En el cementerio de La Banda, el mensaje del padre Cuevas que cambió el sentido del Día de los Difuntos
Un cementerio, una misa y una palabra que el padre Cuevas puso en el centro de la jornada: “pasar por el corazón”. Lo que dijo sobre la tristeza y por qué planteó otra forma de vivir el Día de los Difuntos.
El padre Julián Cuevas celebró la misa del Día de los Fieles Difuntos en el cementerio privado Parque de la Paz y dejó una reflexión que buscó correr el eje de la jornada: recordar a los que ya no están, pero no solo desde el dolor.
La homilía se realizó en el marco de la conmemoración que cada año reúne a familias santiagueñas en ese camposanto, un encuentro religioso pensado para acompañar a quienes se acercan a visitar a sus seres queridos.
El Evangelio de San Lucas como punto de partida
Cuevas tomó como referencia el pasaje de San Lucas en el que las mujeres llegan al sepulcro de Jesús y reciben el anuncio de la resurrección. De allí extrajo la palabra que ordenó todo su mensaje: recordar.
Para explicarla, recuperó una expresión que solía usar el papa Francisco: recordar es “pasar por el corazón” las palabras, los gestos y las acciones compartidas con quienes formaron parte de la vida de cada uno.
“Todas aquellas palabras, todas aquellas acciones que hemos vivido con aquellas personas de las cuales recordamos, que han pasado por nuestra vida, pero sobre todo que han pasado por nuestro corazón”, expresó el sacerdote.
Una invitación a frenar y mirar la fe
En medio de las obligaciones y preocupaciones diarias, Cuevas propuso a los presentes detenerse a revisar la propia fe cristiana. Señaló la importancia de “meditar en el misterio de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo” y también en la esperanza de la resurrección propia.
El sacerdote vinculó además el Día de los Fieles Difuntos con la solemnidad de Todos los Santos. Recordó a aquellas personas que, sin haber sido reconocidas oficialmente como santas, dejaron un ejemplo de vida con sus acciones.
“Han estado con nosotros y hemos visto su entrega, su sacrificio, su fidelidad a Dios y su amor adicional a los hermanos”, reflexionó.
“No”: el momento central de la homilía
Uno de los pasajes más fuertes llegó cuando Cuevas invitó a cambiar la mirada sobre la fecha y se preguntó si debía ser considerada únicamente como una jornada de tristeza, amargura o desesperación.
“Hoy podemos decir que es un día de tristeza, es un día de reconciliación, es un día de silencio, es un día de oración, es un día de amargura, de desesperación... No”, expresó, antes de plantear que también puede ser “un día de felicidad”.
Con esa idea, el sacerdote propuso que el recuerdo de los fallecidos no quede atado solo al dolor de la ausencia, sino que también abra la puerta a valorar lo compartido y el legado que dejaron en sus familias y seres queridos.
