En La Plata ya mueren más personas de las que nacen: el dato que cambia todo

La tasa de fecundidad argentina se derrumbó de 2,4 hijos por mujer en 2014 a 1,2 en 2024. Y en La Plata hay un dato que, dicen, no tiene precedentes desde la fundación de la ciudad. El número exacto que encendió las alarmas.

· 7 min de lectura
En La Plata ya mueren más personas de las que nacen: el dato que cambia todo
En La Plata ya mueren más personas de las que nacen: el dato que cambia todo

En los jardines de infantes y las escuelas de La Plata, los rostros jóvenes de los padres pierden terreno frente a otros más maduros. Ya no se trata solo de abuelos que buscan a sus nietos: tener un hijo a los 25 años, algo habitual para generaciones anteriores, se volvió una realidad lejana para gran parte de los jóvenes de hoy.

La maternidad se corre hacia edades más avanzadas y con menos hijos por mujer. Algunas parejas esperan más años, otras deciden no tenerlos, y también están quienes quieren ser padres pero necesitan que las condiciones laborales, económicas o afectivas se acomoden antes de dar el paso.

Lula Fontanari tiene 40 años, es abogada, vive a metros del Bosque y está en pareja desde hace tiempo. "No estamos casados y tampoco sentimos que el matrimonio sea una condición necesaria para consolidar nuestro proyecto de vida", cuenta. "Compartimos muchas cosas, viajamos bastante y conservamos nuestros espacios personales".

Sobre la maternidad, admite: "A mí, sinceramente, no me interesa demasiado". Y agrega: "Mi novio es un poco más joven que yo y alguna vez manifestó que a él sí le gustaría tener hijos. Lo hablamos, obviamente, pero no se convirtió en una discusión. No tomamos una decisión definitiva, pero tampoco estamos a la espera de nada... Disfrutamos el ahora".

Una década en picada

La magnitud del cambio ya aparece en los números. Durante buena parte de los últimos treinta años, la fecundidad argentina venía descendiendo de manera gradual. En 1990, la tasa rondaba los tres hijos por mujer. En 2014 todavía se ubicaba en 2,4, pero en 2017 cruzó el umbral de 2,1 que suele asociarse con el reemplazo generacional. Post pandemia, hacia 2024, había caído a 1,2 hijos por mujer: una contracción de casi el 48 por ciento en la década más reciente.

El fenómeno no es exclusivamente argentino. La caída de la fecundidad afecta a buena parte del mundo, en especial a los países de mayores ingresos, y responde a una combinación de cambios económicos, culturales, laborales, educativos y familiares. Pero en nuestro país la velocidad de los acontecimientos es llamativa.

La postergación

Otro indicador permite abordar el cambio desde una mirada generacional. En 2001, el 41,2 por ciento de las mujeres de entre 20 y 24 años ya había sido madre. En 2010, la proporción prácticamente no se había modificado: era del 41,3 por ciento. En 2022, en cambio, había descendido al 31,2 por ciento.

Ser madre antes de los 25 años se volvió infrecuente; apenas tres de cada diez mujeres se ajustan a esa descripción. A la vez, creció la participación femenina en el mercado laboral. Se deconstruyó el concepto tradicional de familia, se consolidó el empoderamiento femenino y se prolongó la adolescencia. El viejo concepto de "sentar cabeza" también parece haber cambiado de significado.

Laura Umpiérrez tiene 42 años, es cosmiatra platense y decidió congelar sus óvulos. "No fue porque tuviera en ese momento un proyecto concreto de maternidad, sino porque el tiempo biológico es real y corre, y si algún día quería ser mamá, era lo indicado", relata. "Hasta ahora no los usé y tampoco sé si los voy a usar. Tener un hijo siempre estuvo para mí bastante ligado a la idea de compartir un proyecto con alguien y no se dio", repasa la vecina que tiene su consultorio en la zona de parque Vucetich y un departamento con dos gatos adoptados.

"No siento apuro ni renuncio a ninguna posibilidad... Si algún día quiero ser madre y la ciencia me permite hacerlo de una manera segura, veremos. De antemano, no descarto nada", sostiene. Y reflexiona: "Hoy no puedo decir que mi gran sueño sea ser madre. Pero tampoco puedo decir que no quiera serlo. Y creo que también hay que aceptar que una mujer puede estar en ese lugar intermedio, sin tener una respuesta definitiva".

