Empieza con mate y termina entre huellas de dinosaurios: la escapada que lo tiene todo

Diego y Débora Rodríguez abrieron las puertas de su lodge a orillas del Limay. Mientras él enseña a pescar truchas, ella prepara un plato que recrea una postal de El Chocón. Lo que descubrieron los visitantes al caer la tarde...

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Empieza con mate y termina entre huellas de dinosaurios: la escapada que lo tiene todo
Empieza con mate y termina entre huellas de dinosaurios: la escapada que lo tiene todo

A poco más de una hora de Neuquén capital, Villa El Chocón ofrece un paisaje que muta en cuestión de horas: arranca con mate y caña a orillas del lago, sigue con una trucha recién hecha y termina frente a huellas que tienen millones de años.

El punto de partida puede ser Bahía Boca del Sapo. Ahí funciona Fario Fishing Lodge, un emprendimiento dedicado a la pesca y a recibir visitantes. Diego Rodríguez, guía habilitado por el Ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales, conoce el lago y sus secretos. Para muchos, la pesca es la excusa para llegar; después, la jornada se va abriendo a otras propuestas.

El desayuno llega con tortas fritas al lado del agua. Luego aparecen las cañas y las primeras explicaciones sobre pesca con mosca o spinning. Los que nunca lanzaron una línea pueden aprender las técnicas básicas de casteo; los más experimentados, ajustar movimientos y probar otras variantes. Todo, en un entorno que invita a quedarse.

Del lago a la mesa

Después de unas horas al aire libre, el hambre se vuelve parte de la experiencia. En Fario, Débora Rodríguez, técnica superior en Gastronomía y esposa de Diego, transforma los productos locales en una propuesta que también cuenta algo del lugar.

La trucha es la protagonista: llega desde productores de piscicultura de Alicurá y puede prepararse a la plancha o al horno, con vegetales, guarniciones y salsas. También hay pastas y empanadas, una de las opciones más elegidas por los visitantes.

Pero hay un plato que invita a mirarlo antes de comerlo: una trucha grillada con vegetales y milhojas que recrea una postal de El Chocón. Un bote hecho con zapallo, zanahorias que simulan los remos y una milhojas que representa a Los Gigantes, esas enormes formaciones rocosas que dominan el paisaje.

La mesa puede acompañarse con un Pinot Noir neuquino. Así, entre bocado y bocado, el territorio vuelve a aparecer: en los productos, en el vino, en la trucha y en esa manera de llevar el paisaje hasta el plato.

Millones de años después

Por la tarde, el viaje cambia de escala. Ya no se trata de mirar el lago, sino de mirar hacia atrás, mucho más atrás. El Museo Paleontológico Ernesto Bachmann guarda parte de esa historia: entre fósiles, piezas y reconstrucciones aparece uno de los grandes protagonistas de El Chocón, el Giganotosaurus carolinii, el enorme dinosaurio que habitó la Patagonia hace millones de años.

Pero la paleontología no termina detrás de las vitrinas. Cerca de las costas del embalse Ezequiel Ramos Mexía, las huellas de dinosaurios aparecen a cielo abierto. Caminar por ahí tiene algo de viaje en el tiempo: el mismo suelo que hoy pisan los visitantes fue recorrido por animales que desaparecieron mucho antes de que existieran las ciudades, los caminos y las personas.

La aventura puede continuar por el Cañadón Escondido y el Cañadón del Cocodrilo, donde las formaciones rocosas permiten leer otra parte de la historia geológica de la región. También son escenarios para trekking y cicloturismo, ideales para quienes quieran seguir caminando mientras haya luz.

El azul del embalse y los gigantes

El embalse Ezequiel Ramos Mexía vuelve a ser protagonista. Es un paisaje de contrastes: el azul profundo del agua, las mesetas y las formaciones rocosas de tonos rojizos. Hay playas, actividades náuticas, pesca deportiva y rincones donde vale la pena sentarse a mirar.

Los Gigantes son, quizás, la imagen más reconocible. Esas grandes paredes de roca que emergen junto al agua forman una de las postales que explican por qué El Chocón tiene un paisaje tan particular.

Para descubrirlo desde distintos ángulos están los miradores del Embalse, de las Aves, del Faro y del Vertedero. Y para sumar una mirada diferente, el Paseo de Dinosaurios en Realidad Aumentada incorpora tecnología al recorrido y permite acercarse al patrimonio paleontológico de una manera distinta.

Un día que pide quedarse

El Chocón puede recorrerse en una jornada, pero también tiene motivos para quedarse un poco más. Se puede sumar una caminata, una salida de pesca, una tarde junto al agua o recorrer el casco histórico y los espacios vinculados con la construcción de la villa y el complejo hidroeléctrico.

También están la Iglesia Nuestra Señora de El Chocón, el Paseo de Artesanías y el particular Museo del Botón, pequeñas paradas que completan una visita donde cada rincón cuenta una parte diferente de la localidad.

A veces alcanza con poco más de una hora de ruta para cambiar de paisaje. En El Chocón, la distancia entre Neuquén capital y el lago se mide en kilómetros, pero la sensación es otra: una mañana de pesca, una mesa con trucha, un museo lleno de dinosaurios y un atardecer sobre el embalse pueden convertir una escapada corta en un viaje por distintas épocas de la Patagonia.

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