uno de los basurales más contaminantes del mundo, un grupo de recicladores decidió estudiar después de trabajar. ¿Qué los impulsa a no rendirse?
En Bariloche, la precariedad y la esperanza conviven en el mismo suelo: en medio de un basural de más de 37 hectáreas —clasificado entre los más contaminantes del mundo— funciona una escuela. Un aula aislada que representa la resistencia de una comunidad que no se rinde.
El panorama es alarmante y no paró de empeorar en los últimos 40 años. Pero cuando muchos se dan por vencidos, la mayoría de los 20 recicladores que trabajan en el lugar se anotaron para cursar en la escuela que armaron en una de las oficinas de la planta.
¿Cómo es vivir y trabajar en el basural?
El vertedero está ubicado en plena zona urbana, donde se descargan 200 toneladas diarias de residuos sin ningún tipo de tratamiento. Al estar en la ladera del cerro Otto, sus líquidos contaminantes pueden terminar en los lagos Gutiérrez y el arroyo Ñireco.
Un ranking de la Asociación Internacional de Residuos Sólidos lo ubica entre los 50 más contaminantes del mundo. Pero para los trabajadores, no es solo eso: el frío extremo, los incendios frecuentes, el olor y las ratas hacen del basural un lugar invivible.
La educación como salida
A pesar de todo, los recicladores se dividieron en dos comisiones de dos turnos para asistir a la escuela después de la jornada laboral. Frente a una dirigencia que durante 40 años miró para otro lado ante la degradación de la tierra, los recicladores entienden lo que a los políticos les cuesta: que la educación es la esperanza y la puerta de salida a condiciones de vida más humanas.