La Plata y un punto de quiebre

La caída de la natalidad en la ciudad contribuyó, al final de 2025, con un dato inquietante. Por primera vez, se dice que desde los tiempos fundacionales, murieron más personas de las que nacieron: concretamente, hubo 413 defunciones más que nacimientos.

Desde el Hospital Italiano de La Plata, su director, Roberto Martínez, describió el fenómeno como una transformación que ya está obligando a varios sistemas -incluidos el educativo y el sanitario- a adecuarse. "Estamos yendo hacia un envejecimiento de la población y una reducción de los niveles poblacionales. Eso cambia todo", sostuvo. "Las tasas de natalidad han caído de manera estrepitosa", señaló, y advirtió que en el centro asistencial de avenida 51 esto llevó a racionalizar estructura y personal.

El papel de la educación

La transformación también se vincula con las características particulares de La Plata, una ciudad con una enorme población universitaria y una fuerte concentración de jóvenes. Las dificultades para acceder a la vivienda propia y para contar con las condiciones financieras que garanticen cierta autonomía forman parte de un escenario en el que decisiones tan relevantes como la de tener o no hijos se piensan una y mil veces.

Las estadísticas muestran, asimismo, un cambio en los modelos de hogar. La familia tradicional de pareja con dos hijos perdió peso relativo frente al crecimiento de los hogares unipersonales, las parejas sin hijos y los hogares monoparentales. En La Plata, además, más del 80% de los hogares monoparentales tiene jefatura femenina, un dato que pone sobre la mesa el peso económico y cotidiano que puede adquirir la crianza en soledad.

Así, en la Región conviven dos fenómenos que se retroalimentan: se tienen menos hijos y se los tiene más tarde. Pero también hay una diferencia importante respecto de décadas anteriores: una parte de la reducción de los nacimientos responde a que las personas cuentan con más herramientas para decidir cuándo quieren tener hijos y, especialmente entre adolescentes y jóvenes, para evitar embarazos no planificados.

Soledad Fernández, desde la Secretaría de Salud platense, pone en valor a la ESI. "Fue y sigue siendo una herramienta enorme para que niñas y adolescentes tengan mucha información vital", asevera, en la línea de lo que expresan en el servicio de Ginecología y Obstetricia del hospital berissense Larraín: "El programa 'Niñas, no madres' fue fantástico y bajó en un 50% el embarazo adolescente", se entusiasman.

En Ensenada, el hospital Cestino también registra el impacto: la cantidad de partos cayó entre 30 y 35 por ciento respecto de cinco años atrás. A escala regional, el presidente de FECLIBA, Néstor Porras, confirma el descenso y su repercusión en los centros de salud privados: "Ha bajado más del 40 por ciento el índice de natalidad, lo que conlleva una menor demanda del servicio de neonatología", dice.

Consecuencias demográficas

De mantenerse en los guarismos actuales la tasa de natalidad, la estructura demográfica regional irá acusando recibo, afectando cuestiones previsionales -menos trabajadores activos por jubilados-, sanitarias -mayor gasto-, comerciales -menor demanda de productos y servicios infantiles y mayor para adultos mayores-, productivas -escasez de mano de obra-, entre otras.

Durante décadas, la discusión sobre la natalidad parecía pertenecer al terreno de las proyecciones demográficas, de esas cifras que anticipan cómo será una sociedad dentro de veinte o treinta años. Pero ese futuro ya empezó a llegar. La menor cantidad de nacimientos se hace visible en los jardines de infantes, empieza a modificar la matrícula de las escuelas, reduce la actividad de algunas maternidades y obliga a revisar estructuras y servicios que durante años fueron pensados para una población más joven y numerosa.

La Plata y su región empiezan a transitar ese nuevo escenario con una población que envejece, una infancia menos numerosa y una generación de adultos que llega a la maternidad y la paternidad cada vez más tarde. El desafío ya no es imaginar cómo será esa sociedad, sino prepararse para ella.

Más para leer

Vieytes se llena de campo, destrezas y folclore: qué se puede ver en la fiesta criolla
Sociedad
Caminaron 60 km bajo la lluvia: la historia de las tres hermanas que llegaron a Luján con los pies destrozados
Sociedad
Caminó 60 kilómetros bajo la lluvia para cumplir un deseo que esperó toda la vida
Sociedad
Volvió a caminar a Luján y contó por qué: la operación que casi le cuesta todo
Sociedad
Lo repitió durante años y esta vez no hubo excusa: la promesa que la hizo llorar frente a la Basílica
Sociedad
Le dijeron que su bebé no sobreviviría: 10 años después, él la acompaña en la peregrinación
Sociedad