¿Qué señales concretas alertan a los especialistas de Catamarca sobre un posible trastorno alimentario en chicos cada vez más chicos? El detalle que más preocupa a las familias y el dato que cambió la mirada del profesional.
Un dato encendió las alarmas en Catamarca: el licenciado Franco Notario, vicepresidente del Colegio de Graduados en Nutrición, recibe consultas de familias con hijos de apenas 7 u 8 años que muestran señales compatibles con trastornos alimentarios. Antes, según contó en una entrevista radial, asociaba estas situaciones a edades cercanas a los 10 o 15 años.
El escenario local se cruza con una tendencia regional que preocupa. Un informe publicado en la revista científica JAMA Psychiatry reveló que la cantidad de personas con anorexia nerviosa o bulimia nerviosa en América Latina austral aumentó un 73,6% entre 1990 y 2023. Esa región, que incluye a Argentina, Chile y Uruguay, registró alrededor de 300.000 personas afectadas en el último año analizado.
Especialistas que no alcanzan
Uno de los principales problemas que identificó Notario es la escasez de profesionales preparados para abordar estos cuadros. Según su estimación, de los aproximadamente 250 nutricionistas que hay en Catamarca, solamente 5 o 6 trabajan específicamente con trastornos de la conducta alimentaria.
“Es tremendo la demanda que hay”, afirmó. También indicó que existe una dificultad similar para encontrar psicólogos especializados, lo que complica la posibilidad de ofrecer un tratamiento integral.
El abordaje requiere, en la mayoría de los casos, la intervención conjunta de nutricionistas, psicólogos y psiquiatras. “Sí o sí tienen que estar trabajando nutri, psicólogo y psiquiatra”, remarcó.
Sin centros especializados en la provincia
A la falta de especialistas se suma la ausencia de instituciones específicas. Notario recordó que en Catamarca funcionaba ALUBA (Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia), pero cerró sus puertas.
Actualmente, según explicó, la provincia no cuenta con un centro de día especializado ni con un establecimiento destinado específicamente a la internación de pacientes con trastornos alimentarios.
En consecuencia, algunas situaciones requieren derivaciones a otras jurisdicciones, como Córdoba o Buenos Aires. El nutricionista relató que tuvo que derivar a una paciente para su internación debido a la gravedad del cuadro y al daño que ya presentaba. Finalmente, fue atendida en el Hospital de Niños, aunque no se trataba de una institución especializada en estas patologías.
Las señales que los adultos no deberían pasar por alto
Notario destacó la importancia de que los adultos presten atención a los cambios de comportamiento de niños y adolescentes. Entre las señales que mencionó se encuentran:
Evitar las fotografías: adolescentes que dejan de participar en fotos o manifiestan rechazo a que los fotografíen.
Cambios en la vestimenta: utilizar ropa que cubra gran parte del cuerpo, incluso cuando hace calor.
Comer a escondidas: ocultar alimentos o encontrar envoltorios de golosinas escondidos en la habitación.
Aislamiento social: dejar de salir, evitar encuentros con amistades o modificar sus actividades habituales.
El profesional aclaró que estas conductas no significan necesariamente que exista un trastorno alimentario, pero pueden ser indicios que merecen atención.
“Es importantísimo estar atento a ciertas alarmas y señales de los chicos”, sostuvo. También recomendó conversar con ellos y no minimizar los cambios de comportamiento o interpretarlos simplemente como una forma de llamar la atención.
“Si no se le presta atención y se cree que el hijo hace esas conductas para llamar la atención, que ya en cualquier momento se le pasa, es súper grave”, advirtió.
La consulta con profesionales especializados permite evaluar cada situación y determinar si existe un trastorno que requiera tratamiento.
Redes sociales y presión sobre el cuerpo
El nutricionista también vinculó estas problemáticas con la presión social sobre la imagen corporal y la exposición constante a contenidos de redes sociales relacionados con la alimentación, el ejercicio físico y los modelos de belleza.
“Los chicos están expuestos todo el tiempo a qué tienen que comer, qué no tienen que comer, qué actividad física tienen que hacer para tener tal cuerpo”, señaló.
En su experiencia profesional, Notario también observó casos en los que los comentarios y las críticas sobre el cuerpo de otras personas tuvieron un papel importante en el desarrollo de problemas con la alimentación y la imagen corporal.
Consideró que la presión estética afecta especialmente a las mujeres, aunque aclaró que los varones también pueden desarrollar trastornos de la conducta alimentaria. En este grupo mencionó la vigorexia, relacionada con una preocupación excesiva por el desarrollo muscular y la apariencia física.
Además, advirtió sobre la circulación de consejos y planes alimentarios en redes sociales y gimnasios por parte de personas que no cuentan con formación profesional en nutrición.
Qué mostró el estudio internacional
La investigación publicada el 28 de octubre de 2026 en JAMA Psychiatry analizó la prevalencia de anorexia nerviosa y bulimia nerviosa entre 1990 y 2023, y elaboró proyecciones hasta 2050.
A nivel mundial, estimó que en 2023 había 18,1 millones de personas afectadas por alguno de estos dos trastornos. De ese total, el 69,4% eran mujeres y el 30,6% varones. Además, el 41,2% tenía entre 10 y 24 años.
Los investigadores proyectaron que la cifra podría llegar a 21,8 millones de personas en 2050, lo que representaría un aumento del 20,3% respecto de 2023.
El trabajo se concentra específicamente en anorexia y bulimia, por lo que sus estimaciones no representan la totalidad de los trastornos de la conducta alimentaria.
En Catamarca, Notario insistió en la necesidad de recuperar la atención sobre estas problemáticas, mejorar la disponibilidad de profesionales especializados y favorecer la detección temprana.
“Lo importante es que se puede tratar, pero hay que tratarlo a tiempo y que la persona se deje ayudar”, concluyó.