En La Banda, más de 50 chicos descubrieron un lugar donde servir los cambia desde adentro

En La Banda hay un grupo que crece sin hacer ruido y que ya cambió la vida de decenas de pibes: forman parte de algo que trasciende el altar y que muchas familias santiagueñas empiezan a mirar con otros ojos. Lo que hacen los sábados por la tarde, adentro de la parroquia Santiago Apóstol.

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En La Banda, más de 50 chicos descubrieron un lugar donde servir los cambia desde adentro
En La Banda, más de 50 chicos descubrieron un lugar donde servir los cambia desde adentro

En la parroquia Santiago Apóstol de La Banda, más de 50 niños y jóvenes forman parte del grupo de monaguillos, un espacio donde la colaboración en el altar es solo la punta del iceberg. Las coordinadoras Marisa, Mabel y Mili contaron a Nuevo Diario que llegar a ser monaguillo significa, antes que nada, responder a un llamado al servicio.

La incorporación arranca a los 8 años, muchas veces en plena preparación para la Primera Comunión. Algunos llegan por curiosidad, otros porque sienten el deseo de participar de la misa y conocer de cerca este servicio. Con el tiempo, muchos terminan descubriendo una vocación profunda de acompañar y servir.

Mucho más que estar junto al altar

En cada encuentro reciben formación sobre la liturgia, la Iglesia, los santos y la Virgen. Pero también aprenden a crecer como personas: la humildad, el amor, el respeto, la solidaridad, el compañerismo y la disposición para ayudar son valores que se trabajan permanentemente.

"Más que un grupo, somos una familia", expresaron los coordinadores, al destacar el vínculo que se genera entre los niños, jóvenes y sus familias. Cada encuentro se convierte en una oportunidad para compartir, aprender unos de otros y crecer juntos en la fe.

Una misión que cruza las puertas del templo

Durante el año, los monaguillos participan de acciones solidarias en distintos barrios y comunidades, visitan hospitales y llevan catequesis, juegos y alegría a los niños en celebraciones especiales como el Día del Niño y Navidad.

Además, tienen a su cargo la organización de la tradicional Pascua Prejuvenil, que reúne a más de 200 preadolescentes en el Club Ciclista Olímpico. También participan de encuentros de monaguillos, la Jornada de los Abuelos y propuestas como la Intervención Urbana Laudato Si', junto a colegios diocesanos, para promover el cuidado de la Casa Común.

Y en medio de tanta tarea también hay lugar para disfrutar. Paseos, viajes, convivencias y campamentos permiten fortalecer la amistad y la unidad, con la participación de las familias.

Los encuentros se realizan los sábados desde las 18 en la parroquia Santiago Apóstol. Allí, cada niño y joven encuentra un espacio de contención, aprendizaje y afecto, donde la Iglesia los acompaña a descubrir que servir también es una manera de amar.

En tiempos donde la comunidad necesita espacios de contención y esperanza, la labor de los monaguillos representa una experiencia que puede dejar huellas para toda la vida: aprender a servir, descubrir la fe y comprender que, en cada gesto de amor hacia el otro, también puede hacerse presente Jesús.

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