En plena chacra misionera, cuatro familias lograron algo que casi nadie consigue
La apuesta parecía solo ambiental: cuidar el monte donde sobrevive el zorro pitoco. Pero en Pozo Azul el proyecto terminó metiendo mano en colmenas, huertas y etiquetas, y cuatro chacras se llevaron una certificación que casi nadie tiene.
El proyecto zorro pitoco trabaja en San Pedro y Pozo Azul con productores, estudiantes e instituciones para fortalecer el Corredor Verde a través de prácticas agroecológicas, recuperación de especies nativas y alternativas productivas sustentables. La meta final es conservar el ambiente donde sobrevive una especie particular de la fauna misionera.
El desafío adquiere otra dimensión porque se trata de un animal críticamente amenazado en Argentina y declarado Monumento Natural Provincial en Misiones. Sus principales poblaciones se registran en áreas naturales protegidas como el Parque Nacional Iguazú y el Parque Provincial Esmeralda, pero en San Pedro también hay registros en propiedades privadas, incluso en ambientes degradados y sin ninguna figura formal de protección.
Una nueva etapa de tres años
A fines de 2025, el proyecto, mediante el Programa de Interacción en el Corredor (PIC), puso en marcha una etapa de tres años con tres objetivos: ampliar su presencia territorial, acompañar la transición hacia prácticas agroecológicas y fortalecer la producción sustentable, la conservación de especies nativas y la comercialización de productos locales.
La propuesta la ejecutan en terreno Mariana Palma y Tomás Franzese, del Ministerio de Ecología, mientras que la dirección está a cargo de Karen De Matteo, Carina Argüelles y Miguel Rinas, en trabajo conjunto con el organismo provincial.
Buena parte de las intervenciones se concentran hoy en Pozo Azul, en chacras que ya participaban de las propuestas y cuyos productores se comprometieron a incorporar de forma progresiva prácticas agroecológicas.
“Creemos que el acompañamiento a las actividades productivas constituye uno de los ejes centrales del programa”, indicó Mariana Palma a El Territorio.
Apicultura y huertas para diversificar ingresos
Una de las actividades fortalecidas es la apicultura. Cinco productores recibieron cajas, herramientas e insumos, además de capacitación y asesoramiento técnico. Después se hicieron jornadas de seguimiento para mejorar la instalación de las colmenas, el manejo productivo y las condiciones sanitarias. La intención es que la actividad funcione como alternativa para diversificar los ingresos familiares y, a la vez, ayude a conservar los servicios ambientales del territorio.
Otra línea de trabajo llegó a las huertas de cinco productores con materiales, biopreparados y asesoramiento técnico. Allí se busca mejorar la producción reduciendo el impacto sobre el ambiente e incorporando de a poco prácticas agroecológicas.
La experiencia también salió de las chacras y entró a las aulas. En Santa Cruz del Monte se puso en funcionamiento una Huerta Orgánica Escolar, donde los propios estudiantes participaron de tareas de producción y trasplante y sumaron conocimientos sobre agricultura, alimentación y cuidado ambiental.
La certificación que lograron cuatro chacras
Con los productores que ya trabajan completamente bajo principios agroecológicos, el programa avanzó un paso más. “Nos focalizamos en los grupos que ya implementan la agroecología al 100%. Con ellos completamos los procesos de certificación participativa de la Secretaría de Estado de Agricultura Familiar de Misiones”, explicó el equipo.
En junio, tras unos dos años de organización y trabajo conjunto, cuatro chacras alcanzaron esa certificación participativa, que permite reconocer y diferenciar las producciones desarrolladas bajo estos criterios. Además se identificaron cuatro grupos con posibilidades de avanzar en procesos similares.
Uno de los próximos desafíos será que ese reconocimiento también incida de manera favorable al momento de comercializar. Por eso el proyecto prevé trabajar en el fortalecimiento de canales de venta y en una mayor valorización de los productos obtenidos con prácticas agroecológicas.
Capacitaciones a medida
La experiencia acumulada llevó a cambiar la manera de plantear las capacitaciones. En esta nueva etapa, los contenidos responden de forma más directa a las necesidades expresadas por los propios productores. “Seguimos con las capacitaciones, pero esta vez bien puntuales a las necesidades y requerimientos del grupo”, indicó Palma.
En articulación con la Municipalidad de Pozo Azul se realizó un taller sobre Buenas Prácticas en la Elaboración de Alimentos, con la intención de que los productores puedan iniciar el proceso de regulación de sus productos. Hubo además capacitaciones para elaborar conservas, licores, vinagres y jabones ancestrales. A eso se sumaron equipamientos e insumos destinados a mejorar las condiciones de manipulación, elaboración y envasado.
Dos viveros y una meta: 2.000 árboles nativos
La recuperación del ambiente es otro de los ideales del proyecto. Durante este año comenzó la puesta en funcionamiento de dos viveros de especies nativas. Uno está en el Instituto Palabras del Alma, en el paraje Portón Viejo de Pozo Azul, y el segundo en la Epet N° 28, en el paraje Gentile, San Pedro.
En ambos establecimientos se incorporaron materiales y equipamientos para sistemas de riego y producción de plantas, con participación activa de estudiantes y docentes. Araucaria, alecrín, guatambú, cancharana, timbó, loro blanco, loro negro y distintas especies frutales forman parte de los ejemplares que se busca producir. El objetivo es iniciar un plan para plantar al menos 2.000 ejemplares en las chacras que participan del programa el próximo año.
Así, los viveros no solo cumplen una función educativa: se convierten en una herramienta concreta para enriquecer con especies nativas las chacras, recuperar y conservar los suelos y acompañar modelos productivos más sustentables.
Otro eje de esta parte del proyecto fueron las capacitaciones a docentes y estudiantes por parte de la Secretaría de Extensión de la Facultad de Ciencias Forestales de la Unam sobre producción, manejo y conservación de especies nativas.
Ferias, etiquetas y nuevos mercados
El proyecto también genera espacios para que lo que producen las familias pueda comercializarse. Lo impulsa con la apertura a nuevos mercados mediante la participación en ferias y eventos, y permitió visibilizar alimentos, miel, yerba mate, dulces, quesos, tejidos y otras producciones agroecológicas que, con el diseño de rótulos y etiquetas, llegan a los puestos de venta identificados. Es un beneficio que no es menor: muchas veces los productores no saben cómo encaminar ese trámite o no cuentan con recursos para pagar el diseño e impresión de las etiquetas.
Para los próximos años buscan incorporar nuevos participantes, extender las prácticas agroecológicas hacia otros rubros, avanzar con la plantación de especies nativas, sumar procesos de certificación y generar mayores oportunidades de comercialización.
El desafío es que las familias puedan seguir produciendo y desarrollándose dentro del territorio mientras se recuperan y conservan los ambientes que permitan al zorro pitoco encontrar un lugar donde sobrevivir.
La iniciativa cuenta con el apoyo financiero de la Fundación Kolmarden y del Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables, y con el acompañamiento institucional del Grupo de Investigación en Genética Aplicada (Giga), perteneciente al Instituto de Biología Subtropical (IBS), nodo Posadas (Unam-Conicet), la Universidad de Washington en St. Louis y el Instituto WildCare del Zoológico de Saint Louis.