En Salta los ven dormir en la calle y nadie puede frenarlo: la edad que encendió todas las alarmas

Duermen en las galerías de una terminal, vecinos denuncian puntos de venta y un referente de los Hogares de Cristo lanzó una frase que heló a todos en el norte provincial. La edad que mencionó nadie la puede creer.

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En Salta los ven dormir en la calle y nadie puede frenarlo: la edad que encendió todas las alarmas
En Salta los ven dormir en la calle y nadie puede frenarlo: la edad que encendió todas las alarmas

La postal se repite casi cada mañana en la Terminal de San José de Metán: hombres y mujeres que pasaron la noche en las galerías, algunos bajo los efectos de sustancias y sin un lugar estable donde contenerse. El fenómeno dejó de ser una postal incómoda para convertirse en una señal de alarma que crece en distintos puntos de Salta.

El medio local El Bueno y el Malo reflejó esa situación en inmediaciones de la terminal metanense. El problema no se limita a ese espacio: otro medio de la zona recogió reclamos de vecinos de los barrios Los Laureles, Nuevo Hogar, Villa San José y Diógenes Zapata, preocupados tanto por el consumo como por presuntos puntos de venta de drogas.

Metán, la postal que ya no sorprende

Según los testimonios recogidos en la zona, las intervenciones puntuales no alcanzan para resolver la cuestión de fondo. Puede haber un despeje del lugar, pero si una persona atraviesa al mismo tiempo una adicción, falta de vivienda, ruptura de vínculos familiares y problemas de salud mental, sacarla de un espacio no resuelve ninguna de esas variables.

Desde los propios relatos se aclara que no todas las personas con una adicción cometen delitos ni todas las que viven en la calle consumen drogas. Son problemáticas diferentes que pueden superponerse en algunos casos y que requieren abordajes específicos.

Pichanal: el dato que estremece

A cientos de kilómetros, en el norte provincial, la advertencia es todavía más dura. Fray Guillermo Schattenhofer, referente de los Hogares de Cristo de Salta y responsable del Hogar de Cristo Virgen de Luján y Santa Clara de Pichanal, habló con Radio Salta y fue contundente.

"La situación se nos está yendo de las manos", sostuvo el religioso, que aseguró que están encontrándose con niños de 10 y 11 años que comienzan a consumir pasta base o a aspirar nafta, mientras que hay adolescentes de 12, 13 y 14 años atravesados por distintos consumos desde hace tiempo.

La nafta, de hecho, es utilizada desde hace años en el norte provincial por muchos jóvenes para drogarse. La edad es quizás el dato más alarmante: ya no se habla solo de adultos con años de consumo problemático, sino de chicos que todavía deberían estar transitando la escuela primaria o los primeros años de la secundaria.

"Se van a la calle y allí comienza la rueda"

Schattenhofer vinculó el fenómeno con un entramado mucho más amplio que la disponibilidad de drogas. Según su experiencia territorial, aparecen el abandono escolar, la pobreza estructural, la falta de oportunidades y hogares en los que los adultos necesitan permanecer muchas horas afuera para conseguir ingresos.

"Todos los adultos deben salir a trabajar, los chicos quedan solos o a cargo de una abuelita muy mayor o un hermano", describió el sacerdote. En algunos casos, explicó, nadie controla que los menores asistan a la escuela y empiezan a permanecer cada vez más tiempo en la calle.

Para el religioso existe además una pérdida de perspectivas hacia adelante. La escuela, un club o una actividad deportiva funcionaron históricamente como espacios de contención, pero hoy encuentran mayores dificultades para competir con el consumo cuando el adolescente no visualiza un proyecto de vida detrás de terminar sus estudios.

La crisis económica, un factor pero no el único

La situación económica puede funcionar como factor de vulnerabilidad, aunque sería incorrecto afirmar que la pobreza provoca automáticamente una adicción o que las decisiones económicas del Gobierno nacional explican por sí solas cada caso. El consumo problemático es multicausal: pueden intervenir dificultades familiares, abandono escolar, violencia, problemas de salud mental, ausencia de redes de apoyo, disponibilidad de sustancias, exclusión social, falta de oportunidades y situaciones económicas críticas.

Los últimos datos oficiales muestran que la vulnerabilidad económica sigue alcanzando a millones de argentinos. El INDEC informó esta semana que durante el primer semestre de 2026 el 32,3% de la población de los 31 aglomerados urbanos relevados estaba debajo de la línea de pobreza y el 7,5% era indigente.

El contexto tampoco está estabilizado: la actividad económica cayó 1,4% interanual en julio y 2,9% frente a junio en la medición desestacionalizada, mientras la desocupación nacional alcanzó el 7,9% durante el segundo trimestre de 2026. Esos indicadores permiten contextualizar la situación social, pero no establecer una relación automática entre pobreza y drogas.

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