Empezó con dos fuentes prestadas y hoy su pizza es una de las mejores del país

Un pizzero de Plottier pasó de cocinar con dos fuentes prestadas a meterse entre los mejores del país. Lo que logró en el Mundial de la Pizza y la Empanada tiene detrás una historia que muy pocos conocen.

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Empezó con dos fuentes prestadas y hoy su pizza es una de las mejores del país
Empezó con dos fuentes prestadas y hoy su pizza es una de las mejores del país

Una pizza que nació en una casa de Plottier se metió entre las mejores del país. Detrás del segundo puesto en el Mundial de la Pizza y la Empanada hay meses de prueba y error, dos fuentes prestadas y un sueño que Ezequiel Jara empezó a construir hace apenas 11 meses.

Ezequiel tiene 28 años, es de Plottier y en su casa creó Pizzería Haaam. Hace menos de un año dejó su trabajo en una pizzería de estilo napolitano y apostó por su propio camino. Hoy puede decir que es el segundo mejor pizzero del país en la categoría de pizza al molde, y que también se llevó el séptimo puesto en pizza a la piedra.

De la gastronomía a la pizza

Antes de meterse de lleno en la pizza, Ezequiel ya venía del mundo gastronómico: había trabajado en panaderías, pizzerías, como delivery e incluso en un hotel. Pero fue hace unos tres años y medio cuando entró a una pizzería napolitana que recién arrancaba en Plottier y tuvo la chance de aprender el oficio desde adentro.

“Yo nunca había entrado en fondo en lo que era la pizza”, recuerda. Durante tres años se formó con sus primeros maestros, en un ida y vuelta constante: “Yo aprendía de ellos, ellos aprendían de mí”.

Con el tiempo, sintió que su crecimiento en ese lugar había llegado a un techo. “Sentí que me estaba como apagando un poco”, cuenta. La decisión de irse no fue fácil, pero en noviembre de 2025 dejó la pizzería y empezó a construir lo propio desde su casa, prácticamente desde cero.

Dos fuentes y mucha incertidumbre

Los comienzos fueron duros. Ezequiel arrancó con un par de fuentes prestadas —una de su mamá y otra de un amigo— y haciendo apenas tres o cuatro pizzas. Incluso usaba queso cremoso mientras aprendía a dominar un estilo muy distinto al que había trabajado durante años.

Sin sueldo fijo, cada día dependía de sus propias horas y de lo que pudiera vender. Un día recibía el mensaje de alguien nuevo que le decía que su pizza estaba rica; al siguiente, algo no salía como esperaba. “Los primeros meses fueron caóticos, era prueba y error”, resume.

De a poco la producción creció. Al principio trabajaba con medio kilo de queso y hacía un par de pizzas por semana. Hoy llega a usar entre ocho y diez kilos de muzzarella por día.

“Esta pizza tiene que ganar”

Después de su primera competencia, Ezequiel se animó a más. En 2026 compitió en el Mundial de la Pizza y la Empanada, en La Rural de Buenos Aires, frente a pizzeros de distintos países. Llegar no fue sencillo: hizo rifas, pidió ayuda y se apoyó en sus compañeros para cubrir los gastos de inscripción, traslado y alojamiento.

“Voy a ir a hacerlo allá frente a miles de personas, pero ¿cómo lo hago en mi casa? Con mi esencia, con mi carisma, con mi actitud, con mi buena onda”, se dijo para calmar los nervios. Cuando presentó su pizza, lo tuvo claro: “Esta pizza tiene que ganar. Tiene que ganar”.

El momento en que escuchó su nombre

Un año antes había mirado el podio desde abajo y se había prometido llegar algún día. Cuando anunciaron el segundo puesto, quedó paralizado. “¿Vos estás segura que soy yo?”, le preguntó a la persona a cargo. Subió al podio todavía sin poder procesarlo.

“Uno sabe de lo que es capaz, pero al momento de la recompensa uno dice: ‘No puedo creer que todo lo que has hecho ha valido la pena’”, confiesa. “Fue la gloria haber subido a ese podio”, asegura.

Distinta al resto

Para Ezequiel, el secreto no está solo en la técnica sino en la identidad. Trabaja con un prefermento y apuesta por una masa alta, esponjosa y suave. “No quiero hacer una pizza normal como la que hacen todos”, explica. Cuida cada detalle, desde la distribución del queso hasta cómo llega el producto a la casa del cliente.

“Yo trato de que en cada pizza tenga mi pedacito de amor, mi pedacito de cariño”, cuenta. Y valora especialmente que alguien elija gastar su dinero en su producto: “Es muy importante para mí que la gente invierta en mí porque hoy en día es difícil para todos el tema de la plata”.

Un podio que llevó a nuevos sueños

El segundo puesto no cambió su objetivo, lo agrandó. Ezequiel sueña con tener su propia pizzería, un espacio al que la gente pueda ir a buscar su pizza. Pero su ambición va más allá: “Yo quiero tener 25 locales, quiero llenar Argentina de locales”, dice con la misma seguridad con la que llegó al campeonato.

Mientras tanto, sigue trabajando y ya se prepara para competir en el Sudamericano que se realizará en Buenos Aires a finales de este mes. “Por más profesional que yo intente sonar o mostrarme, sigo aprendiendo y puedo mejorar aún muchísimo más”, reconoce. “Nunca sabes si el siguiente paso es el que te puede llevar a la gloria”, concluye.

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